BITÁCORA 7

(lunes 3, octubre, 2016)

Para este día se trajo a clase las dudas surgidas respecto a la lectura de la tesis doctoral: “Los síntomas del TDAH, sólo la punta del iceberg. Clínica de lo negativo”. Centrándonos en el capítulo 4 “Fallas en la estructuración psíquica”, específicamente se retomó hasta el subtema 4.3.

Se inicia relatando de manera general el concepto de estructura psíquica, que, como construcción teórica, permite explicar el espacio psíquico desde lo dinámico; entendido a mi parecer, como una constante lucha de fuerzas internas y externas relacionadas a la patología. Desde lo tópico; como instancias y niveles de consciencia. Desde lo económico; lo cual refiere a la energía y nivel de desgaste empleados, es decir, en el proceso primario la energía se encuentra libre de tal forma que la descarga se realizará de un modo más inmediato por atender los requerimientos del ello, pero en el proceso secundario la energía se encuentra ligada por lo cual la descarga sucede más tarde y con mayor control.

La profesora Eva mencionó que existe una relación en cada una de estas categorías (incluyendo también lo genético) las cuales se deben tomar en cuenta para determinar el grado de patología.

Se vuelve fundamental para el psicoanálisis, y en general para la vida de cualquier ser humano, conocer y analizar las experiencias tempranas que conforman el devenir psíquico.

En clase se preguntó: ¿A qué se refiere que “lo prehistórico incide en el psiquismo”?, la profesora respondió que se refiere a todo lo que nos antecede, incluso antes de lo constitucional, lo heredado, también llamados arquetipos.

En relación a lo que menciona Freud (1900, 1914), el aparato psíquico requiere de un largo tiempo para desarrollarse; una de sus principales funciones reside en la regulación y tramitación de la excitación tanto proveniente del interior como del exterior, básicamente porque el cúmulo de excitación es percibido como displacer; en tanto que su supresión se registra como placer. Ante este párrafo la profesora mencionó un hecho cotidiano que lo ejemplifica claramente; envolver a los niños recién nacidos como “tamal” se hace con la intención de evitar la angustia que le causa su propio cuerpo en movimiento, simulando el regreso al vientre materno.

El paso de deseos primarios a secundarios implica un giro en la consumación del deseo, en su expresión a través de los sueños o de otros modos como los síntomas. En clase se dijo que los síntomas satisfacen una necesidad. Creo que el síntoma aparece únicamente como la punta de lo que en el fondo se gesta como verdadero conflicto, es decir, el síntoma actúa como manifestación física del inconsciente expresando una necesidad interna reprimida.

Posteriormente se tocó el tema de la sombra hablada, lo cual refiere a un discurso que antecede al individuo y que lleva consigo una carga de significados para los padres, los cuales son depositados en el niño al momento de nacer o desde su gestación. Cobra mayor relevancia al considerar que a partir de estos primeros pensamientos que se tienen sobre el niño repercutirán en la forma de ser tratado una vez que nazca. La profesora Eva hace la aclaración respecto a la terminología empleada por diferentes autores, lo que se conoce como sombra hablada es el equivalente a lo que Winnicott llama niño imaginario.

La sombra hablada se vuelve un antecedente patógeno en el sentido de que la estructura psíquica en formación que tiene el niño es construida, no desde un deseo amoroso del recién nacido como consolidación de la pareja formadora, sino como un retorno a lo reprimido por la madre en donde no existe una resolución del complejo de Edipo. La identificación proyectiva en el recién nacido funciona para revivir el deseo inconsciente de una relación incestuosa con la madre.

En este sentido el narcisismo del niño, el cual se plantea, es formado ya desde que sus padres imaginan su llegada, pero que es con la madre con quien mantiene una relación más cercana ya que implica una constitución y situación imaginaria desde el embarazo.

Muchas pueden ser las situaciones que faciliten una falla en la investidura fetal, ya sea aspectos propios de la madre o eventos negativos a consecuencia del embarazo, que resulten en el rechazo u odio manifiesto hacia el bebé o en modo contrario, en una extrema preocupación, pero que en ambos casos tiene consecuencias patógenas y en el peor de los sucesos, sienta las bases para el desarrollo de una estructura psicótica.