Que Suerte la Mía

Una de las escenas más impactantes de Benjamin Button es cuando a Daisy la atropellan. Al ver esa escena, lo primero que me vino a la cabeza fue: “que mala suerte la de Daisy” o “que cruel es el destino”.

Pero después de analizar la escena un poco más, llegué a la conclusión que no existe tal cosa como la suerte o el destino. Más bien, vivimos en un mundo con miles de millones de variables interactuando entre si, generando una falta de control a la que denominamos suerte.

Y si la suerte no es más que falta de control, para “mejorar nuestra suerte” debemos empezar a tomar control de las variables que podemos, y estar anuentes a aquellas variables que no podemos controlar.

Por ejemplo, si manejas a una velocidad prudente estás controlando por lo menos una variable: el tiempo que le tomará al carro detenerse una vez aprietas el freno. Si manejas bajo la influencia del alcohol también estás controlando una variable (aunque de forma negativa): el tiempo que te tomará reaccionar. Si manejas bajo la influencia del alcohol y a gran velocidad, estás poniendo las dos variables en tu contra, tanto la velocidad que te va a tomar reaccionar como la velocidad que le va a tomar al carro detenerse.

En resumen, cuando sientas que “tuviste mala suerte” o “el destino te hizo una mala jugada”, ponte a pensar qué variables influyeron en el resultado y cómo hubieses podido anticiparlas (o incluso controlarlas). Tal vez para la próxima tengas mejor suerte.