Como el calamar que suelta tinta para ocultarse

“¿Qué opinas de la desconexión de Cataluña?”, le pregunté a una amiga hace unas semanas. La metáfora –tan mecánica, tan despojada de cualquier carga ideológica– me devolvía la imagen de un router o de un familiar en estado vegetativo. “Estoy hasta la polla del tema catalán”, respondía ella, poniendo fin a una conversación que yo había iniciado por razones meramente lingüísticas. En el fragor de su desinterés utilizó la palabra tema, amplia y sencilla, en lugar de las habituales confrontación, problema, cuestión o desafío. Unas horas antes, el Parlament había aprobado una resolución que marca “el inicio del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república”; una longaniza retórica que se eleva como una hidra de ocho cabezas (seis sustantivos y dos adjetivos) y que cumple aquello de que “cuando el ambiente general es malo, el lenguaje sufre”.

En su ensayo Politics and the English Language (1946), George Orwell denunciaba las acrobacias de la prosa política, tan de moda a partir de la Segunda Guerra Mundial: “El gran enemigo del lenguaje es la falta de sinceridad. Cuando hay una brecha entre los objetivos reales y los declarados, se emplean casi instintivamente palabras largas y modismos desgastados, como un calamar que suelta tinta para ocultarse”.

El artículo completo, en Jot Down Smart nº4, El País, enero de 2015.