BITÁCORA 8
Capítulo 4, parte 2: Fallas en la estructuración psíquica.
4.4 Encuentro con el mundo
4.5 Narcisismo y narcisismo negativo
“La importancia de la experiencia del nacimiento: la primera página en la historia de toda persona”.
La llegada de un nuevo niño al mundo es generalmente anhelada, previamente se le han destinado ya recursos tanto fisicos como psiquicos que lo acompañaran e influiran en el resto de su camino. Castoriadis-Aulagnier (1975, citado en Esparza, M.) nos habla de la heterogeneidad en la que se encuentra sumergida la psique del niño, entre los espacios del mundo circundante y la psique de la madre, a partir de la interacción de estas dos, la actividad psíquica del bebé se comienza a forjar, creando su primera representación de sí misma, es decir, que el comienzo de la vida psíquica se da a partir del juego entre el cuerpo sensorial del recién nacido con el espacio psíquico de la madre y del afecto presente en la confluencia de estos dos espacios (Esparza, M.).
Caso A
Mujer de aproximadamente 27 años de edad, ejerce en un despacho como abogada, buena estabilidad económica, vive con los padres, la relación con su pareja rebasa los 5 años cuando ella queda embarazada de forma inesperada, por su parte existe el deseo de interrumpir el embarazo, sin embargo, su pareja y familia la apoyan para que continúe, posterior a que la bebé nace su pareja se deslinda de responsabilidades tanto económicas como afectivas pero el apoyo por parte de sus padres permanece.
Al nacer la bebé no recibe pecho en ningún momento debido a que la madre refiere un extremo dolor al hacerlo por lo que recurre a alimentarla con fórmula. Ya con un año de edad la bebé presenta un retraso en su desarrollo tanto físico como cognitivo, hay poca estimulación por parte de la madre hacia la niña. Los abuelos expresan que perciben a la niña como una pequeña tranquila, sociable, risueña, sin embargo, la madre tiene una postura contraria, dice “ya no soportarla”.
“Sabemos que el niño al nacer es un ser que depende del acomodo de un conjunto de condiciones que, además de asegurar y dar sentido a su existencia, activen la vida psíquica; en este aspecto, la función de los padres es garantizar un entorno donde el niño pueda encontrarse a sí mismo, desarrollarse como persona y descubrir el mundo; de este modo, las bases de una estructura psíquica sana se asientan en la enunciación del amor, lo que implica que su llegada al mundo fue fuente de placer y satisfacción para sus padres” (Esparza, M. 2015)
El caso A, ejemplifica lo contrario de lo previamente dicho, es decir, que el nacimiento del bebé ha sido más bien una fuente de displacer para la madre y el padre. Lo que involucra que el desarrollo de la actividad psíquica del niño se vea alterada. Cuando se habla de actividad psíquica, se refiere a una representación pictográfica que se origina a través de la experiencia del placer producida por el encuentro sensorial (ojos, piel, oído boca) entre la madre y el niño, involucrando tanto lo físico y lo psíquico. El caso A nos muestra un pictograma de rechazo en la psique inicial del niño, un pictograma de “un no deseo de hijo”. Castoriadis-Aulagnier (1975, citado en Esparza, M.) señala que: “el pictograma del rechazo es universal, es la representación que forja lo originario acerca de todo aquello que puede ser fuente de una experiencia de displacer”.
Por otra parte Winnicott (1949, citado en Esparza, M.) nos habla acerca de que el bebé está preparado para la experiencia del nacimiento, de allí que no tenga mayor importancia, sin embargo, puede presentarse el caso del “trauma del desamparo” que ocurre cuando el nacimiento se vuelve traumático, anulando los principios de placer y debilitando la protección antiestímulos que a su vez puede provocar daños permanentes en la estructuración psíquica del niño. Roussillon propone que se trata de un trauma psíquico/psíquico que efectivamente se relaciona con la estructuración psíquica, pero que ocurre antes de que se pueda registrar como una representación psíquica, pues antecede a la integración del yo y por lo tanto no deja huella, sin embargo, su rastro se revela a través de una debilitación que genera síntomas en el orden de lo psicosomático, del narcisismo negativo o de la escisión psicótica (Esparza, M.).
Refencia
Esparza Meza, Eva M. (2015). Los síntomas del TDAH, sólo la punta del iceberg. Clínica de lo negativo. Colegio Internacional de Educación Superior. México, D.F.
