Todo sobre ‘Los amantes pasajeros’

Y por qué no es una mala película.

Es posible que sea más fácil defender, en términos legales, a Almodóvar de sus implicaciones en los Panama Papers que justificar el gusto genuino que siento por Los amantes pasajeros.

Según Rotten Tomatoes está podrida.

Pero creo que en este caso no se trata de un tomate podrido; es, más bien, un queso roquefort. Me explico, y continúo con la metáfora gastronómica: su repelencia es superficial y las que creo que son sus mejores notas pasan desapercibidas al ojo desatento.

Lo que “huele mal” en Los amantes pasajeros es el exceso de sinsentido en cada una de las historias de los pasajeros que se encuentran en la clase ejecutiva de un vuelo con destino incierto debido a una falla técnica.

Pero, incluso en este nivel superficial, su humor es válido. Antes de que las animaciones en 3D transmitidas por las pantallas que están empotradas en los espaldares de cada asiento remplazaran al esfuerzo de histrionismo hecho por la tripulación, su ritual de indicaciones de seguridad ofrecía material suficiente para una parodia como la hecha por Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo en sus respectivos papeles de Joserra Berasategui, ‘Fajas’ y ‘Ulloa’.

Póster oficial de ‘Los amantes pasajeros’. / El Deseo

Además, en esta película, que transcurre casi en su totalidad dentro de un avión, la aeronave es más que un telón de fondo.

Los aviones han sido históricamente narrados desde lugares comunes tan disímiles como la fobia a volar, la elegancia de la primera clase, el aglutinamiento de la clase turista, el sexo casual en el baño y la dicotomía entre las aeromozas como símbolos sexuales y los pilotos como una figura siempre masculina. Pues bien, en lugar de elegir tan solo una o dos de estas perspectivas, Almodóvar las tomó todas y las mezcló en una sola película. Sería esta la razón de su “sabor complejo”.

La cabina de primera clase del vuelo de la aerolínea ficticia “Península”, con algunos de los personajes principales de ‘Los amantes pasajeros’ a bordo. / El Deseo

Sería necesario hacer una especie de corte transversal para ver cada una de las capas de este avión en el que se transportan los personajes de Los amantes pasajeros, porque todas las historias ocurren al tiempo. Todo se mezcla, como en un coctel.

Un coctel que sabe a nostalgia por los ochenta. En 2013, año en el que se estrenó esta película, una mirada hacia el pasado no revelaba (ni lo hace ahora, en pleno 2017) una sociedad más ingenua que la actual. La liberación sexual, gestada desde los sesenta pero en pleno punto de ebullición 20 años después, parece haber quedado en el olvido, ahora que el pudor y la censura permanecen como regla de la conducta social.

Cecilia Roth en el papel de Norma Boss. / El Deseo

Y para alguien como Almodóvar, que vivió y formó su visión cinematográfica durante los ochenta, vaya que debe resultar nostálgico recordarlos. Si bien la película transcurre en la actualidad, los ochenta sobreviven en Norma Boss (interpretada por Cecilia Roth) — una dominatriz que tiene su propia agencia de escorts — , en el agua de valencia — preparada con “benjamines de champán, zumo de naranja de bote, un chorrito de ginebra, todo eso mezclado con una sobredosis de mescalinas” — que preparan los azafatos para relajar a los pasajeros de la clase ejecutiva, en el tono azul — entre apastelado y neón — que recorre cada detalle del avión y en la coreografía de I’m So Excited, la canción de The Pointer Sisters, que este trío presenta como alternativa de entretenimiento a bordo en esta aeronave en crisis.

Coreografía de ‘I’m so excited’, la alternativa de entretenimiento a bordo de ‘Fajas’, ‘Ulloa’ y Joserra. / Vía YouTube

Y de crisis es de lo que habla esta película, en un segundo nivel. De la crisis económica española, con más precisión. Esa misma que desde 2008 se atribuye a varias causas entre las que la corrupción se cuenta como una de tantas. Es aquí cuando las risas pierden su inocencia y se convierten en ironía. Cuando la ficción y sus metáforas caen como un telón que revela algo que en realidad no es una invención de Almodóvar.

Uno de los problemas del avión es que no tiene una pista disponible para aterrizar. El espacio aéreo en Barajas ha sido bloqueado por una supuesta cumbre de las Naciones Unidas y la alternativa más cercana es el Aeropuerto de La Mancha. Sin embargo, este no se encuentra en funcionamiento debido a que la obra es el resultado de un escándalo financiero, culpa de un hombre de negocios, el señor Más (José Luis Torrijo), que se encuentra a bordo con la intención de huir a México.

Benito Morón (Hugo Silva), el señor Más (José Luis Torrijo) y Álex Acero (Antonio de la Torre) en la cabina de mando. / El Deseo

La ficción está tan cercana a la realidad que una de las locaciones utilizadas para la película es, de hecho, el Aeropuerto de Ciudad Real.

En la actualidad se encuentra en desuso y a menudo se refieren a él como un “fantasma”. Sus pistas vacías y la ausencia de filas de pasajeros hicieron de este un escenario perfecto para la grabación de una película, pero en plena crisis económica es un símbolo de las malas decisiones, políticas y económicas, que sumergieron a España en su condición actual.

Aeropuerto de Ciudad Real, locación real utilizada para la grabación de varias escenas de ‘Los amantes pasajeros’. / El Deseo

Pero las metáforas no se limitan a España. En la cabina de mando los pilotos saben que algo anda mal, la información se filtra a los azafatos de primera clase, encargados de distraer a sus pasajeros con cultura pop mientras que la clase turista (hacinada a más no poder) ni se entera de lo que ocurre pues la han puesto a dormir. Pasa en un avión, pasa por fuera de él.

Como cuando Norma intenta hacer un alegato formal en contra de la aerolínea y al recolectar firmas uno de los pasajeros, el asesino a sueldo ‘Infante’ (José María Yazpik), le dice: “firmo donde quiera pero no creo que sirva de nada”. O cuando el actor Ricardo Galán (Guillermo Toledo), le pregunta para qué quiere su rúbrica y ella responde: “luego se lo explico, firme por favor”. Un par de diálogos que resumen el estado actual de la democracia.

Ricardo Galán (Guillermo Toledo) y Norma Boss (Cecilia Roth) en la escena en la que ells solicita firmas para una hoja de reclamación. / El Deseo

En este vuelo viajan también el género y la sexualidad (misma fila pero diferente asiento). Sin lugar para estereotipos, aquí las azafatas principales son hombres. Y aunque persiste el rol masculino para los pilotos, cada uno de ellos resolverá a lo largo de la película las particularidades de su sexualidad, mientras que los pasajeros de primera clase devienen amantes, cumpliendo con lo enunciado en el título de la película.

‘Piluca’ (Pepa Charro, la cuarta azafata de izquierda a derecha) dudando sobre su afirmación: “yo sé muy bien cuando un hombre busca en mí a la mujer y cuándo busca a la travesti”. / El Deseo