“En un sentido amplio del término, los síntomas, sean cuáles sean y por extraño que parezca, siempre tienen una intención positiva para quien lo sufre. Su sentido es cumplir diferentes funciones para la persona y, así, por ejemplo, sirven para ayudarnos a evitar ciertas cosas y para protegernos de otras, e incluso buscan obtener lo que uno no se atreve a pedir. El entramado de síntomas tiene múltiples significados, pero su finalidad principal es sernos de utilidad. Porque en última instancia, los síntomas los genera uno mismo, aunque creamos que nos son ajenos y por ello queramos hacerlos desaparecer”.
“Un síntoma siempre tiene un significado, es un indicador luminoso que atrae nuestra atención y nos informa de que algo está sucediendo. Es tan útil como el pilotillo que se enciende en el coche para avisarnos de que hace falta gasolina o aceite. Los síntomas indican una disfunción, la existencia de cierto malestar interior, dolor y sufrimiento. Podría afirmarse que es la voz del alma que se queja, a la que hay que prestar atención y aprender a escuchar”.
Belart, A. (2007) Un viaje hacia el corazón. Barcelona: Ed. Herder
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