El barrio en el que vivo

Vivo en un barrio pobre, donde las personas sueñan con un mejor porvenir, donde el Uber no entra después de las 10, donde las tortillas palmeadas valen una teja, donde cada 15 metros hay un centro de oración, donde hasta hace pocos años y a no muy lejana distancia Únicas y Momboñombos buceaban en el mar, pero de basura, donde cada 4 años nos visita una figura encorbatada que con un falso verbo coloquial y una sonrisa plástica nos promete el paraíso, donde un rancho se alquila en 100 mil pesos, donde algunos caminan con la mirada perdida repitiendo siempre la misma frase: “flaco una monedita”, donde muchos comen una vez al día, donde hay más zaguates que personas, donde el orden de la naturaleza se altera y las madres entierran a sus hijos. Vivo en un barrio pobre donde el camión de la Coca solo entra con custodio, donde la música no para hasta que no se acabe el guaro, donde las casas se construyen en barrancos, con paredes de lata, pisos de tierra y baños de hueco, barrio donde me han asaltado 2 veces, donde las persecuciones policiales, los incendios provocados y los tiroteos entre clanes alguna vez fueron cosa de todos los días.

Barrio donde las verjas tienen 3 metros de altura, donde los recién nacidos se llaman como el futbolista de moda, donde los más pequeños arrugan la cara cuando se les pregunta si les gusta leer, pues ellos prefieren un balón y soñar a ser como Keylor y como Joel, donde la falta de recursos hace que muchos no conozcan un estadio, un cine, un teatro, donde un joven vendedor de drogas asesinado no es un muerto más, es “una lacra menos”. En mi barrio no vivimos, sobrevivimos.

Empero,

Vivo en un barrio pobre donde las sonrisas son auténticas, donde la gente es humilde y se levanta todos los días con una misión, donde por cada malandro hay 99 personas buenas, donde hay jóvenes optando por un título en medicina, educación, contabilidad, administración, derecho…donde hay esperanza con forma de fundación comunitaria y de recinto deportivo, donde la fila del bus de los que salen a trabajar en las madrugadas es interminable, donde muchos miran para adelante aunque adelante el paisaje pinte desolador, donde el analfabetismo se ha reducido dramaticamente, donde antaño había leprosario y ahora hay un colegio, donde la pelona ya echó pelo y ¡que hermosa que se ve!, un barrio del que muchos quieren salir y olvidarse mientras otros desean entrar y aportar su granito, donde muchas madres también son padres y de esas algunas son jóvenes por fuera pero viejas por dentro, donde tenemos el mural más largo y más bonito del país, donde todos la pulsean, donde a un indigente no se le niega un plato de comida, Barrio de gente trabajadora y honesta.

Vivo en un barrio que, aunque no me define, forma parte de mí, me enseña a comprender mejor mi entorno, a saber quién fui, quien soy y quien pretendo ser.