Una experiencia en el Cañón del Colca

Perú para viajeros, parte 6 de quiensabecuántas

Desde Arequipa hay una excursión que es casi obligatorio hacer y que vale muchísimo la pena: la visita al Cañón del Colca.

Contratamos la excursión un par de días antes de la fecha, aunque es posible hacerlo incluso el día anterior; hay tantas agencias que realmente es difícil que uno se quede sin lugar. El proceso es azaroso: básicamente todas las agencias hacen el mismo recorrido, pero los precios varían según el ánimo del vendedor.

La excursión es así: se sale no muy temprano (entre las ocho y las nueve de la mañana lo pasan a buscar a uno) y después de una larga travesía para salir de la ciudad el bus o la van (depende de la suerte que toque) para en varios miradores desde donde se pueden apreciar vicuñas, llamas y otras escenas silvestres y pastoriles.

El punto culminante, literalmente, es el Mirador de los Volcanes, que está a 4910 msnm (sí, cuatro mil novecientos diez metros). Gracias al par de días pasados en altura y a las hojas de coca que veníamos mascando sin parar desde la salida, no sufrimos ningún efecto indeseado durante los 15 o 20 minutos que pasamos allí. El día estaba nublado y no se veía realmente mucho de ningún volcán, pero el lugar es impresionante de todas maneras, y resultó aún más especial cuando empezó a caer una levísima aguanieve.

Desde ahí es, por supuesto, cuesta abajo: en media hora el bus baja 1300 metros por un camino encantador, que zigzaguea por las laderas de un valle verde, cultivado en terrazas, hasta el pueblo de Chivay. Comprensiblemente habíamos esperado que Chivay fuese poco más que un parador, uno de esos típicos pueblos-trampa donde las excursiones de esta clase paran para que los turistas sean esquilmados en el único restaurante con el único baño en kilómetros a la redonda. No lo fue, pero no quiero adelantarme.

Aquí debo hablar de dinero otra vez. Para empezar, para visitar la zona hay que pagar un Boleto Turístico. Se puede pagar en Chivay o, creo, en algunos otros pueblos del valle. Cuesta S/40 para los sudamericanos y S/70 para el resto de los extranjeros (para los peruanos sólo S/20). El importe no es menor, pero es comparable a lo que se paga, en Argentina, para entrar a varios de nuestros parques nacionales.

Nos llevaron a uno de varios restaurantes, donde se servía un buffet (tenedor libre) por S/30 (sin incluir la bebida), bastante bueno aunque tirando a frío. En nuestra búsqueda de agencias para contratar, algunas nos habían ofrecido incluir estas comidas más o menos forzadas en el precio, con un descuento, otras no; el precio real y el descuento propuesto variaban más o menos según la cara que uno pusiera y las ganas del vendedor. Dudo que haya un restaurante en Chivay que no pertenezca al Cártel de los Restaurantes Buffet para Turistas.

Después del almuerzo nos llevaron a nuestro hotel. La excursión varía también de precio (ampliamente) según la calidad del hotel que uno desee, pero qué servicios tiene o no tiene el hotel es algo que permanece en el misterio hasta que uno llega verdaderamente allí, ya que (como antes) los precios varían y las precisiones escasean. En los sitios web de las agencias se llega a decir que por el precio más barato el hotel puede no contar siquiera con agua caliente; esto es casi con seguridad mentira. (Nosotros pagamos S/70 por cabeza; el hotel tenía una cama confortable y un baño limpio con agua caliente a rabiar; no había calefacción, pero las frazadas eran como dormir con una alpaca viva sobre el pecho. No puedo quejarme.)

Chivay es bonito: tiene una plaza principal bien puesta, con columnas de piedra tallada, flores, una fuente en el centro, y en sus esquinas unos pedestales con estatuas coloridas de personajes de un baile típico; los pedestales continúan desde allí siguiendo una calle larga. Alrededor de la plaza hay restaurantes, barcitos y otros negocios; un poco más lejos hay un mercado local y venta de artesanías, todo bastante vivo, con gente del lugar haciendo lo suyo y no esperando ni acosando al turista. En los restaurantes de la plaza se puede comer bien y barato.

La excursión sigue temprano a la mañana siguiente. A eso de las siete ya estábamos en Yanque, un pueblo cercano, donde en la plaza obligan a bailar a unos pobres chicos y chicas con trajes típicos para que los vean los turistas. Después pasamos por Maca, otro pueblo más. En ambos lugares nos dieron un poco de tiempo para visitar sus iglesias, que son pintorescas pero (a esta altura) no impresionantes.

Lo bueno de la excursión comienza cuando uno entra al Cañón del Colca en sí. El río Colca va quedando muy abajo y el valle se transforma en una sucesión de terrazas de distintos tonos de verde y amarillo. Nos tocó un día despejado (una suerte); a lo lejos llegábamos a ver el Misti y el Chachani, las montañas de Arequipa. La atracción más vendida del Cañón del Colca son los cóndores, y a ese respecto no quedamos decepcionados, ya que los cóndores aparecieron, puntualmente, en cuanto el sol comenzó a calentar el aire y crear las consabidas corrientes térmicas en las que se remontan. No hay un solo mirador sino todo un gran circuito con varias plataformas para ver el cañón y los cóndores, que puede llevar diez o quince minutos recorrer a buen paso (contando con que uno está alto y tiene que subir y bajar bastante). Los cóndores, cuando aparecían, causaban un pequeño revuelo en los grupos de avistadores, pero el espectáculo del Cañón es por sí solo tan imponente que habría bastado con eso para que la excursión valiese la pena.

Estuvimos una hora en los miradores y luego volvimos a Chivay para almorzar de nuevo. Esta vez nos rehusamos a la trampa y, mientras algunos se quedaban en el restaurante buffet cartelizado, otros nos fuimos varias cuadras caminando hasta la plaza para comer a gusto en otro lugar. La atención se demoró, pero gastamos la mitad y comimos mejor.

La vuelta a Arequipa desde Chivay demora unas cuatro horas; un poco más tardamos nosotros porque a la de por sí congestionada entrada a la ciudad se sumó una grúa inmovilizada antes de un puente demasiado bajo para que pasara (!). Al día siguiente empacamos y nos fuimos para Cusco.

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