“El Sistema no me deja”

Estamos en manos de la Complejidad Artificial, y esta frase es sin duda la que mejor lo resume.

Estoy en la farmacia. Llevo dos hojas de papel en la mano: son dos recetas expedidas por el sistema público de salud.

La dependienta me dice que solo puede servirme uno de los medicamentos, correspondiente al de una de las dos recetas.

— “¿Y por qué no el otro también?”

— “El código de referencia de una receta anula cualquier otro anterior…”

— “Pero es lógico que sean dos recetas: proceden de dos consultas diferentes en días distintos…”

— “Pues deberían aparecer las dos juntas en un único papel con un único código de referencia”

— “Ya, pero esto es lo que tengo, esto es lo que me dieron en la consulta del médico”

— “Lo sé, pero es que… el Sistema no me deja

En ese momento comprendí que no estaba tratando con alguien encargado de custodiar y suministrar medicamentos, si no con una simple operaria, una simple engranaje más de un mecanismo complejo cuyo grado de libertad para servir al público se había reducido a una función simple que muy fácilmente podría ser reemplazada por una máquina.

En ese momento, las personas responsables de ese sistema rígido que me impedía adquirir las medicinas no estaba obviamente en ningún puesto localizable y accesible al público para atenderle. De hecho, si intentásemos trazar a una persona responsable de ese desaguisado, probablemente fracasaríamos y quedaríamos perdidos en un laberinto líquido de responsabilidades difusas.

Solo queda una salida: que quien padece los efectos nocivos de ese Sistema sea paradójicamente quien haga el esfuerzo resolverlo. En este caso, el paciente ha de regresar al consultorio a solicitar al médico que vuelva a consultar en su pantalla al “Sistema”, cual oráculo de Delfos, y consiga por fin un papel válido para poder obtener el medicamento.

Y éste es solo un ejemplo más. En la experiencia cotidiana de interacción con los diferentes servicios públicos o privados de los que dependemos, se ha desterrado la humanidad, la empatía y la capacidad resolutiva por eficientes mecanismos infectados de Complejidad Artificial, que nos dejan a menudo abandonados en limbos desangelados, y que llenan de satisfacción a políticos en despachos lejanos e inaccesibles.

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