Julian Assange. (AP Photo/Lefteris Pitarakis)

Conspiraciones heroicas, errores gravísimos

La batalla entre Assange y Clinton puede ser más delicada de lo que pensamos

Hace unos días, Wikileaks y Julian Assange dieron un golpe duro al Partido Demócrata y a Hillary Clinton, su candidata a la presidencia por Estados Unidos. La organización filtró cerca de 20 mil e-mails y 29 mensajes de voz pertenecientes a importantes miembros del partido. Los intercambios evidencian una serie de movimientos para desfavorecer a Bernie Sanders, que también buscaba la candidatura demócrata. Los documentos fueron liberados a pocas horas del inicio de la Convención Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés), la instancia en la que se designa a los candidatos oficiales del partido. La situación viene a poner en tela de juicio la supuesta equidad con la que los mandos demócratas tratan a sus contendientes. Más allá de eso, la filtración revive un conflicto que tiene diversos niveles y varias consecuencias posibles. Entre ellas, destacan tres que merecen atención:

  • Una historia ríspida entre Clinton y Assange, que hoy parece alcanzar un punto delicado;
  • Edward Snowden, cuya crítica a los métodos de Wikileaks nos pone a pensar en las implicaciones de la ética que debería respaldar las filtraciones de información confidencial;
  • Y, por supuesto, el factor Trump.

Lo que ocurrió

Bernie Sanders. (AP Photo/John Minchillo)

El viernes 22 de julio, Wikileaks publicó un cúmulo de 20 mil e-mails que involucraban los nombres de algunos altos funcionarios del Partido Demócrata. El más relevante fue el de Debbie Wasserman Schultz, presidenta del DNC. Lo que muestran los documentos es que se tomaron decisiones conscientes para perjudicar la campaña de Bernie Sanders y favorecer la de Hillary Clinton. Además, el miércoles 27 del mismo mes, los ciberactivistas liberaron 29 mensajes de voz que evidencian que muchos simpatizantes de Clinton llegaron a quejarse abierta y agresivamente de la figura y operación de Sanders al interior del partido. Los simpatizantes de éste están severamente molestos, pues la amistad que Wasserman Schultz sostiene con Clinton aparece como un factor decisivo –y tendencioso– en la forma en que se encauzaron las preferencias de los demócratas. Los métodos en que se sugiere desprestigiar a Sanders, que aparecen en esos e-mails, involucran la compra de periodistas y, además, cuestionar estratégicamente sus creencias religiosas: “igual no hace gran diferencia, pero para Kentucky y Virginia Occidental podemos pedirle a alguien que le pregunte sobre sus creencias. ¿Cree en Dios?… Creo que leí que es ateo. Mis amigos bautistas del sur marcarían la diferencia entre ateos y judíos”, redactó Brad Marshall, director de la Convención Nacional Demócrata, en un e-mail. En uno de los audios filtrados, es posible escuchar la voz de una mujer que dice: “¿por qué el DNC permite a tal basura estar en la plataforma del partido?, no lo entiendo, me están perdiendo.”

La filtración provocó la inmediata salida de Debbie Wasserman Schultz de la presidencia del Comité Nacional Demócrata, dejando con ello una gran carga de incertidumbre entre los miembros de su partido. Por su parte, Julian Assange asegura que posee más información comprometedora del partido y del equipo de Hilary Clinton. Según él, no cesará en sus filtraciones. Ante la negativa de Assange de decir cuáles son sus fuentes, las autoridades estadounidenses han argumentado que ellas están patrocinadas por la inteligencia rusa. Con el pretexto de proteger la información personal de aquellos que han colaborado en la recolección de dichas informaciones, Assange insiste en guardar silencio. No obstante, no ha dejado de acusar la versión de las autoridades como un invento: “para desviar la atención de las pruebas que publicamos sobre el sabotaje a Sanders, el equipo de campaña de Clinton ha inventado el pretexto de que todo es una conspiración y un tema de políticas exteriores.”

Debbie Wasserman Schultz (AP Photo/Mary Altaffer)

Lo anterior, aunque planteado por Assange como el cumplimiento de un compromiso con la verdad, no está desprovisto de un historial de ataques entre el ciberactivista y la candidata demócrata. En efecto, hay antecedentes que vendría bien recordar.

Assange/Clinton: esta vez es personal

Actualmente, Julian Assange vive como refugiado en la embajada ecuatoriana instalada en Londres. Su exilio, iniciado en el verano de 2012, está motivado por una historia que involucra directamente el nombre de Hillary Clinton. Las filtraciones llevadas a cabo por Wikileaks han tenido por objeto, en numerosas ocasiones, los archivos secretos de Estados Unidos. En abril de 2010, por ejemplo, la organización publicó un video que data de julio de 2007. Allí se evidenció la forma en que varios soldados estadounidenses dispararon contra el reportero Namir Noor-Eldeen, de la agencia Reuters, a su asistente y a otros nueve civiles. En julio del mismo año, Wikileaks filtró 92 mil documentos concernientes a las operaciones de la Guerra de Afganistán. Ellos exhibían el número de víctimas civiles provocadas por militares norteamericanos. Tres meses después, la organización de Assange filtró, desde el Pentágono, los Irak War Logs (Documentos de la Guerra de Irak), que señalaban el uso recurrente de la tortura como mecanismo de coerción y, además, el número cabal que el conflicto había dejado: 109 mil 32 personas, de las que 66 mil 81 eran civiles.

(AP Photo/Jerome Delay, File)

La confrontación específica con Clinton proviene del Cablegate, la Filtración de documentos diplomáticos de Estados Unidos. Ocurrió en noviembre de 2010, cuando Wikileaks publicó 251 mil comunicaciones y cables entre el Departamento de Estado y las embajadas estadounidenses del mundo. Dicho departamento era presidido entonces por Clinton. Entre los países involucrados estaban Argentina, Chile, Colombia, Cuba, España, Túnez, Venezuela y México. Muchísimas operaciones secretas fueron reveladas. Para los mandos estadounidenses, esta fue la gota que derramó el vaso. Su reacción dice mucho de cuan incómodos se sintieron ante la filtración: los legisladores gestaron el Acta SHIELD, una reforma al Acta de Espionaje que convirtió en delito federal la publicación de la información clasificada de los departamentos de inteligencia de Estados Unidos. En diciembre de 2010, Assange fue acusado de violación y abuso sexual, cargo que ha negado categóricamente. Sin embargo, el incidente lo obligó a huir a la embajada ecuatoriana en Londres durante el verano de 2012.

Las actuales medidas de Assange contra Clinton podrían verse como una especie de protección ante lo que podría pasar si ella gana la presidencia, es decir, un posible encarcelamiento del activista. Sin embargo, incluso aunque la situación pueda evidenciarse como un caso de persecución política, es preciso estar consciente de que el problema no es tan simple: Julian Assange mismo, en sus últimas filtraciones, se ha ganado la crítica de otras voces valiosas. ¿La razón? Los e-mails filtrados revelan información que pone en peligro a gente inocente.

Assange/Snowden: apedrearse entre amigos

Edward Snowden. (AP Photo/Charles Platiau, Pool)

Las recientes filtraciones de Wikileaks se hicieron sin ningún tipo de cuidado sobre los datos personales de miembros –inocentes– del partido. Así, la publicación dejó al descubierto información como números de tarjeta de crédito, de seguridad social y de pasaporte de algunos de los donadores demócratas, poniéndolos en riesgo de robo de identidad. Numerosos medios de comunicación criticaron la estrategia que Wikileaks llevó a cabo esta vez. Además, otro reconocido nombre del ciberactivismo se manifestó en contra del nulo cuidado que la asociación tuvo. El jueves 28 de julio, Edward Snowden publicó un tweet polémico. Aseguró que la democratización de la información es vital y que el trabajo de Wikileaks es importante en ese sentido. Sin embargo, dijo, es un error publicar dicha información sin un mínimo procesamiento. A lo anterior, Wikileaks respondió desde su cuenta que el oportunismo de Snowden no iba a ayudarle a ganarse el perdón de Clinton. Con ello, la asociación de Assange hizo alusión a la filtración que Snowden realizó en 2013, cuando publicó documentos altamente secretos sobre algunos programas de la NSA.

A diferencia de la relación sostenida por Clinton y Assange, que se distingue por un largo historial de ataques y hostilidades, Wikileaks y Snowden habían colaborado en un punto tan importante como delicado: el viaje que el último tuvo que hacer a Rusia, donde reside actualmente, para refugiarse de la persecución del gobierno estadounidense. Ese traslado, seguramente difícil, lo hizo en compañía de un miembro de Wikileaks. Ello fue un gesto de solidaridad por parte de la asociación.

Es evidente que algo está sucediendo: estamos frente a un circuito de confrontaciones que, por fuera, parecen sostenerse como luchas legítimas: por la transparencia y la verdad, o bien, por la ética en la filtración de información. Sin embargo, el efecto más preocupante de dichos conflictos podría ser la concreción de un sistema que, desde su discurso, aparece como un engranaje autoritario.

Trump

Donald Trump. (AP Photo/Andrew Harnik)

Si las autoridades estadounidenses dijeron que las nuevas filtraciones de Wikileaks fueron obra de la inteligencia rusa, Donald Trump no iba a dejarlo pasar. El ahora candidato oficial por el Partido Republicano se ha distinguido siempre, entre otros rasgos, por no saber actuar con prudencia. Así, dijo a los rusos que, en caso de ser verdaderamente responsables, debían continuar con la filtración de documentos privados de la campaña de Hillary Clinton. Un día después, en entrevista con Brian Kilmeade, dijo que sólo estaba bromeando.

Lo que no es una broma es el discurso con el que ha promovido su campaña presidencial. Trump se ha valido de un discurso xenófobo, misógino y arrogante para ganar, por medio de la emoción y no de la propuesta, a una gran parte de sus potenciales electores. Todos conocemos la agresión que inunda sus discursos: es preciso correr a los inmigrantes del territorio estadounidense, el cambio climático no existe, las mujeres son inferiores. Hoy por hoy, Donald cuenta con una posibilidad real de llegar a la presidencia de uno de los países más poderosos del mundo.

En el marco de lo anterior, el conflicto entre Wikileaks y el Partido Demócrata adquiere una dimensión delicada. Este último ha sufrido una severa división alimentada en buena parte por la filtración de e-mails y mensajes de voz. Algunos de los simpatizantes de Sanders están tan molestos que, según aseguran, no votarán por Clinton cuando sean las elecciones. Inevitablemente, esto se traduce en una ventaja para Donald Trump y, por supuesto, para la concreción política de un discurso de odio. Aquello que parece ser una lucha por la transparencia, o un declarado juego de poder entre Assange y Clinton, puede ser un agente de facilitación para el arribo de un Estado tan poderoso como arbitrario en sus procederes.

Por Armando Navarro.

Hillary Clinton. (AP Photo/Evan Vucci, File)