El Ateo y el Creyente

Image by Ben White

Hace algún tiempo dos hombres estaban parados en la acera y discutían acaloradamente si existía o no un Dios. Justo en ese momento un carro perdió el control y se salió de la carretera, atropellando a los dos hombres y matándolos al instante.

En su camino al Cielo, el creyente le decía al ateo:

- “Ahora verás que sí existe un Dios, y por creer en Él me dejará vivir eternamente en el Cielo. Pero, ay de ti que no creíste.. ¡te quemarás en el infierno!”

El ateo permanecía en silencio, expectante a ver lo que sucedía.

Finalmente se encuentran cara a cara con el Señor, quien los recibía para el juicio final. El primero a ser juzgado fue el creyente, llamado José.

- “José”, dijo Dios.
- “Aquí estoy Señor”, respondió el creyente.
- “¿Durante tu vida, has escuchado mi palabra?”, preguntó Dios.
- “Claro que sí, señor”, respondió el creyente, “siempre estuve atento a tu palabra.”
- “Y si es así”, dijo Dios, “¿Cómo es que nunca hiciste lo que te pedí? ¿Cómo es que mentiste para conseguir un mejor trabajo? ¿Por qué le fuiste infiel a la mujer que proclamaste ante mi como tu legítima esposa? ¿Y cómo es que nunca hubo espacio en tu corazón para la misericordia hacia tus hermanos?”

El creyente permanecía con la mirada al suelo, sin nada que contestar.

Entonces Dios tornó su mirada hacia el ateo, llamado Roberto, y dijo:
- “Roberto”
- “Aquí estoy”, respondió Roberto.
- “Tú has vivido negando mi existencia. Sin embargo, has hecho todo aquello que te mandé hacer. Te has comportado siempre con honestidad y humildad, te has sacrificado desinteresadamente por tus hermanos y siempre has sido leal a tu mujer y a tus hijos. Ven y siéntate a mi lado.”