Plan9 Review: Una Mala Junta para los ojos del estado

Por si aún hay quienes creen que el arte solo es un método de abstracción de la realidad, quizá con este comentario acerca de la película Mala Junta, estrenada el 2017 y dirigida por Claudia Huaiquimilla, puedan cambiar de opinión.

En tan solo 90 minutos de metraje, el film logra retratar tanto el conflicto del estado contra el pueblo Mapuche, como también el problema que ronda alrededor del El Servicio Nacional de Menores (Sename). Dos temas que, en Chile, son realmente catastróficos. Como dijo Villegas en Tolerancia Cero, “el apocalipsis”.

Al comienzo vemos a Tano, el joven santiaguino quien es el protagonista de esta historia. Mientras roba una estación de bencina, justo otros delincuentes realizaban un alunizaje. Solo una situación desafortunada, pero la verdad no es tan así.

Debido a esto, Tano llega al sur, cerca de la ciudad de Valdivia, para vivir con su padre en el campo. El comienzo de un viaje que terminará por cambiar la realidad del niño que, por sus actos y su mala suerte, podría convertirse en un niño Sename. En la mercancía de políticos corruptos.

Por la ambientación, notamos que Tano y su familia es de escasos recursos. En esta historia nos acostumbramos a ver casas de lata y madera. También vemos vino, fuego y marihuana como puntos de unión. Nadie de la familia posee capital cultural.

Con su llegada al sur, el protagonista comienza a ver los hechos que engloban el mal llamado “Conflicto Mapuche” por la televisión, y también en el colegio. Uno de sus compañeros comenta a la rápida que “el niño mapuche seguirá quemando camiones”, pero no estudia ni comprende el problema.

Al contrario, se limita a reprimir a Cheo, un pequeño mapuche introvertido que vive el acoso de los demás. Simplemente se reduce a repetir un discurso que no es suyo. Y, aunque suene casi absurdo, es él quien realiza actos de violencia sobre el Mapuche, y no al revés. Cheo vive en un aislamiento profundo, ya que es la representación gráfica del reprimido.

Huaiquimilla como cineasta, decide mostrar el lado menos violento de los mapuches. Los llamados “actos culturales” son los contextos seleccionados por el área de producción de la cinta.

Momentos interesantes son cuando tanto padre e hijo hacen comentarios sobre el otro. Por un lado, el adulto comenta que su hijo es igual que “todos los cabros”, mientras Tano afirma que “valen callampa todos los viejos culeados”. La totalidad de la sociedad en evidencia.

En un comienzo, esta relación es bastante informal, y el uso de garabatos es constante. Desde el principio, la película está adornada con un gran sentido del humor; una forma de manipular al espectador. El drama que se presenta en su desarrollo llega a ser sorprendente.

En paralelo, el conflicto mapuche no se soluciona a través de la vía pacífica. Incluso el personaje que caracterizaba esta forma de afrontar el tema, es asesinado. El Estado es representado de manera simbólica con tres elementos: la policía, el Sename y la celulosa.

Una imagen moderna que atenta contra quienes se sienten dueños de la tierra, y poseen una cosmovisión diferente. El estado es sinónimo de represión. La película busca retratar el aislamiento en una sociedad completamente capitalista, como es la realidad actual de Chile.

Tano grita en una escena “yo confío en mí no más”. Pero su relación de amistad con Cheo, le entrega las herramientas para ver qué es en verdad, el “Conflicto Mapuche”.

El protagonista posee algo a su favor: es un ser externo que se adentra, de un momento a otro, a un mundo al cual desconocía y no formaba parte. Una ventaja a la hora de alcanzar a ver “la imagen completa”.

Una forma práctica de entregarle a la gente que no vive inmersa en esa realidad, la posibilidad de ver el tema con un prisma diferente. Una de las razones por la cual Mala Junta es una excelente película, la cual aún puede verse en el Centro Arte Alameda.

Otros de los elementos que juegan a favor del film es el apartado técnico y artístico. La fotografía y la paleta de colores, verdes y cafés poco saturados, un montaje tranquilo y escenas muy violentas, ayudan a que el espectador se adentre rápidamente en la historia.

El pasado oculto de Tano, y como éste poco a poco comienza a desenmarañarse, es otro punto alto. Destacar también la incapacidad de la familia de Tano de arrancar de las garras de la represión por parte del estado y de las personas que, de cierta forma, actúan bajo el sentido común de las clases dominantes.

El personaje principal pasa de creer solo en sí mismo, a intentar solucionar algo que le era ajeno, solo porque culturalmente, le empezó a afectar día a día. Sin querer, debía solucionar algo que no consideraba propio, mientras que debía lidiar –para colmo-, la casi inminente llegada al Sename.

Un servicio paupérrimo, en donde más de 1.300 niños han muerto en los últimos 10 años, los cuales son violados y golpeados hasta perder la vida. Un fenómeno que deja en claro las redes políticas de corrupción, y el nulo interés de los grupos de poder de gobernar para las personas.

Un tema tan atroz que tristemente no alcanza a movilizar a los ciudadanos chilenos. El hecho de que sea Piñera quien esté marcando y que sea probablemente el nuevo presidente del país, hace la situación más desgarradora.

Mala Junta demuestra que, para muchos, la vida es una guerra constante. Un modo de vivir bélico contra la sociedad. Si Ximena Dávila le comenta a Humberto Maturana que el dolor y el sufrimiento por los cuales se pide ayuda relacional son siempre de origen cultural, entonces podemos afirmar que lo que hace Huaiquimilla es dejar en claro esto.

No puede ser que en Chile pasen estas cosas, que la Ministra Narváez, la Presidenta Bachelet y todos los demás políticos que forman parte de un lobby inaudito –que de pasada blinda a una Javiera Blanco que debe saber muchas cosas-, le pidan a los medios y a los individuos que no politicemos el tema. ¿Cuál es la definición de política que ellos manejan?

Es un chiste que el Ministro de Justicia, Jaime Campos, comente que “no le corresponde a un ente político, como a la Cámara de Diputados, declarar que en Chile existen violaciones sistemáticas a los derechos humanos de los menores vulnerables (…) esa afirmación puede generar consecuencias jurídicas muy graves o delicadas para nuestro país”. Si uno lo analiza, no son consecuencias negativas para Chile, al contrario. Son para ellos.

Aprende a nadar

El filósofo Albert Camus creía que “tenemos que remendar lo que se ha desgarrado, hacer que la justicia sea imaginable en un mundo tan evidentemente injusto, que la felicidad tenga algún sentido para los pueblos envenenados por la desdicha del siglo. Naturalmente es una tarea sobrehumana. Pero se llama sobrehumanas a las tareas que los hombres tardan mucho tiempo en llevar a cabo: eso es todo”.

Camus es esperanzador. Para algunos, puede que películas como Mala Junta sea un granito de arena a un cambio que más que necesario, es imprescindible. Huaiquimilla se hace cargo de un problema que la afecta debido a sus raíces, y lo hace a través del arte.

Arte político que sí, es divertido. Que gracias a él podemos juntarnos con un amigo una noche e intentar reflexionar, aunque sea cinco minutos, sobre algo que está a un paso de la puerta.

Mala Junta es una película completamente simbólica, y muchas de sus escenas son narradas con cuadros que son una alegoría de lo que sucede de manera empírica. Ver como el árbol cae al final, es un llamado de aviso de que estamos perdiendo.

La película también termina con un Tano con los ojos tristes, porque fue incapaz de ganar en los campos sociales. Había perdido hace años. Unos ojos tristes muy parecidos a los de Ramón Farías cuando comentaba en 24 Horas, que su informe no era ni vago ni tendencioso. Pero es una lástima que Tano no maneje ni siquiera un ápice del capital del diputado PPD.

Después de lo recién expresado, hago la pregunta: ¿El arte solo es algo divertido?


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