March comes in like a Lion: un retrato del ego humano

Sangatsu no Lion es un slice of life creado por Chika Umino, un manga que paso al animé con una primera temporada con 22 capítulos en 2016 y que sin arriesgarme puedo concebir como una obra de arte.

A través del shogi o ajedrez japonés, este anime también conocido como March comes in like a Lion nos pone de frente a Rei, que perdió a sus padres cuando niño y, aunque fue adoptado, al llegar a los 17 eligió vivir sólo y descomunicado la mayor parte del tiempo de su familia adoptiva, mientras trata de lidiar con las clases y los torneos de shogi.

¿Qué podría tener de interesante una partida de ajedrez japonés?

Siendo sincero, una partida de shogi puede ser lo más aburrido que vas a presenciar en tu vida. Es un juego que por tradición es dirigido hacia niños y ancianos.

Lo que hace la serie es centrarse en las personas que están moviendo las piezas del tablero. Presenciamos el nerviosismo de sus jugadores, la angustia y duda que tienen al saber que esa partida puede ser la última, la decepción absoluta que hay detrás de un movimiento mal ejecutado y finalmente, el momento en que se declara un ganador, mientras que el otro debe desprenderse de su ego y pronunciar las palabras: “He perdido”.

El autodenonimado mejor amigo de Rei, Harunobu Nikaido.

La serie trabaja bajo muchas capas, tenemos estás partidas de shogi que enfrentan a las personas y a sus egos, pero a medida que la serie avanza, nos damos cuenta que esta lucha sanguinaria que se emprende en el tablero, muchas veces es en contra de los mismos personajes.

Sus defectos salen a la luz en cada derrota tanto como victoria, incluso cuando muchos de ellos siguen perdiendo, se levantan y comienza de nuevo.

Algunos porque quieren ser los mejores, otros de testarudos o porque no tienen nada mejor que hacer y en el caso de personajes como Kai Shimada, en la que su arco y construcción me dejo sin palabras, son personajes que juegan shogi esencialmente porque su realidad, decisiones y las relaciones con las personas que ama y lo criaron lo erigieron para emprender ese camino.

Kai Shimada, en la esquina superior izquierda.

Entonces además de situarnos en la relación que tenemos con nuestro ego cuando ganamos algo, también se construye el lado opuesto, los momentos en que la perdida de algo nos destruye. Y podría haberse quedado ahí, haber sido una buena serie y listo.

Pero lo que hace March comes in like a Lion es contarnos como construimos, torcimos y proyectamos nuestra realidad con respecto a la relación que tenemos con nuestro ego y como esas batallas ganadas y perdidas, incluyendo las que se dan afuera del tablero nos determinan como personas.

Y es algo muy humano, que dejamos pasar desapercibido muchas veces y la serie sabe sacarlo a la luz con una eficacia y simpleza absoluta.

¿Sólo son partidas de shogi, una tras otra?

March comes in like a Lion, trata de relatar la vida de un chico de 17 años que destruyo sin saberlo a su familia adoptiva, debido a su habilidad innata por el shogi. Es la historia de un adolescente que se refugia del shogi en la escuela y que finalmente se esconde de todo esto en la soledad de su habitación o dando largas caminatas.

Es a través de las partidas de shogi, que llegamos a él, y vemos a un genio, analítico y frío pero inocente, tanto que sin darse cuenta llega a ser arrogante y arroja sobre él un peso en su vida diaria. Por ende, cuando no está jugando es que conocemos otro rostro del personaje, quizás más ameno pero también adolescente, que acarrea de igual manera una carga hacia su yo como jugador. Y esa es una de las cosas más llamativas de la serie.

Porque no tan sólo lo hace con su personaje principal, sino que lo realiza con la mayoría de los personajes secundarios. De esta manera, los personajes no son usados como un simple botón de acción para que avance la trama y Rei se despabile, también son afectados tanto por las decisiones de Rei, como las propias y evolucionan tanto en conjunto como en paralelo.

Siguiendo, Rei no se compone por dos personas distintas, tanto el que juega como el que no lo hace, es el mismo personaje buscando una familia que le fue arrebatada en dos ocasiones y trata de asimilarlo a través del shogi.

Que parece ser el único motor que tiene para continuar, y por el que ha sido arrastrado a través de muchas tangentes a lo largo de su vida. Por tanto, lo rechaza, lo abraza, lo deja en pausa, lo extraña, vuelve a él como aprendiz, en ocasiones como maestro, tan solo como observador, etc.

El personaje evoluciona de forma tridimensional, transmuta a través de sus capítulos y llega a comprender que es él, y por ende su ego el que debe cambiar. Haciendo que la serie tenga una tonalidad de grises increíble, despojándola de lo bidimensional.

Es así como aparecen entre medio unos desconocidos, la familia Kawamoto, que adoptan a Rei de alguna forma y le otorgan un refugio como nunca pudo tener. La familia Kawamoto, también ha sufrido la perdida de algunos miembros y Rei por su parte les otorga un empuje de vitalidad, una posibilidad para volver a funcionar sin seguir estancada.

Y es increíble que cada miembro de esta familia, incluyendo sus gatos, tengan una repercusión en la historia y logre transmitirnos su importancia haciendo que nos encariñemos con ella a tal nivel que logremos ver porque Rei por mucho que intente no pueda alejarse de ella.

¿Entonces mitad partidas de shogi y mitad existencialismo?

Una de las barreras que marca bien el anime de Sangatsu no Lion, es que aunque sus antagonistas pueden ser odiados y puta que uno los odia, al alejarse de esta construcción plana de sus personajes, logramos entenderlos, nos damos cuenta del porque hacen lo que hacen y que los llevo a ser de esta manera.

También hay ocasiones en que los amigos de Rei pasan a ser adversarios en el tablero y debemos confrontar esta dualidad, que nos tiene con síndrome bipolar apoyando a ambos bandos.

Kyoko koda, hermanastra de Rei, es linda pero la van a odiar, mucho.

A pesar que la serie se construya bajo estas dos facetas, en las que divide al mundo del protagonista entre su vida como jugador de shogi y la realidad que existe en torno a su familia o soledad. La serie también nos provee de un tercer factor y es la proyección de sus personajes.

Sus esperanzas, anhelos y como estos se ven truncados o logran llegar hacia algún puerto. Y aquí es donde todo se desprende matemáticamente. Al ser un slice of life que de alguna manera se agarra de la realidad para dar forma al mundo de Rei y sus amigos/enemigos. Vemos como en ocasiones las “mejores personas” ya sea por una enfermedad u otro factor que escapa de su control, son llevadas hasta el límite y esto realmente nos afecta.

Y es que viéndolo desde una perspectiva fría, el mundo no deja de girar si a una adolescente no le queda bueno un plato de arroz con curry cuando la visita el chico que le gusta, y mucho menos si una persona gana o pierde un torneo de shogi. Pero es nuestro ego, el que si le da importancia a esos sucesos insignificantes, por que al lograrlos nos sentimos mejores personas, más atractivos o deseados, útiles en algo.

Ahí es donde el animé de March comes in like a Lion juega todas sus cartas, al lograr que sintamos que esos sucesos son importantes y que los “buenos personajes” se lo merecen más que los “malos” o que aquellos con los que no tenemos empatía, que tienen que triunfar en sus propósitos porque esto es justo. Pero a veces la vida no lo es.

¿Quién decide que persona se merece más algo que otra? Nuestro ego.


Originally published at Plan9.

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