Mapo Bridge in Seul (South Korea) vía Pixabay

El suicidio en el plan de autoprotección.

En 1774, tras la publicación de la novela de Goethe “Las penas del joven Werther”, decenas de jóvenes decidieron poner fin a sus vidas imitando el método definido en la novela: un disparo en la cabeza, sentados frente a un libro abierto en el escritorio. Vestían como el protagonista: chaqueta azul, chaleco amarillo, camisa abierta y pantalones blancos. La incidencia fue tan grande que se llegó a prohibir la publicación del libro en Italia, Alemania y Dinamarca.

Doscientos años después el sociólogo norteamericano Philips definió el efecto de sugestión en la conducta suicida que bautizó como “efecto Werther”. Pero fue en 1986 cuando en Europa se tomó nota a raíz de una oleada de suicidios en el metro de Viena que se inició con el tratamiento sensacionalista de un caso.

Artículos de la época señalaban que el número total de suicidios en Austria durante los meses de crisis del metro no había aumentado significativamente con respecto a los años anteriores. Por tanto, parece que se trata de un “efecto llamada”, es decir, no influye tanto en la decisión como en el modo de llevarla a cabo.

Para los técnicos de seguridad es muy importante prever esta situación. Por eso, incorporamos en los planes de seguridad y autoprotección protocolos que eviten que las instalaciones a proteger se conviertan en un lugar atractivo para este tipo de conductas y, por supuesto, incluimos los correspondientes protocolos de actuación en caso de que finalmente se produzcan. Los efectos de estos actos sobre la imagen, el funcionamiento y, sobre todo, el estado de ánimo y la salud del personal que trabaja en la instalación, son muy dañinos.

Pero, cada vez que implantamos uno de estos protocolos, me queda la sensación de que no hacemos lo suficiente. Ocultar una instalación a los suicidas cumple la función de protegerla pero ¿qué ocurre con ellos? De acuerdo con el criterio del metro de Viena, buscarán otro lugar.

Y el problema es serio. El mal entendido silencio hace que el suicidio no sea contemplado por la sociedad y provoca una infradotación de recursos que empeora más la situación.

Un ejemplo: en los cursos de autoprotección para viajeros a países de riesgo utilizamos los datos de la Fundación Bill y Melinda Gates para responder a una pregunta habitual “¿Cuál es el animal más mortífero para el ser humano?” Para responderla les muestro poco a poco un cartel: el tiburón mata 10 personas al año, el cocodrilo 1.000, el perro 25.000 (este dato siempre genera mucha inquietud y requiere de una larga explicación) y termino con las 475.000 muertes que provoca el ser humano y el más peligroso, el mosquito con sus 725.000 víctimas anuales.

Sin embargo, el dato del ser humano no es correcto. La cifra se refiere a la suma de homicidios y bajas de guerra, pero no tiene en cuenta el acto violento que más víctimas produce: según la OMS, más de 800.000 personas se suicidan cada año. No hay nada sospechoso en la Fundación, simplemente el suicidio no existe, no se toma en consideración ni siquiera en la mayoría de los estudios formales. Otra muestra de la situación bien podría ser este mismo artículo, cuya publicación ha sido rechazada en dos ocasiones.

Pero volvamos a las medidas adoptar en las instalaciones que protegemos. La reacción más habitual para evitar los suicidios en un lugar determinado es poner barreras que impidan cometer el acto en ese lugar. Un buen ejemplo es la Torre Eiffel de París, que en la actualidad está literalmente forrada con rejas y redes anticaídas. En otros lugares donde las barreras no son posibles, como en el bosque de Aokigahara en la falda de Monte Fuji, se colocan carteles disuasorios y voluntarios o personal del parque (como el señor Azusa Hayano, que muestra su trabajo en este video) patrullan por el bosque e intentan disuadir a las personas que encuentran.

Una iniciativa muy llamativa fue la que realizó en 2012 Samsung Life Insurance en el puente Mapo de Seúl, un lugar donde se producían una media de veinte suicidios al año. En lugar de optar por colocar una valla de protección para evitar que los potenciales suicidas se arrojasen por encima de la barandilla, diseñaron un sistema de iluminación que muestra frases optimistas, fotos y mensajes que invitan a los que caminan por el puente a pedir ayuda. También dispusieron puntos telefónicos de atención especializada.

Tras la euforia inicial y después de recibir numerosos premios (o quizá por eso mismo) los datos del año 2013 son confusos, la acción incrementó el efecto llamada y el número de suicidios durante el 2013 fue de 93 y según el “New York Times” en 2014 se ha multiplicado por seis la cifra inicial de veinte suicidios al año.

Personalmente me pregunto si la medida habrá servido de algo, si habrá sido capaz de disuadir o encaminar a un número significativo de personas hacia los recursos sanitarios y el tratamiento adecuado.

La única conclusión posible es que tenemos mucho que aprender y que es necesario un enorme esfuerzo por parte de toda la sociedad para luchar contra este problema. Dada su complejidad, será necesario afrontarlo desde el rigor científico y, probablemente, con una perspectiva multidisciplinar. En este sentido la reciente constitución de la Sociedad Española de Suicidiología merece todo nuestro apoyo y consideración.

Nota del autor

Este artículo se ilustra con la foto de uno de los paneles del puente Mapo. Para mí tiene un significado especial “바람 참 좋다” se traduce por algo parecido a “El viento es bueno”. En nuestra cultura, decirle a alguien que está pensando en saltar desde un puente que sienta el viento, no parece muy adecuado.

Sin embargo, en la cultura asiática el viento se asimila con la idea de la vida. Es algo que no se sabe de dónde viene, ni a dónde va: siente el viento, disfruta de la vida. Lo que me hace pensar que el abismo que a veces crean las diferencias culturales quizá refleja con claridad el problema: necesitamos comprender la conducta suicida y, cuando lo hagamos, seguro que encontramos el camino hacia la vida.

Material de trabajo

Si has llegado hasta aquí, quizá quieras empezar a trabajar. Los siguientes vínculos pueden servirte de ayuda:

  • El equipo del Centro de Salud Mental de la Universidad de Melbourne ha realizado un metaestudio sobre la intervención en lugares con efecto llamada.
  • Ramos Martín publicó un interesante estudio sobre la evolución del número de suicidios en España respecto a variables económicas.
  • Por último, la OMS ofrece recursos a los profesionales con capacidad de actuación. De entre ellos, me gustaría destacar por su importancia el dedicado a los profesionales de la prevención de riesgos laborales; sería estupendo que comenzásemos a implantarlo en los centros de trabajo.

Acerca de Personal Securtiy, S.L.

Consideramos que el plan de autoprotección es una herramienta de mejora de la gestión y que su implantación debe suponer un incremento sobresaliente de la seguridad de personas e instalaciones.

Escríbanos y lo primero que haremos será recomendarle que hable con nuestros clientes y sepa de primera mano cómo ha mejorado su seguridad desde que comenzamos a colaborar con ellos. También puede consultar nuestras colecciones de artículos organizadas por temas (a la izquierda).

team@personalsecurity.es
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