Teresa Mañé, la “madre de las mujeres libres”

Fue una mujer valiente, una de las primeras libertarias españolas. A sus 23 años, esta periodista -que firmaba como Soledad Gustavo- ya defendía el amor libre y eso ocurría en 1888. Con ella, continuamos la serie #PeriodistasOlvidadas.

Como anarquista no puedo imponer nada a nadie; como persona de sentido común, mucho menos”.

Teresa Mañé (Cubelles-Vilanova i la Geltrú, 1865-Perpiñán, Francia, 1939)


Por CAROLINA PECHARROMAN, @Carolpecha

Érase una vez una mujer oscurecida por el esplendor de su propia hija. Si Federica Montseny i Mañé no hubiera llegado a ser la primera mujer ministra de España, quizás la vida y obra de su madre, Teresa Mañé, nos hubiera llegado en su verdadera dimensión… o no. Teresa Mañé fue una de las primeras anarquistas y feministas de este país, que encontró en la prensa la manera de propagar su pensamiento, de gran solidez ideológica e intelectual. Demasiado para su época.

Artículo sobre las mujeres en “La Revista Blanca”

En 1898 fundó en Madrid la que se considera una de las más importantes publicaciones anarquistas: La Revista Blanca. Ella la dirigía, escribía artículos, traducía otros del inglés y del francés; coordinaba las colaboraciones de personalidades como Giner de los Ríos, Unamuno o Azorín y llevaba la administración y la correspondencia con la ayuda de su hermana y su sobrina. Pero La Revista Blanca no era el final, sino la culminación de su activismo.

Teresa, la hija de los dueños de la Fonda del Jardín, una de las más populares de Vilanova i la Geltrú, apuntaba maneras desde joven. El padre, republicano federal convencido, la animó a convertirse en maestra nacional y le proporcionó los contactos por los que ella empezó a publicar, a los 23 años, sus ideas en la revista Vendaval y luego en La Tramontana, El Productor, La Tronada….

Así era Cubelles, en la época de Teresa Mañé

Y la mujer será lo que debe ser: libre como el hombre, porque como el hombre, es ser racional y producto de la naturaleza; amante compañera del hombre, no esclava”.

Eso escribía entonces la que luego se convirtió en una de las primeras libertarias, dando conferencias aquí y allá en compañía de otros líderes anarquistas. Teresa defendió la igualdad de la mujer, su emancipación de condicionamientos sexuales, el amor libre, la liberación económica a través del trabajo. Como maestra, fundó una de las primeras escuelas laicas de niñas y defendió toda su vida la educación mixta y aconfesional.

“No ha de discutirse capacidad, sino derechos… La mujer sólo pide que se le conceda lo que como ser humano y libre tiene derecho: esto es, que se la reconozca civilmente como el hombre, que se la liberte de la tutela que este ejerce sobre ella y que el código los trate por igual. Lo demás, ya vendrá…

Partidaria de la libre unión de los sexos, encontró a su compañero en Joan Montseny, con quien se casó civilmente en 1891 y que dirigió a su vez otra escuela laica de niños. Con él compartió vida y activismo anarquista.

Joan Montseny, con quien Teresa compartió su vida y sus ideas

Teresa utilizó varios seudónimos, pero el más conocido fue el de Soledad Gustavo. El seudónimo de Montseny era Federico Urales. Firmaban así, era la moda de la época, pero también una cuestión de seguridad. Las relaciones de Joan con encausados en el llamado Proceso de Montjuich lo llevaron a la cárcel y después al destierro a Londres. Allí Teresa coincidió con otra periodista anarquista y feminista, Teresa Claramunt, con la que mantuvo muchos años de amistad.

Teresa Claramunt, amiga y compañera periodista y feminista

Fue tras ese exilio, instalados clandestinamente en Madrid, cuando comenzaron el proyecto de La Revista Blanca y su suplemento, Tierra y Libertad. La revista terminó en 1905, cuando nació Federica. Teresa y Joan procuraron educar a la niña en el campo, en pleno contacto con la naturaleza, en una actitud que más tarde quizás se habría calificado de hippie.

Documental de TVE1 sobre Federica Montseny. Una auténtica joya

La Revista Blanca tuvo una segunda época en Barcelona, entre 1923 y 1936. Entonces la conducían padre e hija, con Teresa como articulista, dedicada además a otras actividades políticas y editoriales. Su prestigio intelectual era enorme. Su anarquismo puro, filosófico, la hizo enfrentarse con la cúpula de la CNT. Sobre los políticos que decían representar a los obreros, escribió:

“La limpieza de tales parásitos es fácil. Ni siquiera es necesario dejar la política; basta con decir: no podrá ser concejal ni diputado obrero el trabajador que no trabaje en un oficio manual, y aquellos que por ser elegidos diputados o concejales dejaran de trabajar, dejarán de ser representantes de los obreros. El remedio es infalible”.

Federica Montseny, en uno de sus mítines

Teresa Mañé perteneció a la Confederació de Mestres Laics de Catalunya; inició campañas de solidaridad con campesinos encarcelados y en defensa de La Escuela Moderna; impulsó las colecciones La Novela Ideal y La Novela Libre; escribió los estudios El amor libre, La sociedad futura, El sindicalismo y la anarquía y Política y Sociología, entre otros.

Sólo el cáncer pudo con ella. Enfermó durante la guerra civil y en 1939 tuvo que exiliarse de nuevo, esta vez a Francia. Murió poco después en un hospital de Perpiñán a los 74 años. Joan y Federica Montseny decían que Teresa era la auténtica cabeza pensante de la familia. Trabajó hasta el final, desde sus ideas, para construir una sociedad más justa e igualitaria. Quizás no sabía lo que aún faltaba para conseguirlo.