Verde que me quiero verde

Edimburgo, Escocia (2015)
Palarba: Verde
Verde que me quiero verde

Antier sumé un pequeño éxito maravilloso, disfruté la emoción de verlo realizado, compartirlo y sonreírle a un trabajo que me hace sentir orgulloso; es decir, por un par de momentos fui un adulto feliz, satisfecho y a quien le salen las cosas bien.

Sin embargo, siempre vuelvo al miedo y al deseo inútil de volver.

“Grandes estrellas de escarcha”

Federico declama en mi cabeza con la pequeña modificación que rebota en los recovecos entre mis inseguridades.

Me quiero verde como Peter Pan, como la ropa de Peter Pan; verde como las guayabas que aún no están listas y se alimentan tranquilas, esperando con emoción el momento en que — por primera vez — se les sonrojen las mejillas.

Verde que me quiero verde

Mi vida adulta forma una línea de tiempo de decisiones excelentes y pésimas, de grandes golpes de suerte y algunos roces de maldad. Es una línea del color de la duda.

“Verde carne, pelo verde”

Aún así, la línea avanza, no le importan mis poetas favoritos, muertos ya. La línea ya olvidó el color verde y avanza, cada vez más rápido, alejándose sin tregua de los recuerdos más verdecitos, añejándolos.

Verde que me quiero verde.

Y aquí voy, agarrándome fuerte y tratando de distinguir los nuevos colores. A veces me pongo de pie, tengo buen equilibrio y soy un adulto seguro, con planes y éxitos. Pero siempre con la sensación de que me sacaron del color más tranquilo demasiado pronto y la añoranza me causa náuseas.

“Con ojos de fría plata”
Romance Sonámbulo — Fuego Flamenco
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