Francisco,

de lo social a lo humano


En un encuentro que tuvo lugar en el estadio León Condou, y en tono apasionado y vehemente el Papa conversó y respondió preguntas de diversos sectores sociales, además compartió ideas claves sobre temas sensibles y delicados que pusieron de manifiesto la faceta de líder del Sumo Pontífice.

Empezó refiriéndose a lo cotidiano, y a cómo los gestos de todos los días tienen un impacto directo y decisivo en nuestra vida de convivencia.

En el ámbito social se refirió sobre todo al diálogo afectuoso y respetuoso como base para las conversaciones que debemos tener. Habló de la escucha resaltando que el otro siempre tiene algo para ofrecernos, de la preocupación genuina y de la construcción de diálogos que hablen de los temas realmente importantes que aún tenemos pendientes como sociedad.

Entre esos pendientes se encuentra sin duda la diversidad, que según Francisco hace parte de la riqueza humana, invitándonos a vivir las diferencias en comunión.

Sobre la pobreza puntualizó que “el pobre no es un objeto para lavar culpas”. Habló además de los peligros de una sociedad que vive en la indiferencia. “Un pueblo que vive en la inercia de la aceptación pasiva es un pueblo muerto”.

En otro momento enfatizó cuestiones políticas entre las que mencionó especialmente a la corrupción como la “gangrena del pueblo” y, al mismo tiempo, sentenció: “no coimeen al réferi”.

Lo que tenemos es un Papa inquieto y preocupado por aquellas cuestiones que más que a naciones y sociedades concretas, atañen a la humanidad.

Te compartimos el discurso del Papa durante el evento

Queridos amigos, buenas tardes:

Me alegra poder estar con ustedes, representantes de la sociedad civil, para compartir esos sueños e ilusiones y problemas. Agradezco a Mons. Adalberto Martínez Flores, Secretario de la Conferencia Episcopal del Paraguay, las palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre de todos. Agradezco a la 6 personas que han hablado. Cada uno presentando un aspecto de su reflexión.

Verlos a todos, cada uno proveniente de un sector, de una organización de esta querida sociedad paraguaya, con sus alegrías, preocupaciones, luchas y búsquedas, me lleva a hacer una acción de gracias a Dios. Parece que Paraguay no está muerto. Gracias. Porque un pueblo que vive, que no mantiene viva sus preocupaciones, un pueblo que vive en la inercia de la aceptación pasiva, es un pueblo muerto. Por el contrario, veo en ustedes la savia de una vida que corre y que quiere germinar. Y Eso siempre Dios lo bendice. Dios siempre está a favor de todo lo que ayude a levantar, mejorar, la vida de sus hijos. Hay cosas que están mal, sí. Hay situaciones injustas, sí. Pero verlos y sentirlos, me ayuda a renovar la esperanza en el Señor que sigue actuando en medio de su gente.

Ustedes vienen desde distintas miradas, situaciones y búsquedas, todos juntos forman la cultura paraguaya. Todos son necesarios en la búsqueda del bien común. «En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas iniquidades y cada vez más las personas son descartables» (Laudato si’ 158) verlos a ustedes aquí es un regalo. Es un regalo porque las personas que en han hablado vi la voluntad por el bien de la patria.

Quiero dar las gracias también a las personas que han formulado las preguntas, ya que en ellas he podido ver, ante todo su compromiso por trabajar unidos y sin descanso por el bien de la Patria.

1. Con relación a la primera pregunta, me ha gustado escuchar en boca de un joven la preocupación por hacer que la sociedad sea un ámbito de fraternidad, de justicia, de paz y dignidad para todos. La juventud es tiempo de grandes ideales. Me viene decir muchas veces que me da tristeza ver un joven jubilado. Qué importante es que ustedes jóvenes -y vaya que hay jóvenes en Paraguay-, vayan intuyendo que la verdadera felicidad pasa por la lucha de un mundo (país) más fraterno. Qué bueno que ustedes jóvenes, vean que felicidad y placer no son sinónimos. Sino que la felicidad exige, el compromiso y la entrega. Son muy valiosos y no son como para andar por la vida como anestesiados. Paraguay tiene abundante población joven y es una gran riqueza.

Por eso, pienso que lo primero que se ha de hacer es evitar que esa fuerza se apague esa luz en sus corazones desaparezca y contrarrestar la creciente mentalidad que considera inútil y absurdo aspirar a cosas que valen la pena. No te metas, eso no se arregla más, esa mentalidad, es considerada como absurda. A jugársela por algo, a jugársela por alguien, esa es la vocación de la juventud. No tengan miedo de dejar todo en la cancha, jueguen limpio, con todo. No tengan miedo de entregar lo mejor de sí. No busquen en arreglo previo para evitar el cansancio la lucha. No coimeen al referí. Eso sí, esa lucha no lo hagan solos. Busquen charlar, aprovechen a escuchar la vida, las historias, los cuentos de sus mayores, de sus abuelos, que hay sabiduría allí.

Pierdan mucho tiempo en escuchar todo lo bueno que tienen para enseñarles. Ellos son los custodios de ese patrimonio espiritual de fe y valores que definen a un pueblo y alumbran su camino. Encuentren también consuelo en la fuerza de la oración, en Jesús. En su presencia cotidiana y constante. Él no defrauda. Jesús invita a través de la memoria de su pueblo, es el secreto para que su corazón, el de ustedes, se mantenga siempre alegre en la búsqueda de fraternidad, de justicia, de paz y dignidad para todos. Que esto puede ser un peligro; sí, sí, yo quiero fraternidad, justicia, paz, pero puede convertirse en un nominalismo, pura palabra, no, la fraternidad, la justicia, la paz y la dignidad, son concretas o sino no sirven, sobre todos los días, se hacen todos los días. Entonces yo te pregunto a vos joven, cómo esos ideales lo amasás día a día, en lo concreto, aunque te equivoques, te corregís y volvés a andar, pero lo concreto.

Yo les confieso que me da un poquito de alergia, o para no decirlo así en términos tan finos, un poquillo de moquillo, el escuchar discursos grandilocuentes con todas estas palabras, y cuando uno conoce a la persona que habla, y dice ¡qué mentiroso que sos!

Por eso palabra sola no sirve, si vos decís una palabra compromete con esa palaba, amasá día a día, sacrifícate por eso, comprometete.

Me gustó la poesía de Carlos Miguel Giménez, que Mons. Adalberto Martínez ha citado. Creo que resume muy bien lo que he querido decirles: «[Sueño] un paraíso sin guerra entre hermanos, rico en hombres sanos de alma y corazón… y un Dios que bendice su nueva ascensión». Sí, es un sueño. Y hay dos garantías, que el sueño se despierte y sea realidad de todos los días, y que Dios sea reconocido como es la garantía de nuestra dignidad nuestra común.

La segunda pregunta se refirió al diálogo como medio para forjar un proyecto de nación que incluya a todos. El diálogo no es fácil. También está el diálogo teatro, es decir, representemos al dialogo, juguemos al dialogo, y después hablamos entre nosotros dos y aquello quedó borrado. El dialogo es sobre la mesa, claro, si vos en el diálogo no decís realmente lo que sentís, lo que pensás, y no te comprometés en que hay que escuchar al otro, y vas ocultando lo que vas pensando vos, el dialogo no sirve, es una pinturita.

También es verdad que el diálogo no es fácil. Hay que superar muchas dificultades, y a veces parece que nosotros nos empecinamos en hacer las cosas más difíciles todavía. Para que haya diálogo, es necesaria una base fundamental: una identidad. Pienso en el diálogo nuestro, el diálogo interreligioso, donde representantes de las diversas religiones hablan, nos reunimos a veces para hablar sobre puntos de vista, pero cada uno habla desde su identidad. Yo soy budista, yo soy evangélico, yo soy ortodoxo, soy católico, cada uno dice, pero su identidad, no negocia su identidad. Para que haya diálogo es necesaria esa base fundamental. Y cuál es la identidad en un país, estamos hablando del diálogo social: el amor a la patria. La patria primero, después mi negocio, la patria primero, esa es la identidad. Entonces yo desde esa identidad voy a dialogar. Si voy a dialogar desde esa identidad, entonces el diálogo no sirve. Además el diálogo presupone, exige buscar esa cultura del encuentro, uno que sabe reconocer que la diversidad no solo es buena, es necesaria. La uniformidad nos anula, nos hace autómatas. La riqueza de la vida está en la diversidad, pero el punto de partida no puede ser voy a dialogar pero aquel está equivocado; no podemos presumir que el otro está equivocado, voy a escuchar qué me dice el otro, qué me enseña el otro, en qué el otro me hace caer en la cuenta de que yo estoy equivocado, y en qué cosa le puedo dar yo al otro, ida y vuelta, ida y vuelta, pero con el corazón abierto.

El diálogo es para el bien común, y el bien común se busca desde nuestras diferencias, dándole posibilidad siempre a nuevas alternativas. Es decir, busca algo nuevo. Siempre cuando hay verdadero dialogo, se termina, permítanme la palabra, la digo noblemente, en un acuerdo nuevo, donde todos nos ponemos de acuerdo en algo; pero en esos puntos que nos pusimos de acuerdo nos comprometemos y lo defendemos para un paso adelante. Esa es la actitud del diálogo. Dialogar no es negociar, negociar es procurar sacar “su propia tajada”, si vas con esa intención es perder tiempo; es buscar el bien común para todos, discutir juntos, pensar una mejor solución para todos.

Muchas veces esta cultura del encuentro se ve envuelta en conflicto. Es decir, vimos un ballet precioso, todo estaba coordinado, y una orquesta que era una maravilla, una sinfonía. Todo estaba perfecto. Pero en el dialogo no siempre es así, no todo es un ballet perfecto, una orquesta coordinada. En el diálogo se da el conflicto, y es lógico y esperable, porque si yo pienso de una manera y vos de otra, se va a crear un conflicto, pero no tenemos que temerlos, no tenemos que ignorar los conflictos, por el contrario somos invitados a asumir el conflicto, si no lo hacemos, y que el otro vaya a su casa con su idea, y yo con la mía, no podemos dialogar, eso significa aceptar, sufrir el conflicto. No le tenemos que temer, o ignorarlo, por el contrario, somos invitados a asumirlo en el conflicto. Esto significa: «Aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en un eslabón de un nuevo proceso» (Evangelii gaudium 227). Vamos a dialogar. Hay conflicto lo asumo. Porque «la unidad es superior al conflicto» (ibíd. 228). Conflicto existe, hay que asumirlo, procurar resolverlo hasta donde se pueda, con mirar a lograr una unidad, que no es uniformidad, sino que es unidad en la diversidad. Una unidad que no rompe las diferencias, sino que las vive en comunión por medio de la solidaridad y la comprensión. Al tratar de entender las razones del otro, su experiencia, sus anhelos, podremos ver que en gran parte son aspiraciones comunes. Esta es la base del encuentro: todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre celestial, y cada uno con su cultura, su lengua, sus tradiciones, tiene mucho que aportar a la comunidad; pero yo estoy dispuesto a recibir esto, si estoy dispuesto a recibir y dialogar, sí, o será perder el tiempo. Las verdaderas culturas nunca están cerradas en sí mismas, si se encierran mueren, sino que están llamadas a encontrarse con otras culturas y crear nuevas realidades.

Cuando estudiamos historia encontramos culturas milenarias, que ya no están más, han muerto por muchas razones, pero una de ellas es haberse cerrado en sí mismas.

Sin este presupuesto esencial, sin esta base de hermandad, será muy difícil arribar al diálogo. Si alguien considera que hay personas, culturas, situaciones de segunda, tercera o de cuarta… algo seguro saldrá mal, porque simplemente carece de lo mínimo que es el reconocimiento de la dignidad del otro. Que no hay personas de primera, de segunda, de cuarta, son de la misma dignidad.

Y esto me da pie para responder a la inquietud manifestada en la tercera pregunta: acoger el clamor de los pobres para construir una sociedad más inclusiva. Es curioso el egoísta se excluye. Nosotros queremos influir. Acuérdense de parábola del hijo prodigo. Ese hijo que le pidió la herencia al padre, se llevó toda la plata, la malgastó y al cabo de un tiempo, cuando lo había perdido todo, le dolía el estómago de hambre, se acordó de su padre, y su padre lo esperaba, como es Dios que siempre nos espera, y cuando lo ve venir lo abraza y hace fiesta. En cambio el otro hijo, el que había estado en la casa, se enoja y se autoexcluye; ‘Yo con esa gente no me junto, yo me porté bien, yo tengo una gran cultura, estudié en tal o tal universidad, tengo esta familia, esta alcurnia, con estos no me meto’. No excluir a nadie pero no autoexcluirse, porque todos necesitamos de todos.

También un aspecto fundamental para promover a los pobres está en el modo en que los vemos. No sirve una mirada ideológica, que los termina usando a los pobres al servicio de otros intereses políticos o personales (cf. Evangelii gaudium 199). Las ideologías terminan mal, no sirven. Las ideologías tienen una relación incompleta o enferma o mala con el pueblo, las ideologías no asumen al pueblo, por eso, fíjense en el siglo pasado, cómo terminaron las ideologías, en dictaduras, siempre. Piensan por el pueblo, no dejan pensar al pueblo. O como decía aquel agudo crítico de la ideología, cuando dice, sí pero esta gente tiene buena voluntad, quiere hacer cosas para el pueblo; sí, sí, todo por el pueblo, pero nada con el pueblo.

Para buscar efectivamente su bien, lo primero es tener una verdadera preocupación por su persona -estoy hablando de los pobres-, valorarlos en su bondad propia. Pero, una valoración real exige estar dispuestos a aprender de los pobres, de ellos. Los pobres tienen mucho que enseñarnos en humanidad, en bondad, en sacrificio, en solidaridad. Los cristianos tenemos además un motivo mayor para amar y servir a los pobres, porque en ellos vemos el rostro y la carne de Cristo, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9). Los pobres son la carne de Cristo. Me gusta preguntarle a alguien. Confieso gente. Ahora no tengo tantas oportunidades para hacerlo como antes, pero me gusta preguntarle a la gente: Usted ayuda a la gente?. Sí, doy limosna. Y dígame, le toca la mano al que da limosna? Son actitudes. Cuando usted da esa limosna, ¿los mira a los ojos o mira para otro lado? Eso es despreciar a los pobres, son los pobres. Pensemos bien, es uno como yo, y si está pasando mal momento, por miles de razones, por las políticas sociales o personales; yo podría estar en ese lugar y podría estar deseando que alguien me ayude. Y además de desear que alguien me ayude, si estoy en ese lugar, tengo el derecho de ser respetado. Respetar al pobre, no usarlo como objeto para lavar nuestras culpas. Aprender de los pobres con las cosas que tienen, con los valores que tienen, y los cristianos tenemos ese motivo que son la carne de Jesús.

Ciertamente, es muy necesario para un país el crecimiento económico y la creación de riqueza, y que esta llegue a todos los ciudadanos sin que nadie quede excluido, eso es necesario. La creación de esta riqueza debe estar siempre en función del bien común, de todos y no de unos pocos.

Y en esto hay que ser bien claros. «La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1–35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro» (Evangelii gaudium 55). Las personas cuya vocación es ayudar al desarrollo económico tienen la tarea de velar para que éste siempre tenga rostro humano. El desarrollo económico tiene que tener rostro humano; No a la economía sin rostro!

En sus manos está la posibilidad de ofrecer un trabajo a muchas personas y dar así una esperanza a tantas familias. Trae el pan a la casa, ofrecer a los hijos un techo, ofrecer salud y educación, son aspectos esenciales de la dignidad humana, y los empresarios, los políticos, los economistas, deben dejarse interpelar por ellos. Les pido que no cedan a un modelo económico idolátrico que necesita sacrificar vidas humanas en el altar del dinero y de la rentabilidad. En la economía, en la empresa, en la política lo primero siempre es la persona y el habitat en donde vive.

Con justa razón, Paraguay es conocido en el mundo por haber sido la tierra donde comenzaron las Reducciones, una de las experiencias de evangelización y organización social más interesantes de la historia. En ellas, el Evangelio fue alma y vida de comunidades donde no había hambre, ni desocupación, ni analfabetismo, ni opresión. Esta experiencia histórica nos enseña que una sociedad más humana también hoy es posible. Ustedes la vivieron en sus raíces; es posible cuando hay amor al hombre, cuando hay amor al hombre, y voluntad de servirlo, es posible crear las condiciones para que todos tengan acceso a los bienes necesarios, sin que nadie sea descartado. Buscar en cada caso las soluciones por el dialogo.

Estoy por terminar lo que tenía escrito, pero no quiero que se me quede nada de lo que me habían preguntado. La cuarta pregunta he respondido con esto de una economía en función de la persona y no en función del dinero. Y hablaba sobre la poca efectividad de seguir ciertos caminos, como el populismo, y parece que no dan efectos, hay tantas teorías, y cómo hacerlo. Creo que con esto que digo de una economía con rostro humano, está la inspiración para responder a esta pregunta.

En la quinta lectura (intervención) creo que la respuesta está a lo largo de lo que dije cuando hablé de la cultura. Hay una cultura ilustrada, es cultura y hay que respetarla, cierto. Hoy, por ejemplo, en una parte del ballet se tocó música de una cultura ilustrada, y bueno, pero hay otra cultura, que es la de los pueblos, de los pueblos originarios, de las diversas etnias, una cultura que me atrevería a llamarla, pero en el buen sentido, una cultura popular; los pueblos tienen su cultura. Es importante el trabajo por la cultura, en el sentido más amplia de la palabra. No es cultura solamente el haber estudiado, gozar del concierto, o leer un libro interesante, sino que también es cultura mil cosas más. Hablaron del tejido del Ñanduti, por ejemplo, eso es cultura, y es cultura nacida en esta tierra, por poner un ejemplo.

Hay dos cosas, que antes de terminar quisiera referirme. Y en esto, como hay políticos aquí presentes, y está el Presidente de la República, lo digo fraternalmente. Alguien me dijo, mire, fulano de tal está secuestrado por el ejército; haga algo. Yo no digo si es verdad, no es verdad, si es justo, no es justo. Pero uno de los métodos que tenían las ideologías dictatoriales del siglo pasado, a las que me refería hace un rato, era apartar a la gente, o con el exilio, o la prisión, o en el caso de los campos de exterminio nazis, te apartaban con la muerte. Para que haya una verdadera cultura del pueblo, del bien común; rápido y juicos claros, juicios nítidos, y no sirve otro tipo de cosas; justicia nítida, clara, eso nos va a ayudar a todos. Yo no sé si acá existe eso o no; lo digo con respeto. Me lo dijeron cuando entraba, acá. Que liberen a alguien, no escuché el apellido.

Otra cosa que también quiero decir por honestidad, con respeto, un método que no da libertad a la persona a asumir responsablemente su tarea de construcción de la sociedad, es el chantaje. El chantaje es siempre corrupción. Si vos hacés esto, te vamos a hacer esto, con lo cual te destruimos. La corrupción es la polilla, es la gangrena de un pueblo. Por ejemplo, ningún político puede cumplir su rol, su trabajo si está chantajeado; eso, que se da en todos los pueblos del mundo, si un pueblo quiere mantener su dignidad tiene que desterrarlo. Estoy hablando de algo universal.

Para mí es una gran alegría ver la cantidad y variedad las asociaciones que están comprometidas en la construcción de un Paraguay más próspero, pero si no dialogan no sirve para nada. Y si chantajean no sirve para nada. Esta multitud de grupos y personas son como la sinfonía, cada una con su peculiaridad y riquezas propios, buscando la armonía final, la armonía y eso es lo que cuenta, y no le tengan miedo al conflicto, pero abran el camino al diálogo; amen a su patria, a sus conciudadanos, y sobre todo, amen a los más pobres. Así serán en el mundo de que otro modelo de desarrollo es posible. Estoy convencido con la propia historia de ustedes de que tienen la fuerza más grande que existe: su humanidad, su fe, su amor, ese ser del pueblo paraguayo que lo distingue tan ricamente entre las naciones del mundo.

Pido a la Virgen de Caacupé, nuestra Madre, que los cuide, los proteja, y les aliente en sus esfuerzos.

Que Dios los bendiga y recen por mí. Gracias

AGREGADO DESPEDIDA: Antes irme quiero decir algo. Lo peor que pueden pensar ‘es qué bien lo que le dijo el Papa a ese o a esa’. No, a quién se lo dijo: A mí, a cada uno. Esos pensamientos llegan, a mí también, pero evítenlo.