Hace unas semanas participé en el Blog “Cooperablog”, el blog de aula de Cooperación al Desarrollo #TSyCD tras planteármelo mi amigo Fernando Cuevas. En su labor de profesor en la universidad, imparte una asignatura de Cooperación al Desarrollo y la dinamiza a través de este blog, que recomiendo que visitéis, con aportaciones propias y externas.

Precisamente en el marco de estas aportaciones externas me propuso escribir un post. Lo cierto es que me dejó total libertad y por eso pensé en hacer una reflexión sobre el Séptimo Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS), relativo a la “Energía asequible y no contaminante”, dado que

los ODS son una serie de objetivos globales que se marcaron los líderes mundiales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos.

Pensaba que la temática podía cuadrar con los objetivos de la asignatura y resultar útil a los alumnos. Afortunadamente, recibí muchos comentarios de los alumnos y, según me consta, al menos les hizo reflexionar. Objetivo logrado ;)

Aunque el texto completo se puede leer en el citado blog, os quiero resumir lo principal también en Medium, porque creo que también os puede hacer reflexionar.

Un % significativo de habitantes no tiene acceso a la electricidad

A Sí es. Más de 300 millones de personas en el mundo, dependen de fuentes como la madera, el carbón o los propios desechos animales para cocinar y calentar su comida.

Photo by Teddy Kelley on Unsplash

Nuestra vida cotidiana depende de servicios energéticos fiables y asequibles para asegurar el acceso y uso de la energía de forma equitativa. Quizás los que tenemos la suerte de vivir en un país que tiene garantizado (salvo excepciones) el acceso a fuentes de energía modernas, no somos del todo conscientes de las oportunidades que ello nos ofrece; nuestras empresas, nuestra movilidad, la agricultura y alimentación, las infraestructuras, la tecnología, dependen de estos servicios energéticos. Por ello debemos ser conscientes de que, quienes no lo tienen, ven limitado su desarrollo económico y humano. La falta de acceso a la energía incrementa la brecha de la desigualdad entre regiones.

Más allá de la falta de acceso a la energía

Efectivamente, además del acceso, afloran nuevos problemas que me hacen pensar en la dificultad de alcanzar las metas propuestas en los ODS. Uno de ellos es la pobreza energética. A lo largo de la última década he ahondado en el conocimiento de este problema y creo que, mientras exista un solo hogar que lo padezca, no habremos alcanzado la meta del ODS. Tampoco en países como el nuestro.

En España ya existe una definición oficial establecida en la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética, pero aunque no conozcas bien el término, seguro que asociarás este problema a aquellas personas o familias que tienen dificultad para pagar o utilizar la energía que necesitan, lo que les está “obligando” a pasar frío en sus propias casas, a retrasarse en el pago de los recibos energéticos o incluso a sufrir cortes de suministro y poner en riesgo su salud. La pobreza en nuestro país, por tanto, está asociada principalmente a un problema de capacidad del pago.

Existe otra perspectiva del problema cuando nos situamos en otros países del mundo, especialmente en los países del sur mundial, donde la pobreza energética es algo aún más primario que un problema de asequibilidad. La pobreza energética existe porque ni siquiera los hogares tienen garantizado el acceso a fuentes de energía modernas como la electricidad, como os mencionaba al inicio del post. En estas regiones del planeta no es que no se pueda asumir su precio, es que ni siquiera se tiene el suministro. En algunos textos se ha dado en denominar como “pobreza energética extrema”. Las soluciones para este problema, por tanto, serán muy diferentes, debido a la desigual situación de partida con la que nos encontramos.

Los ODS deberían alcanzarse en 2030

Siendo palpable el problema de la pobreza energética en diferentes regiones del planeta, bien sea por falta de acceso y/o por un problema de asequibilidad, me planteo si estamos tomando el camino adecuado para llegar a cumplir el ODS 7 en 2030.

El hecho de que en 2016 en nuestro país más de 2,8 millones de personas sufrieran retrasos en el pago de los recibos o que más de 900.000 sufrieran la desconexión forzosa o voluntaria de alguno de sus suministros me hace seguir pensando que, incluso en el contexto de los países desarrollados, estamos lejos de alcanzar las metas propuestas para el ODS 7.

Creo que sólo se podrán cumplir plenamente cuando se garantice el “acceso universal” a energía que sea “asequible”, “fiable” y “moderna”. Sin cualquiera de los adjetivos descritos el ODS 7 se queda cojo, en cualquier parte del planeta.

Hay otro gran reto, el cambio climático

Pero además, no podemos olvidar otra componente; el mayor reto al que nos enfrentamos nuestra generación; el cambio climático. Quizás nuestra generación sea la primera que viva las consecuencias del mismo y la última que pueda evitar que estas sean devastadoras.

Me planteo que, además de alcanzar el objetivo de proporcionar acceso universal a toda la población mundial, deberemos asegurar que esto se consiga con energía limpia, porque de no ser así, lo habremos logrado, pero a costa de ignorar el cambio climático y de hipotecar el futuro de las próximas generaciones.

Photo by Markus Spiske on Unsplash

Precisamente por esto, el ODS habla de energía no contaminante. El mundo incrementará su consumo de energía un 30% en 2040, por lo que las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al consumo de energía mundial tendrán que reducirse drásticamente si queremos cumplir los compromisos climáticos. Tenemos la obligación de evitar que en las regiones del mundo que todavía no tienen acceso a fuentes de energía moderna, caigamos en el mismo error que cometimos los países desarrollados, que no tuvimos como prioridad la sostenibilidad del planeta en el diseño de nuestros modelos energéticos.

Conclusiones

No tendremos el trabajo hecho si ignoramos la amenaza climática o si millones o incluso decenas de millones de personas, en un país como España, se encuentran padeciendo consecuencias asociadas a la pobreza energética por tener problemas para asumir los costes de la energía.

Los mercados libres o regulados deberían evitar que millones de personas en España tengan problemas de asequibilidad con un bien imprescindible como es la energía. De igual modo, los modelos energéticos deberían asegurar la sostenibilidad de la energía que vamos a consumir. Es el doble reto al que creo que nos enfrentamos al hablar del ODS número 7.

La existencia de situaciones de pobreza energética y la fuerte dependencia energética de energías fósiles ponen de manifiesto que, incluso en los países desarrollados como España, estamos aún lejos de garantizar el ODS 7. Sin embargo, tenemos la capacidad de revertir los errores. En las poblaciones en las que no está garantizado el acceso a toda la población, tenemos un reto en el que todos los países se deben implicar: garantizar el acceso cumpliendo todas las premisas que recoge el ODS 7, es decir, sin que exista un sólo caso de pobreza energética y garantizando el futuro de nuestro planeta. Existe la tecnología y el conocimiento suficientes para lograr este reto. Afrontarlo se convierte en una cuestión de voluntad y de valentía de los líderes mundiales. Creo que es posible no dejar pasar esta oportunidad.