Una vida sobre cuatro ruedas

Manolo Manrique y José Vicente Arnau han dedicado su vida a los rallys y sus hijos han decidido seguir sus pasos

Manolo Manrique actualmente compite en pruebas de regularidad / Juan Pellicer

José Vicente Arnau nació en 1949 en Valencia. Empezó a correr en karting a principios de los 70, donde conoció a Manolo Manrique. Este, nacido en 1952 en la localidad valenciana de Alberic, competía en esta disciplina porque vio que dedicarse al mundo de los rallys implicaba desembolsar mucho dinero. Sin embargo, Arnau acabó dedicándose a las subidas de montaña, competición parecida al rally, y su compatriota Manrique volvió a competir en la modalidad con la que empezó. Sus hijos, Saúl Arnau y Manolo Manrique les siguieron los pasos.

La Subida al Revolcat, que ya no se disputa, era una de las pruebas favoritas de José Vicente Arnau

José Vicente Arnau decidió dedicarse a las subidas de montaña porque vio que era necesario emplear menos tiempo que en otras modalidades, no solo en la celebración de la prueba, sino a la hora de entrenar. Su primera competición en subidas fue en 1978. Entre sus pruebas favoritas, destaca la Subida al Revolcat, en Alcoi, prueba que se solía disputar hasta hace unos años, cuando se construyó una autovía que cortó parte del trazado de competición. Además de por la belleza del tramo, le gusta porque en su casa tiene una foto en la que sale su coche como si estuviera volando. No realiza ningún entrenamiento físico, dado que lleva trabajando toda su vida en un taller de coches y considera que con eso ya es suficiente. Tampoco puede entrenar con el monoplaza con el que compite porque no está permitido que estos vehículos circulen por carretera. El coche lo prueban cuando hay alguna competición.

Saúl Arnau ganó el Campeonato de Montaña de la Comunidad Valenciana en su segunda temporada con tan solo 20 años

Su hijo Saúl, nacido también en Valencia, en 1989, decidió seguir los pasos de su padre. Empezó a competir en la misma categoría que José Vicente cuando apenas tenía 19 años. En su segunda temporada en competición ya ganó su primer campeonato de montaña. A pesar de competir contra su padre, asegura que no hay piques entre ellos. Recuerda con especial cariño una Subida que disputó en 2010 en Ibiza en la que quedó segundo por detrás del campeón de España. Al igual que su padre, no realiza ningún entrenamiento físico ni con el coche, pues ambos trabajan en el mismo taller, del que son propietarios.

Manolo Manrique padre decidió competir en subidas de montaña porque suponía un menor esfuerzo físico que las demás modalidades

Manolo Manrique empezó compitiendo en subidas de montaña con un Renault 8 TS, pero tras las pruebas del Coll de Rates, cerca de Denia, y Onil se dio cuenta de que hacía falta mucho dinero para ello. En el karting compitió desde 1975 a 1978. El año siguiente compró un Seat 124 e hizo 5 rallys con este coche, pero vio que para esta disciplina es necesario entrenar, desplazar a otra persona que haga de copiloto, y desplazar un equipo para que ayude en todos los problemas técnicos que puedan surgir. Esto le pareció demasiado. Por los mismos motivos que Arnau, el poco tiempo que se necesita para competir en subidas de montaña, decidió centrarse en esta especialidad. Además, el desgaste físico es mucho menor. Mientras un rally suele constar de entre 250 y 300 kilómetros, las subidas solo son 15. Realizó las subidas con el coche que tenía, el Seat 124 1800. Se dio cuenta de que, como en todas las competiciones, todos querían llegar a ser el mejor y eso no lo podían conseguir con un turismo. Decidió entonces comprarse un fórmula, concretamente el primer monoplaza con motor Seat y chasis Selex ST3. Después obtuvo un Martini MK12 y un Ralt RT30, con el que compitió por última vez en 1995.

Tres años después, decidió volver a los rallys, pero esta vez en la categoría de regularidad, que consiste en tener que seguir unas pautas de velocidad que no se deben superar ni reducir. Compitió con un Seat 600, un Renault 5, y actualmente compite con un Porsche 911.

Uno de los trazados que más recuerda es el de Rally de Macael, en Oula del Río, Almería. Además del trato con las personas, lo que más le llamaba la atención era el trofeo con el que se premiaba al ganador. Normalmente son de metal, pero en aquella prueba las copas eran de mármol. También recuerda con cariño la Subida al Pantano de Arguis, en Huesca. Durante el recorrido, había cinco tramos de túnel en los que los fórmula pasaban totalmente a oscuras, dado que estos vehículos no tienen ningún tipo de iluminación. También le gustan las pruebas que le quedan cerca de casa, dado que se encuentra entre amigos.

Aunque actualmente pueden ir a algún circuito cercano, como pueda ser Cheste o Albacete, a entrenar, cuando empezaba su andadura no lo tenían tan fácil. Debían ir a un polígono o buscar al alguacil del pueblo para que les cortara dos calles. En aquella época los circuitos antes citados todavía no se habían construido. Respecto al entrenamiento físico, cuando competía estaba apuntado a un club para mantener en forma los brazos, y sobre todo el cuello.

Recuerda a su mujer en una foto embarazada de su segundo hijo, Borja, durante la Subida a la Fuente Roja, en Alcoi. Así que desde que estaban en la barriga, ambos olían ya la gasolina. En el caso de Borja, solo ha hecho rallys de regularidad, y ahora se dedica a la mecánica de competición.

Manolo Manrique hijo destaca que la mayoría de los coches con los que ha competido han sido de la marca Renault

Manolo, el primer hijo que tuvo, nació en Gandia en 1977. Cuando era apenas un niño, cuenta su padre que cogía las llaves del coche e iba conduciéndolo por las calles de alrededor. Su primera carrera fue cuando tenía 22 años en la Subida al Coll de Rates. Empezó con un Renault 5 GT Turbo que había preparado con Arnau. Llama la atención que casi todos los coches con los que ha corrido han sido de la marca Renault.

Manolo Manrique, sobre su hijo: “Cuando llegas a la cima, ya no puedes volver atrás”

Cuando llevaba algunos años corriendo, tuvo que retirarse por un tiempo, porque según su padre, “cuando llegas a la cima, ya no puedes volver atrás” y los gastos necesarios eran excesivamente altos. Durante el tiempo que estuvo sin competir, realizó pruebas de regularidad con un Seat 124, un Renault 5 y un Porsche. En 2012 compró un Clio Sport con el que volvió a la competición en el Campeonato de Rallys de la Comunidad Valenciana. Con este coche estuvo hasta el año pasado, cuando adquirió un Renault 5 como con el que empezó su trayectoria, pero más preparado.

Una de las pruebas que más recuerda es la Subida a Utiel en 2003, cuando hizo uno de los mejores tiempos en la modalidad de turismos. Además, ese año consiguió el campeonato de montaña. Respecto al entrenamiento físico, no puede prepararse demasiado, pues tiene una hija a la que quiere dedicar el mayor tiempo posible. Antes sí entrenaba con la bicicleta y en partidos de pádel. Sin embargo, dice que él compite por hobby. Y las pruebas con el coche las realizan en cada prueba, aunque alguna vez han ido a los circuitos.

Los Arnau y los Manrique, dos generaciones dedicadas a las cuatro ruedas que esperan que la tradición familiar continúe, pero sobre todo, lo que más quieren es disfrutar.

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