Música y videojuegos: una relación construida en base a la nostalgia

Hay videojuegos declarados clásicos de la cultura pop, que marcaron épocas y se instalaron en la memoria colectiva. Como Pac-Man o Mario Bros. Pero, ¿qué los hace tan atractivos? Una de las razones es su música. Canciones que trascienden edades y escapan al espacio virtual, convirtiéndose en himnos e incluso en piezas de grandes orquestas.

El desarrollo de videojuegos ha ido evolucionando durante los años: la estética, los motores gráficos y los controles han sido importantes. Sin embargo, nada de eso genera nostalgia como las antiguas piezas musicales. Desde los teclados con sonidos de 8-bit hasta orquestas completas dispuestas para ambientar una obra virtual, la musicalización es uno de los pilares más sólido de la industria de los videojuegos.

Por aquello, junto a estos avances y canciones, han aparecido personas que se interesan de igual forma en la música de los videojuegos. Ya sea versionando clásicos, o creando sus propias experiencias musicales dentro de juegos chilenos y extranjeros.

En una pequeña sala de ensayo, ubicada en la avenida 10 de Julio, Jazztick prepara el lanzamiento de su quinto disco de estudio. Maximiliano González, tecladista del grupo, improvisa junto a Milton Jara -saxofonista- la clásica melodía de Mario Bros al terminar una etapa y bajar la bandera de la asta.

Jazztick es una mezcla de jazz/bossa/funk que versiona música de videojuegos, con el motivo de alimentar la nostalgia entre sus seguidores. Y también, de rendir homenaje a lo que consideran una pieza fundamental dentro de cualquier videojuego.

De izquierda a derecha: Sebastián, Maximiliano, Milton, Victor. Imagen cortesía: Jazztick.

Para Maximiliano “la música es el 50% del juego”, cosa que comparte Sebastián Vera, bajista del grupo: “No habría emoción en un juego sin música, te puedes divertir descifrando los puzles del juego, pero la emoción es gracias a los sonidos”. Esa emoción es lo que, para el grupo, queda grabada en las personas, incluso más allá del producto completo.

“La idea es devolver a la gente al estado de cuando eran cabros chicos, y darles un poco de esa felicidad o melancolía que es parte de los recuerdos y también de lo que te ayudó a ser como eres ahora. La gente valora mucho esa sensación de volver al pasado con algo actual”, dice Maximiliano.

Alejandro Alaluf, periodista dedicado a los videojuegos, cree que esta conexión tiene que ver con los efectos que genera la música y también con la creación de una cultura colectiva: “Por un lado tiene que ver con las distintas sensaciones que te provoca el juego, cuando ganas aparece una fanfarria de victoria o cuando te enfrentas a un boss suena una música dramática”.

“Por otro lado, también genera una recordación en la conciencia colectiva, como la música de Mario Bros, que además de entregar esas sensaciones, produce un efecto como la música de Tiburón o Psicosis. Se transforman en piezas de la cultura pop”, explica Alejandro.

Del videojuego al concierto

La industria de la música de videojuegos a nivel mundial ha ido tomando espacios de música tradicional. Grandes orquestas y bandas recorren el mundo presentando las obras más reconocidas del mundo.

Por ejemplo, la reconocida Symphony Of The Goddesses, es una sinfónica que presenta la historia musical de la saga The Legend of Zelda a través de todo el planeta. Incluso se han presentado en Chile en un par de ocasiones, registrando un lleno completo en el Teatro Cariola durante su show el 2017.

Así también, existen festivales que al más puro estilo de Lollapalooza, recorren el mundo presentando diversas bandas y compositores de videojuegos. Es el caso de Video Games Live, experiencia creada por Tommy Tallarico, compositor de música de videojuegos que se hizo famoso gracias al trabajo realizado en Prince of Persia, Tony Hawk’s Pro Skater y Earthworm Jim, entre otros.

Aquí en Chile, este fenómeno está en crecimiento. La ÑoñoParty fue el espacio que reunió a exponentes de la música de videojuegos en Chile. Además de Jazztick, se presentaron Pokérus Project, Ludópatas de la seducción y Francisco Cerda.

Cerda es un reconocido compositor de música de videojuegos en Chile. Tiene a cuestas juegos de repercusión internacional como Jamestown y Gunpoint. Recientemente estrenó junto a la desarrolladora chilena AONE Games, el juego de peleas Omen of Sorrow. La nueva apuesta de AONE Games que está disponible en la plataforma mundial Play Station, de Sony.

De igual forma, se desempeña en diversos shows como un intérprete de chiptune, un estilo musical que mezcla la electrónica con sonidos de 8-bit propios de las consolas retro, como el Game Boy Color o el Commodore 64.

Este estilo lo conoció en el MAGFest el 2011, un encuentro en Estados Unidos que celebra los videojuegos y también, su música. La asistencia el 2018 fue aproximadamente de 22 mil personas, en Maryland. El MAGFest se realiza desde 2002 ininterrumpidamente, y cada año su asistencia supera con creces la anterior.

“En el festival, ellos tenían un micrófono abierto donde escuché todo tipo de cosas. Cosas muy interesantes, como alguien que subió con un Game Boy a hacer música electrónica. La gente se puso a bailar y sonaba a toda raja. Esa imagen nunca se me fue de la cabeza. Después de eso sentí que tenía una misión en el mundo, así que me compré un Game Boy y aprendí a hacer música ahí”, dice Francisco.

Para él, instancias como el MAGFest, o la “ÑoñoParty” son muy sanas e invita a la gente a ser parte de la música de los videojuegos: “Yo siempre supe que había gente que tocaba música de videojuegos acá, pero no los encontraba muy buenos. Hasta que un día vi a los Ludópatas de la seducción en vivo, en la primera ÑoñoParty y fue una cosa impresionante. No podía creerlo, no era una cosa de frikis, aislada, alienada. Era realmente una resignificación de la música de videojuegos”.

Francisco también fue parte del Primer Encuentro Nacional de Ludomusicología realizado en la Universidad de Chile, en noviembre de este año. Un congreso de desarrolladores, músicos y académicos en pos de los videojuegos. En aquella ocasión, ofició de profesor del diplomado de Producción Musical para Videojuegos. Un diplomado inédito en el país.

“El encuentro tuvo una perspectiva analítica y académica de lo que constituye la música dentro de un videojuego. Y de ahí se puede abordar desde varias disciplinas, no solo de lo musical, sino de lo sociológico, de lo histórico. Creo que promueve el estudio teórico de la música de videojuegos, y equipararla al nivel de importancia de otras disciplinas académicas de la musicología”, explica.

Francisco Cerda en Ñoño Party 2018. Cortesía: Francisco Cerda.

Cerda considera que la música en un videojuego es una pieza importante, mas no la fundamental: “Un videojuego sin música, es peor, pero todavía se puede jugar. Sin embargo, hay juegos que se hacen en torno a la música y nadie hará un videojuego en serio sin darle importancia a la parte musical, es innegable el impacto que tiene en la gente”.

Alejandro Alaluf grafica la importancia de la música en los videojuegos de la siguiente forma: “La música de un videojuego puede elevarlo a la categoría de un clásico. Tal como pasa en el mundo del cine. La musicalización es una parte fundamental, no me imagino cambiar la música de Mario Bros o de alguno parecido. Son grandes obras de la cultura pop”.

Jazztick también defiende la importancia de la música en los videojuegos, ya que, gracias a este proyecto han logrado armar una comunidad que apoya la música chilena, especialmente orientada a la cultura geek.

Además, la generación de lazos entre bandas y personas que trabajan dentro de la industria de videojuegos puede llevar a realizar eventos masivos para los fanáticos de videojuegos: “Lo que nosotros buscamos, es en el fondo crecer -no solo musicalmente-, sino que a la par de la comunidad gamer, tanto acá como en Latinoamérica. Llegar al punto que Nintendo quiera hacer un evento acá en Chile”, dice Maximiliano González.

Para Sebastián Vera, las comunidades chilenas de videojuegos solo han ido al alza, pese a la posibilidad de que, al crearse grupos específicos, muchas personas se vean excluidas por sus pares.

Según él, esto se demuestra en el público que disfruta de la música de Jazztick: “El público de nosotros es muy variado, no tiene que ver con ser gamer. Les gusta la música que hacemos, porque es algo que trasciende por sí misma”.

Bit a bit

La música destinada a un videojuego pasa por un proceso mucho más engorroso que la de un disco normal. Francisco explica que primero debe haber una conversación con los desarrolladores para fijar los márgenes de lo que se espera de la ambientación.

Puede ser un pedido en específico o darle libertad al compositor: “Ambas posibilidades son interesantes de explorar. Puede ser muy beneficioso para los dos, si me dicen qué debo hacer, tengo menos riesgo de perder tiempo. El balance también está en imprimirle un sello personal y darle un giro a las referencias que te piden”, dice Francisco Cerda.

Luego, comenzar la composición a través de alguna idea musical que pueda aparecer en el camino. Esa idea se materializa en su mayoría a través del computador, esto debido al poco presupuesto destinado a la música en la industria nacional: “Contratar una orquesta sinfónica o una banda específica es algo que pocas personas pueden hacer, solo las producciones de Hollywood o de los juegos más famosos y destacados”.

“Hoy en día la tecnología permite democratizar un poco el proceso de composición. Existen librerías gigantes de sonidos pregrabados que pueden engañar el oído y puede parecer que está siendo tocado por un músico en el estudio”, explica Cerda

Francisco Cerda en su estudio de grabación.

Tras la realización del demo, se presenta a los desarrolladores y se incorpora la música en el juego. “Van a ocurrir distintas cosas según esté funcionando el juego en cuestión. Puede ser que la música que hayas hecho se repita durante todo el juego, pero algunas veces el juego demanda que la música se comporte de manera adaptativa. Esta es lo que produce que la música en los videojuegos sea tan interesante y se diferencie de la música del cine que es lineal”, dice Francisco.

“Esto significa que tal vez no tengas que componer una canción completa, sino fragmentos de música que irán haciendo transición entre ellos dependiendo de cosas que pasen en el juego”, agrega.

Sin embargo, no es el punto final. Hay una revisión de sí la música se acopla perfectamente con el juego y no necesita ninguna corrección, o de sí es necesario un ajuste en la propuesta musical del compositor respecto al videojuego.

“Las correcciones pueden ir desde cambiar un pedazo de la canción, o una parte de la instrumentación, a hacer un tema nuevo desde cero. Porque simplemente no está encajando con la visión de lo que ellos están proponiendo para su proyecto”, cuenta Francisco.

La retroalimentación entre desarrolladores y músicos permite mejorar piezas que en un principio fueron rechazadas, así lo considera Francisco: “Muchas veces es algo desesperante, pero también es algo enriquecedor. Permite darte cuenta que puedes hacer algo mejor de lo que estás entregando. Es increíble todo el margen que hay para que esto crezca y mejore”. Finalmente, habiendo aprobado todo el proceso anterior, la música ve la luz junto al videojuego.

Quizás dentro de un par de meses, o años, cuando la música de Francisco Cerda sea mundialmente conocida, y a la vez sus jugadores sientan la misma nostalgia que su creador, los grupos como Jazztick tendrán la posibilidad de versionar sus temas.


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