Hablar de la brutalidad policiaca en Estados Unidos

Protesta en Phoenix contra la brutalidad policiaca. (AP Photo/Ross D. Franklin)

Una vieja y triste historia

La brutalidad policiaca no es algo nuevo para la comunidad negra en Estados Unidos. Cada vez que policías blancos asesinan a un ciudadano negro que están en situaciones de clara desventaja recordamos una parte importante y oscura de la historia norteamericana. La discriminación racial y la lucha de las minorías es parte inseparable de Estados Unidos: desde su economía basada en la esclavitud, pasando por los enfrentamientos en la Guerra de Secesión y hasta la lucha por los derechos civiles en los años 60. Pasa el tiempo, tenemos a un presidente afroamericano y los abusos de poder y autoridad no cesan. Por eso es necesario recordar la historia del racismo y hablar del tema — muchas veces desde el dolor y la rabia — pues las prácticas racistas son un sistema que siguen frenando los derechos civiles de las comunidades afroamericanas, después de los últimos asesinatos y los tiroteos en Dallas parece que hablar de esta dolorosa historia es más importante que nunca.

Narrar desde la herida. Twilight: Los Angeles, 1992.

En 1992, el caso de Rodney King despertó una furia nunca antes vista en la ciudad de Los Ángeles. Los disturbios del 29 de Abril al 4 de Mayo fueron la reacción después de que se absolviera a los policías (blancos) que habían golpeado un taxista afroamericano al que detuvieron después de que manejara alcoholizado y a exceso de velocidad. Un jurado compuesto casi completamente por blancos anglosajones absolvió a los cuatro agentes de policías que aparecían en una grabación golpeando a King. La noticia desató la furia de la ciudadanía… y vino el caos. Así empezó un disturbio racial y étnico, que derivó en más violencia. Violencia contra los negros, blancos, latinos y coreanos. El resultado de esos disturbios fue de 54 muertos, más de 2000 heridos, incendios, saqueos, y pérdidas materiales estimadas en mil millones de dólares.

Rodney King. (AP Photo/Matt Sayles, file)

Después de los disturbios de Los Ángeles, la actriz y escritora Anna Deavere Smith escribió Twilight: Los Angeles, 1992. Una obra/documental compuesta de monólogos conectados directa e indirectamente con los disturbios. Entrevistó a cerca de 300 personas involucradas en los disturbios y los acomodó en 40 personajes. Cambió puntos de vista y juntó distintas perspectivas en uno de los momentos más álgidos en la historia de los derechos civiles de finales del siglo XX. Es una obra que plantea la posibilidad de sentarse para escuchar al otro. Twilight: Los Angeles, 1992 es una obra que articula la rabia, el dolor, la impotencia (de esos muchos que a veces también se llaman todos). Y entonces, mediante el acto de la escritura, Deavere Smith logra hacernos reflexionar y por fin logra nombrar a la tragedia.

Pero narrar no es la inacción. Sentarse a escuchar, como planteo arriba, no es un ejercicio pasivo. Anna Deavere Smith salió para poder escribir sobre la brutalidad y la injusticia. Enfrentó la historia de la gente, expuso al mundo las razones de la ira. Denunciar, escuchar y escribir fueron el mismo ejercicio. ¿No era hora de comunicarle al mundo los discursos de los que se sienten oprimidos y en desventaja?

Back Lives Matter: Dignidad, justicia y respeto

(AP Photo/Ross D. Franklin)

Por otro lado, también hay otras manera de hablar de la injusticia y denunciar el abuso, por ejemplo: la protesta.

Black Lives Matter (BLM) es un movimiento que se enfoca en denunciar la injusticia institucional y la violencia policiaca hacia los ciudadanos afro-estadounidenses. Surgió en 2013 y ha sido un grupo de protesta fundamental en la historia reciente. Escuchan las injusticias, las escriben (en redes, en pancartas) y denuncian.

Después de la muerte de Michael Brown en 2014 en Ferguson, Missouri y de Eric Gamer en Staten Island, Nueva York, los activistas de BLM fueron acusados de inspirar odio hacia la policía. .. pero ¿eran ellos los que inspiraban el odio? ¿o eran los asesinatos abusivos de los policías lo que lo provocaba?

(AP Photo/Jeff Roberson, File)

En el 2015, la policía estadounidense mató a al menos 346 afroamericanos. Más de 1000 personas murieron en operaciones policiacas. Un tercio eran negros, a pesar de que los negros son sólo el 13% de la población.

Si eres negro tienes tres veces más probabilidades de que te mate la policía que si eres blanco. Los policías blancos que matan a los afroamericanos porque son negros están implicados en un sistema que criminaliza por su raza. Un sistema que los ve como ciudadanos agresivos y peligrosos. Los ciudadanos estadounidenses tienen derecho de tener un arma, pero si un policía ve a un ciudadano negro con una, automáticamente, se convierte en un peligro y es susceptible de ser asesinado.

Momento en el que le disparan a Alton Sterling. (CONTENIDO GRÁFICO)

Los miembros de Back Lives Matter se han reunido en estos últimos días para protestar por las muertes a manos de policías de Alton Sterling y Philando Castile, asesinados en Louisiana y Minnesota, respectivamente, a manos de policías blancos. Sterling fue asesinado el miércoles pasado. Un vagabundo le pidió dinero de forma insistente, se desesperó y le mostró su arma, llamaron al 911, llegó la policía y mataron a Sterling. Castile fue asesinado ese mismo día. Un policía lo detuvo porque le fallaba una luz trasera del coche. Castile, para ahorrarse cualquier problema, avisó al policía que tenía un arma y que estaba agachándose por su cartera para mostrar sus permisos (tanto de conducir como del arma). La reacción del policía fue dispararle 5 veces… la muerte de Castile fue grabada por su novia (ella y su pequeña hija estaban en el auto). Al final sólo se escucha al mujer decir: “Oficial, él sólo iba a mostrarle los papeles… no me diga que lo mató por eso”. Stirling y Castile tenían armas (ambas compradas legalmente) y en ningún momento fueron utilizadas. ¿No era un derecho de los estadounidense el poder conseguir un arma legalmente? Si es así ¿por qué el sistema mata a aquellos que la tienen pero son afroestadounidenses?

La violencia que viene después de la violencia

El jueves por la noche, a mitad de una protesta pacífica en Dallas por estos dos últimos casos, se dio un tiroteo. Cinco policías fueron asesinados. Micah Johnson de 25 años fue uno de los agresores. Murió después de que un policía lanzara un robot con explosivos en el lugar donde estaba acorralado. Según informó el jefe policial de Dallas, no pertenecía a ningún grupo organizado y sólo quería “matar policías blancos”. Lo abatieron después de que fallaron en dialogar con él.

¿Se puede criminalizar a la protesta pacífica por la radicalización de algunos individuos? ¿Qué incita más a la violenta: la brutalidad policiaca que acosa a los ciudadanos afroestadounidenses día con día y que termina en impunidad o las personas que se atreven a salir a la calle a denunciar esa violencia?

(AP Photo/LM Otero)

Back Lives Matter pone el dedo en la llaga. No es que las otras vidas no importen. Es que cuando se mira a la historia y a las estadísticas, parece que las vidas de los negros no importan. Después del tiroteo en Dallas, algunos medios han recurrido a un viejo recurso: criminalizar a la protesta negra. El asesino de policías en Dallas era ajeno a Black Lives Matter. Es parte de una cultura de violencia, un síntoma de la brutalidad en la sociedad que se legitima día a día con el sistema que la perpetua.

Cómo no hablar de la brutalidad policiaca: New York Post

El New York Post, tabloide conservador norteamericano, se imprimió el 8 de julio con un encabezado contundente: Guerra Civil: Cuatro policías muertos en una protesta anti-policías. La portada sugiere que quienes protestaban eran responsables de la violencia. Sobra la aclaración, pero hay que explicitarlo: la violencia no es sinónimo de guerra. No hay una guerra interina en EUA y exagerar para comparar lo que sucede con una guerra es, incluso, irresponsable.

Qué fácil se trastocan las causas. Pedir un trato justo o manifestarte por tus derechos nunca es equiparable con iniciar una guerra. Escribir para denunciar la brutalidad es una acción urgente. Enunciar y nombrar para describir el mundo en el que estamos es una forma de actuar.

Si el New York Post tuviera razón y hubiera una guerra, deberíamos hacerle una pregunta: ¿quién la habría iniciado? ¿los manifestantes por la muerte de ciudadanos negros o los policías que los asesinaron?

El discurso de la guerra polariza las opiniones y pone en un bando o en otro a las personas, sin iniciar un diálogo, sin inclinarlos a escuchar la postura de los demás. Pero después de tantos años de historia estadounidense de violencia racial ¿no sería hora de cambiar el discurso y escuchar a los que se sienten oprimidos?

Tal vez es momento de volver a leer Twilight: Los Angeles, 1992.

Por Ximena Rojo.

(AP Photo/LM Otero)