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El impacto del COVID-19 en la transformación digital en Colombia: ¿se transformaron los negocios o sus colaboradores?

Desde el 2020 se volvió tendencia en el mundo entero un concepto que varios tal vez ya estén cansados de escuchar: “la nueva normalidad”. Y es que, nos guste o no, esta frase llegó para quedarse. Es verdad que la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 nos obligó a todos a cambiar hábitos en diferentes contextos de nuestra cotidianidad, forzándonos a encontrar nuevas formas de trabajar, de interactuar con el mundo y de satisfacer nuestras necesidades.

Pero ¿qué tienen en común todas las actividades que antes parecían tan usuales y que repentinamente cambiaron nuestro día a día? ¡Que todas ellas siguieron siendo posibles gracias al mundo digital!

La forma en que las personas de todos los continentes interactúan con sus seres queridos, compañeros y clientes tuvo que cambiar. Las reuniones presenciales y eventos que iban acompañados de algún tipo de contacto físico migraron a espacios virtuales, que permitían mantener la interacción social, pero ahora a través de una pantalla.

La transformación del comercio

El mundo profesional no salió intacto mientras la vida de las personas se transformaba. Como era de suponerse, el impacto en el comportamiento de la gente o, en otras palabras, de los consumidores, obligaría a las empresas a adaptarse a nuevos modelos de demanda.

Uno de los ejemplos más visibles se pudo notar en la forma en que la nueva exigencia de obtener productos de primera necesidad sin salir de casa empujó a los establecimientos a adaptar sus servicios de comercio electrónico y entrega a domicilio. Lo que antes era simplemente una opción de comodidad para las personas, se había convertido en un hecho forzado en pro de la seguridad mundial. Y, así, lo que para muchas empresas solo era un plan para el futuro, pasó a la primera casilla de la lista de prioridades y avanzó a pasos agigantados para lograr la supervivencia del negocio.

Las empresas que ya estaban digitalizadas también potenciaron sus negocios por medio del comercio electrónico, logrando incrementar sus ventas y aumentar así sus ingresos durante esta coyuntura sanitaria. Según el informe del “Comportamiento del e-commerce en Colombia durante el 2020”, realizado por la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico, entre los meses de abril y julio, las ventas en línea crecieron un 65,7%.

Es así como durante el año pasado, se generó un crecimiento importante de las transacciones realizadas por medio de canales virtuales. Incluso, a pesar de la reapertura gradual de los comercios físicos, la transición hacia la digitalización es irreversible; los hábitos y comportamientos de compra de los consumidores colombianos sencillamente cambiaron.

Así como los anteriores que son a penas ejemplos, es seguro decir que las empresas de todos los sectores se vieron en la necesidad de volcar sus estrategias de negocio y encaminarlas hacia modelos digitales para lograr mantener su posición en el mercado. Cada día, más y más usuarios utilizaban sus dispositivos móviles y computadoras para acceder a productos y servicios debido al cierre obligado de los establecimientos de comercio.

¿Cuáles fueron entonces, los principales retos que está demandando la transformación digital que trajo el COVID-19?:

  • Toma de decisiones a tiempo: se requiere tomar decisiones de cambio, contundentes y a tiempo, conllevando compromisos importantes aún en medio de la incertidumbre de lo que depara la pos-pandemia. Según un artículo realizado por la firma McKinsey Digital, más del 70% de los programas fallan en gran medida por no haber tomado decisiones a tiempo. Entre ellas, la definición de quién liderará los esfuerzos enfocados a la transformación, dónde posicionar la empresa dentro del ecosistema digital, qué hacer para reaccionar rápidamente ante los cambios del mercado y la demanda de los clientes y cuántos fondos designar para esta tarea específica.
  • Disruptores en la transformación digital de las organizaciones: muchas empresas de diversos sectores serán transformadas por disruptores provenientes de una industria distinta a la que están acostumbrados a competir y su vigencia en el mercado dependerá, en gran parte, a cómo respondan y se adapten a ellas. Un ejemplo de ello es el caso del sector bancario y Rappi. Esta última, empezó a aprovechar la data recolectada de todos sus usuarios, para llevar el negocio más allá. Bajo ese contexto lanzó su producto RappiPay, una tarjeta de débito digital que permite a los usuarios hacer diversas transacciones dentro y fuera de la plataforma, alcanzando, según la revista Portafolio, 730.000 clientes y 20 millones de transacciones en el último año, lo cual la llevó a competir directamente con las diferentes entidades bancarias de Colombia. Y es que estas últimas sencillamente no esperaban un competidor tan fuerte proveniente de una industria distinta. Las organizaciones deben estar preparadas para competir con estos disruptores digitales que vienen a revolucionar el mercado.
  • Aprendizaje y cambio: el escenario de cambio ahora es normal y constante. Aprender cosas nuevas amplía la zona de confort para mantenerse vigente en el mercado laboral y, teniendo en cuenta que la transformación digital ha traído consigo cambios inevitables, se ha vuelto una necesidad adaptarse a ella.

Como podemos observar, la aceleración de esta transformación digital ha venido representando retos importantes para las organizaciones, afectando significativamente al comercio y la forma como este debe responder y adaptarse a las nuevas necesidades de sus consumidores en pro de mantenerse vigentes en el mercado. Pero el impacto de estos nuevos retos no llegó solo a los modelos de negocio, sino que también afectó la cultura organizacional en gran manera.

El impacto en la cultura organizacional

Junto a los cambios impulsados por el COVID-19 para las personas en general y para los modelos comerciales, vinieron retos para los que muchas empresas no estaban preparadas. Quienes no tenían implementado el teletrabajo, se vieron repentinamente obligadas a trabajar desde casa y adaptar los nuevos puestos de trabajo de sus colaboradores desde sus hogares.

El factor “confianza” pasó a tener un rol determinante, debido que las organizaciones que no tenían contemplados estos modelos antes de la pandemia tuvieron que adoptar una nueva cultura remota de trabajo rápidamente y enfocarse más en resultados y en el buen manejo del tiempo por parte de sus empleados. Esta transformación en la cultura del trabajo no fue fácil para la mayoría, pero trajo consigo muchas sorpresas positivas, ya que se descubrió el verdadero significado del sentido de pertenencia, responsabilidad y compromiso por parte de los integrantes de las compañías.

Según el estudio “Penetración del Teletrabajo en Empresas Colombianas”, respecto a 122 mil tele-trabajadores que se reportaban en el año 2018, esta cifra ha tenido un crecimiento de más del 400% para el año 2021, lo cual evidencia el cambio de la cultura organizacional de las empresas.

El cambio en los hábitos laborales tradicionales también ha dejado como consecuencia un giro en cuanto a lo que las preferencias de los trabajadores se refieren. Esto lo demuestra un estudio realizado por las firmas Citrix y Onepoll en el año 2021, el cual arrojó como resultado que el 43% de los colombianos manifiestan su deseo de seguir trabajando desde casa o, al menos, bajo una modalidad híbrida. Del mismo modo, el 68% de las compañías encuestadas estarían dispuestas a continuar con dicha modalidad.

Es indiscutible que la pandemia ocasionada en consecuencia al COVID-19 revolucionó la vida de personas, lo que ocasionó un cambio en modelos de negocio, y a su vez, generó una transición en la cultura interna de la mayoría de las empresas. Todo esto, impulsado por la transformación digital. Pero también es cierto que hemos comprobado que la tecnología nos facilita la adaptabilidad a este tipo de procesos disruptivos y así es como se crean importantes oportunidades a considerar. El surgimiento de nuevos negocios, la apertura a nuevos mercados y el cambio en los hábitos de trabajo, son solo algunos ejemplos de nuestra capacidad de adaptarnos a entornos dinámicos. Estos retos que enfrentamos durante la pandemia solo evidenciaron que estamos preparados para un futuro cada vez más digitalizado.

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Daniela Rueda

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