Sobre la relación con la DGA: la tibieza no siempre suma (Violeta Barba Borderías)

Cuando llegamos a las Instituciones, y en concreto a las Cortes de Aragón, lo hacíamos sabiendo que el marco de acción sería limitado, pero aun así confiados en que haber irrumpido en el parlamento aragonés como la tercera fuerza política- y menos de un punto por debajo del partido socialista- serviría para marcar la diferencia.

En ese momento, optamos por tomar el mal menor votando a favor de una investidura de Javier Lambán, tras la firma de un Decálogo que recogía diez medidas de sentido común para mejorar la vida de la ciudadanía aragonesa, entre ellas la creación de un Observatorio para comprobar el grado de cumplimiento de las nueve restantes. Observatorio que finalmente se disolvió tras el plazo prefijado tras resultar en lo que ya augurábamos: que las propuestas del gobierno socialista (junto a CHA) se concretan en muchas fotos nuevas y las viejas políticas de siempre, y que la mayor parte de las medidas no se habían cumplido.

Tal vez sea cierto que a este gobierno socialista le podríamos reconocer algunos avances en materia social (que no se habrían materializado sin el empuje y las propuestas de Podemos Aragón) como el Decreto Ley 3/2015 de emergencia social, la devolución con matices a la universalidad de la sanidad aragonesa o el desbloqueo de los pagos en materia de dependencia, pero esto es todo lo bueno que podemos decir de él, porque lo cierto es que sin nuevas políticas económicas la gestión de lo social se acaba convirtiendo en una manera forma de repartir la miseria un poco más justa.

Y lo cierto es que si hay algo que nos ha quedado claro en estos 15 meses es que el Presidente Lambán tiene como finalidad afianzar las mismas políticas económicas que sus predecesores, que sólo benefician a las élites y mantienen la histórica correlación de fuerzas entre clases sociales. Cuando en una decisión se trata de optar entre los intereses de las grandes empresas y los de lo público, es sorprendente como el PSOE se posiciona siempre del lado de los primeros: Nos lo ha venido demostrando en numerosas ocasiones, como con la firma por todo lo alto de los convenios con la misma CEOE mientras ensalzaba la figura de César Alierta como “el aragonés más brillante y que mejores servicios había dado a España”, con la prórroga de los contratos con Motorland más allá de lo que ningún otro gobierno había hecho nunca, la apuesta por el outlet de Pikolin como “centro democratizador de la moda”, la negativa a poner en marcha el Instituto Aragonés de Crédito Oficial para no molestar a los bancos, el espectacular aumento de impuestos a las familias con la finalidad de seguir pagando la estafa del plan de depuración de aguas de Aragón, la parálisis a la hora de poner en marcha impuestos verdaderamente progresivos o la utilización pensada y torticera por parte de su gobierno de las modificaciones presupuestarias para no ejecutar o poner en marcha la mayor parte de las enmiendas introducidas por Podemos en los Presupuestos de Aragón.

Estando así las cosas y si a esto le sumamos el acoso y derribo absoluto al que el partido socialista ha sometido a los ayuntamientos del cambio, y en concreto a Zaragoza en Común, no era de extrañar que el propio presidente del gobierno socialista aragonés, ante la posibilidad de un gobierno estatal progresista con Podemos o apoyar la investidura del partido popular, optara públicamente por defender la segunda opción. Una opción que asegurará la perpetuación de un régimen decadente y en descomposición, que tiene los días contados pero que se aferra con uñas y dientes. Una opción de políticas capitalistas y sistemas sociales injustos, que no mira por los que más sufren sino porque las cifras macroeconómicas y la prima de riesgo se mantengan en “los límites de lo aceptable para no causar sacudidas a los inversores”. Una opción que calma a Bruselas, aunque implique cerrar los presupuestos 5 meses antes de lo previsto y no poder ejecutarlos en función de las necesidades reales de la ciudadanía. Una opción que asegura que no se deroga la LOMCE, ni la Ley Mordaza, ni la reforma laboral, ni el art. 135 de la Constitución, ni se modifica el sistema de financiación autonómico. En definitiva, una opción que permite al Partido Socialista seguir echándole la culpa a Madrid de no poder cumplir en Aragón, a pesar de ser el cooperador necesario para perpetuar las políticas del Partido Popular.

Y en esta coyuntura como Podemos Aragón no podemos permanecer tibios ante el mantenimiento de las políticas continuistas, ejerciendo como hasta ahora eso que hemos denominado “oposición responsable”, cuando está claro que el gobierno del PSOE hace lo posible por descafeinar todo aquello que proponemos responsablemente mientras deja aplicar con mano dura las políticas del IBEX 35. En esta tesitura lo responsable para con nosotros mismos y para con nuestros principios es ejercer la oposición en la que nuestras propuestas políticas sean defendidas y votadas visual y férreamente y en las que las transacciones sean el instrumento para su apoyo y no a la inversa. En la línea de esa visualización y la divulgación ante la sociedad, la información y el debate entre la militancia de Podemos es una pieza fundamental.

Es hora, también, de mejorar la colaboración con los ayuntamientos del cambio, a los que el propio PSOE no deja aprobar políticas verdaderamente progresistas en venganza por haber pasado a una posición subalterna y sin importarles la vida de la ciudadanía aragonesa, dejándole claro al partido socialista que el tiempo de la confianza –traicionada- ha pasado.

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