
Papá, ¿porqué no me escribes?
Sabes bien que yo soy un tipo introvertido. Un tipo que se queda englobado en sus pensamientos hasta que la realidad lo devuelve de un golpetazo al suelo. Algunas veces uno de esos pensamientos es sobre tu nombre. Me pregunto como fue que mi abuelo -tu papá- resolvió llamarte Dante. No sé si fue que te miró cuando naciste y dijo, este hijo mío tiene cara de Dante. O si fue que alguien se lo sugirió. O tal vez -esta es la que me gusta a mí- él recién había leído la Divina Comedia y abrumado como estaba, tuvo el presentimiento de que serías escritor y por eso quiso llamarte como Alighieri. Ese tipo de cuestiones me las pregunto una y otra vez.
A veces me encuentro con preguntas viejas que me causan gracia por haberlas planteado de tan pequeño. Cuando yo era muy niño alguna vez me contaste algo que un profesor tuyo te había enseñado. Siendo tan ingenuo y viéndote tan señor y tan grande, no pude menos que preguntarme ¿cómo habrá escrito mi papá lo que sus profesores le enseñaban si no había tinta?. Te confieso que pasé una parte de mi infancia creyendo que tus cuadernos eran de piedra y se grababan con un cincel y que tus profesores usaban toga al mejor estilo de los sabios griegos. Sí, pensaba que tus profesores tenían que ser tipos como Aristóteles o Socrátes, aunque para entonces no sabía sus nombres.
Otra cuestión que me aborda de vez en cuando y hoy por hoy no deja de causarme gracia es cuando descubrí la cicatriz que llevas en el hombro. Tu explicación fue que se te caía el brazo, lo que ahora comprendo debería ser algo así como una dislocación. En mis años dulces me imaginaba que tu ibas por la calle y te volteabas para descubrir que unos pasos atrás habías dejado el brazo y lo levantabas, le retirabas el polvo y lo encajabas de nuevo. Así, como por arte de magia.
La razón por la que te escribo está ahí, en esa magia. Ahora que han pasado años y que me encuentro girando sobre los desafíos que me asaltan en el día a día me pregunto ¿qué haría mi papá en este caso? ¿cómo lo sorteó mi papá en sus días? Te imaginarás que obligadamente llego a la siguiente pregunta;
¿En qué estaba pensando mi papá cuando decidió traerme al mundo? ¿Lo decidió? ¿En qué se está pensando cuando se quiere tener hijos?
Estos y muchos más son los cuestionamientos que me abordan de vez en cuando, porque cada tanto me elevo y soy muy feliz y todo es posible. Pero siempre hay una sombra que me recuerda que quizá no todo es color de rosa. Así como cuando yo era chico y vos venías a decirme que no había nada ni debajo de la cama ni en el armario. Siento como que a veces necesito que me lo recuerdes. Porque he descubierto -después de haberme dado cuenta de que el ratón Perez ni papá Noel existen- que muchas veces no importa lo que se diga, siempre y cuando se crea en ello. Es como si hubiera una magia que promete que todo estará bien.
Desde que nos separamos, hay muchas tardes en las que echo de menos esa magia que descubrí emana de tu sonrisa.
Yo tengo la firme certeza de que la frase “todo tiempo pasado fue mejor” no tiene rigor histórico. Pero si rigor infantil. Es fácil saber que hoy por hoy la humanidad como un todo ha progresado inmesurablemente. El simple hecho de que estés leyendo estas líneas es casi que un milagro. Pero siempre queda la nostalgia del pasado. Esa nostalgia no radica en la historia per se. Esa nostalgia habita en los recuerdos de la infancia. Porque a diferencia de la historia, la biografía -los acontecimientos en la vida de cada quién- siempre está en un constante proceso de deterioro. Por eso es que se invierten las cosas. La historia avanza cada día. La vida se retrae cada segundo. No deja de sorprenderme que cada recuerdo de mi infancia es dorado; con un brillo indeleble. Ese brillo se origina en la magia que se permeaba en cada poro de las historias que me contabas. ¿Porqué no me cuentas tus historias? Fueron ellas las que dejaron volar mi imaginación por primera vez y quisiera tener más cerca a un muy buen amigo.
Escríbeme; no sólo por mí. Tu papá también te pidió que escribieras.
Tu hijo el expatriado.