Mis lágrimas no miras, la lluvia las confunde

Palarba: Lejos

Mi madre… la extraño, la extraño tanto como si se hubiera ido físicamente hace algunos años. Extraño sus temas de conversación interesantes, su chistosa forma de ver la vida y por su puesto las interminables tardes de lectura en la ventana de la sala.

La extraño como se extraña a una madre perdida, desaparecida. Todos los días espero que regrese, que encuentre el camino y venga a mi encuentro siendo la misma, siendo mejor. Siendo mi madre.

Cuando la vida de una madre se termina y deja el vacío en la vida de los hijos hay un lugar dónde visitar su helado cuerpo, vienen las tardes lluviosas y soleadas de visitas, rezos y flores. Pero cuando una madre no deja un cuerpo sino que lo lleva consigo en su naufragio, solo queda en la vida de los hijos un dolor y una angustia por encontrarla y llevarla a casa, tomarla de la mano y decirle que todo está bien, que todo vuelve a la normalidad, a la felicidad.

Cada día la veo más pequeña en el horizonte, más inquieta y desorientada. Más vulnerable y yo la extraño aquí en el mundo, en mi vida… Y la lloro y la amo.

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