Líneas estratégicas sobre la organización económica (Pablo Luis Pló)

Para introducir el tema, dos pre anotaciones.

Una: establecer una propuesta de política económica desde posiciones populares (reacciones ante la política económica actual, reivindicación de cambios en todos los ámbitos económicos, etc.), conlleva el peligro de no contentar a nadie. Unos porque consideren que los cambios económicos se han de realizar de la noche a la mañana, otros porque modificarían los contenidos de la propuesta adaptándolos a sus propios intereses.

Dos: la economía de un país occidental, integrado en los circuitos económicos internacionales (bien comercial, productiva o financieramente), no tiene fácil hacer una propuesta económica realizable y que colme las expectativas de la ciudadanía.

No obstante lo anterior, se ha de hacer el esfuerzo de programar y proponer una política económica credible, esperanzadora, social y lo más inclusiva posible de la mayoría de sectores socio económicos.

El principio organizativo fundamental sobre el que se basa el quehacer económico es el de que éste ha de mantener su finalidad en la reproducción humana y social. Luego, por tanto, la sociedad ha de buscar producir, consumir y distribuir la riqueza de acuerdo a unos principios de no explotación (del trabajo, de los recursos, del conocimiento, de la sociedad en su conjunto, etc.), de equidad y de contención productiva o consumo responsable.

La reproducción humana y social no es posible sin atender las voces que desde la economía ecológica, la feminista e incluso desde el movimiento decrecentista, nos vienen alertando sobre nuestro modo erróneo de ser económicos sin tener en cuenta al medio ambiente; de ser parciales, sin tener en cuenta el lado humanista y la amplitud de trabajos que, desde el mundo femenino, se desarrollan sin que se incluyan como quehacer económico; y el decrecentismo nos avisa de que pensamos si es que nuestro concepto de desarrollo económico no tiene límite, que si pensamos que nuestro crecimiento económico es la referencia obligada para pensar que la economía va bien y de que si vemos que nuestro consumo está guiado por el ansia de posesión.

La idea ha de ser que si han de darse unas condiciones de no explotación, de equidad y de contención productiva, necesariamente hemos de estar hablando de una democracia económica en la que se concrete la asunción de la responsabilidad personal y social, el diseño colectivo de nuestras necesidades y la distribución adecuada de la riqueza que todos generamos.

Hay otro factor que puede condicionar el desarrollo de una democracia económica: nuestra cultura económica. Si pretendemos cambiar de modelo económico es preciso también cambiar las condiciones en que se desarrolle el nuevo modelo. Si seguimos aplicando los mismos criterios y valores por los que nos regimos dentro del actual panorama económico, sin duda terminaremos sucumbiendo nuevamente al actual sistema. Básicamente porque nosotros, cada uno de los ciudadanos, somos quienes producimos, consumimos y distribuimos la riqueza que generamos. El sistema económico no son sólo los inversores, ni los legisladores económicos, ni los magnates, el sistema económico tiene su fundamento en la ciudadanía y sin ella no habría ningún tipo de economía.

La propuesta que presento a continuación, es una reflexión que tiene en cuenta la experiencia de miles de colectivos en todo el mundo y la reflexión permanente de esos colectivos sobre su quehacer económico y social.

La propuesta

Superar la crisis significa mantener las mismas políticas económicas, con los mismos criterios y con las mismas clases sociales. Crear una alternativa pasa por invitar a la ciudadanía a participar activamente en la construcción de una nueva organización social que planifique, desde las bases, la economía que precisamos.

Existen una serie de principios que se tendrían que tener en cuenta en una nueva optica a la hora de plantear, planificar y realizar una democracia económica.

Estos principios son:

La autonomía como principio de libertad y ejercicio de la co- responsabilidad. Facilitando los procesos de autonomía de las empresas y autónomos, pero no ligándolos a los dictámenes de las instituciones públicas o a sus cauces financieros.

La autogestión como metodología que respeta, implica, educa, iguala las oportunidades y empoderamiento. Fomentar la autogestión es facilitar a la ciudadanía una producción satisfactoria de las necesidades sociales sin necesidad de que todo pase por el mercado.

La compenetración con la Naturaleza. La economía de futuro será sostenible o no será. Para ser sostenible necesariamente ha de estar ligada a un respeto total a la Naturaleza. Contemplar la sostenibilidad de la misma es darle oportunidad a una economía de futuro.

La corresponsabilidad de la ciudadanía. Ha de tomarse como un ejercicio de toma de conciencia de que con competitividad no llegamos sino a agredirnos unos a otros, mientras que nuestro sociedad requiere del concurso de todos para poder reproducirnos todos por igual.

La democracia económica se construye desde la participación de la ciudadanía. Desde las necesidades demandadas por la población. Población que busca por sí misma la solución a sus problemas, asumiendo su responsabilidad ante sus propios problemas y ejerciendo el poder desde su acción colectiva.

Aclarar nuestros valores socio-económicos

En consecuencia con lo anterior se propone que se establezcan plataformas de debate y toma de decisiones sobre las necesidades que tenemos los ciudadanos. Producir lo que necesitamos, siguiendo el principio de proximidad, es una decisión soberana. Ningún sistema ni mercado han sido capaces de abastecer a la población de un modo equitativo y coherente. De hecho el consumismo deshumanizante es el mecanismo que tiene el sistema capitalista para reproducirse a sí mismo mediante el lucro que sus empresas obtienen con la venta de los productos, necesarios o no, que sitúan en el mercado, lo que les permite acumular el capital necesario para seguir reproduciéndose en lo económico y en lo político. Estas plataformas vendrían a estar constituidas por productores y consumidores, una especie de Círculos de producto-consumo como los que ya existen en distintas partes del país.

El derecho a participar en la planificación de lo que hay que producir para satisfacer las necesidades de la población comenzando por la más cercana y no tanto enfocada al mercado indefinido y globalizado.

Empezando por la producción

Las empresas

Trabajar en la economía real. Hay muchos aspectos en el actual sistema económico que se escapan de lo que es la producción, consumo y distribución. Los capitales financieros sólo se mueven en función del beneficio inmediato que esperan obtener. Las leyes, reglamentaciones y medidas económicas dadas por el gobierno sólo tratan de salvar el contento de la gente porque a ésta se le distribuyan unas migajas de la riqueza generada por el país, porque se legisla en función de los intereses de minorías financieras y empresariales. No hace falta poner ejemplos que acuden a la mente de todos. Por contra, entendemos que las empresas no han de ser “generadoras de salarios”, las empresas han de ser creadoras de riqueza la cual se ha de empezar a distribuir desde las mismas empresas. Y esto significa que las empresas han de estar autogestionadas y ser autónomas ante cualquier dependencia social, política o económica.

Es preciso que la ciudadanía se organice en torno a empresas que produzcan aquello que es necesario para la sociedad. Las empresas en una democracia económica , se han de constituir o bien por la necesidad inmediata de crearse el propio medio de trabajo, o bien por la necesidad de integrar colectivos marginados por el sistema socio-laboral actual, o bien por el interés de servir las necesidades de la colectividad próxima, o bien por una combinación de algunos de estos motivos.

Para constituir este tipo de empresas es precisa una batería de leyes que faciliten su creación. Si se están facilitando las inversiones de empresas del sistema capitalista con cargo a los presupuestos del estado, será razonable facilitar por el mismo sistema apoyos legales a la creación de las empresas que formen la nueva política económica.

En este sentido, será preciso que se modifiquen en la Constitución las consideraciones que llevan a regular de forma unívoca la economía del país, entendiendo que la libre competencia es un derecho dentro de la llamada “economía de mercado”, la cual, a la vista de las evidencias, no consigue ni el pleno empleo — derecho contemplado en la Constitución — ni una competencia real entre los elementos económicos que actúan en la economía española. Por lo que deducimos que el término “economía de mercado” es un término falaz porque su contenido no lleva a conseguir lo que la misma Constitución proclama: el pleno empleo y la libertad en el mercado.

A partir de una nueva legislación se podrían establecer mecanismos que aumenten la participación ciudadana, mejoren la distribución de la riqueza y establezcan redes de colaboración socio-económica, aunque no sólo de este tipo, que integren a la sociedad sin necesidad de los medios coercitivos estatales y empresariales.

Cómo producir

Se produce a partir de unos recursos, una fuerza de trabajo y un capital. Ocurre que nos tenemos que plantear una economía en la que los recursos sean sostenibles, reciclables y suficientes para la población. La fuerza de trabajo ha de ser colectiva, cooperadora, significativa de cara a la sociedad y a su reproducción, pero sobre todo, no mercantilizada. Y el capital ha de ser social, bien el de los propios trabajadores o bien el de los colectivos sociales en los que las empresas estén integradas. Aquí es conveniente señalar que no estoy hablando de un capital público, no porque no sea necesario, sino porque el estado ha de intervenir en niveles económicos más complejos y determinantes a toda la economía.

El trabajo, en esta estructura económica, se convierte en el centro socio económico. El trabajo antes que un derecho, es un deber. La interpretación de la Constitución española, a partir del art. 35, que es donde se reconoce el “deber y el derecho al trabajo”, desarrolla solamente el aspecto del derecho al trabajo, pero no se desarrolla el deber al trabajo. El deber de trabajar denota corresponsabilidad entre la ciudadanía, es aplicar la autonomía desde el nivel personal al colectivo, como principio de libertad y de corresponsabilidad en orden a proseguir con la reproducción social.

En cuanto al “derecho al trabajo”, como concepto absoluto, queda recogido en la Constitución, pero con el engaño de que, en los siguientes artículos al 35, más bien se habla de “empleo” que de “trabajo”.

El trabajo es el factor imprescindible para la creación de riqueza, por encima del capital, siendo éste necesario pero relativo con respecto al trabajo. El trabajo es el eje central en la economía. Por ello, será preciso regular la participación del trabajo en las empresas, en las redes sociales y en el conjunto de la sociedad, subordinando el capital a sus necesidades.

Siguiendo por el intercambio distributivo

Cómo consumir

Uno de los elementos que está asomando al panorama de la economía es el de mercado social. Esta institución no tiene el sentido de oferta y demanda que caracteriza al libre (?) mercado capitalista. El mercado social trata de potenciar el intercambio de aquellos productos necesarios para el consumo de bienes y servicios. Baste la cita que sobre mercado social se incluye a continuación:

El concepto de “mercado social” se refiere a esta red de organizaciones y personas que, a pesar de operar en el mercado de bienes y servicios, de trabajo o financiero, lo hacen a partir de principios, valores y criterios de funcionamiento no puramente capitalistas.

La construcción del mercado social parece la condición para que todas las organizaciones sociales se refuercen mutuamente y puedan ir ampliando su alcance.

Cómo distribuir

La distribución de la riqueza, elemento determinante de la equidad, justicia e integración social, ha de ser considerada desde los inicios de la misma producción, más aún, desde la concepción del modelo económico propuesto por la propia organización social.

Si la creación de la riqueza se realiza desde el trabajo productivo, la distribución de la misma ha de tener como referencia el trabajo realizado por cada quien en la colectividad y su contribución a la misma. La distribución de la riqueza no es exclusiva del ámbito productivo. La riqueza es un elemento producido organizadamente por la sociedad en beneficio de la misma y dentro de la perspectiva de la reproducción social. Reproducción social que implica unas actividades distintas a las de la producción, complementarias con esta y, en muchas ocasiones, de naturaleza no material, siendo, en cualquier caso, actividades que contribuyen al bienestar social de igual modo que la riqueza producida en la actividad productiva.

La estructura salarial, conformada desde la misma producción y no desde el mercado, ha de tener en cuenta la necesaria retribución del trabajador, pero también ha de tener en cuenta que su peso determina las condiciones de reproducción de la sociedad. Entendiendo, en este caso, que para que se de la reproducción social todos los ciudadanos han de participar de la riqueza colectiva.

No es el mercado el encargado de la distribución de la riqueza, son los colectivos productores y el estado, allá donde no lleguen los colectivos, quienes han de distribuir. Uno de los mecanismos de la distribución de la riqueza, pueden ser los presupuestos participativos, de amplia experiencia en algunas poblaciones pero siempre limitados en cuanto a su alcance.

Sin pretender abarcar la totalidad de la fiscalidad del estado, y siguiendo algunas ideas de la Democracia Económica sobre la fiscalidad de la inversión, se trataría de gravar a las empresas o a los préstamos personales con una tasa sobre el uso de los bienes del capital. Las inversiones, si son precisas, han de contribuir, vía fiscal, a la recaudación para una distribución de la riqueza que las mismas generen.

La deuda pública, generada solamente por la necesaria inversión del estado en los sectores económicos básicos para la sociedad, tampoco tiene sentido que de una tasa de retorno, no al menos a los capitales de la propia sociedad. Implícitamente se está proponiendo una obligación a los capitales de suscribir la deuda pública de forma “gratuita”, dado que se suponen unos capitales generados desde unos aportes sociales y/o públicos, bien vía financiación o bien vía mercado.

La renta básica, sin llegar a ser universal, vendría a completar el panorama de la distribución de riqueza.

Se ha de procurar tener beneficios, pero éstos han de reinvertirse en la propia empresa, en la medida en que lo precise, y han de distribuirse entre colectivos y/o empresas que lo precisen. No deja de ser otra vía de distribución de la riqueza.

Cauces de financiación

Hoy por hoy, y sin que se haya terminado de andar el camino de la financiación, se han constituido en todo el mundo entidades financieras que han venido a denominarse “éticas”, básicamente porque se rigen por unos criterios determinados por el principio de que el dinero ha de ser usado en función de los valores que, más o menos parecidos, se han enunciado arriba.

Estos valores, aplicados en todas las esferas de la organización económica que sean financiadas con un criterio ético, permiten hacer surgir un nuevo sistema financiero basado en la economía real, no lucrativo por sí mismo y al servicio de las necesidades de los ciudadanos, además de que participamos directamente en el establecimiento de los criterios para la financiación y en el control de la misma. Siendo la financiación transparente.

Dentro de las posibilidades financieras que en democracia económica se pueden dar dar, necesariamente condicionados por las leyes actuales, se refuerzan instancias de captación de ahorro desde las redes sociales para su inversión en la empresas. Hoy por hoy, no se está realizando la inversión colectiva (en sentido estricto), posible paso necesario para detentar colectivamente la propiedad de los medios de producción.

De otro lado y teniendo en cuenta aspectos macroeconómicos en el país, sería posible considerar la creación de una banca pública, en sintonía con la banca ética multiplemente constituida en distintos tipos de organizaciones, que apoyase la financiación de los sectores básicos y estratégicos que apoyan y sustentan a toda la sociedad.

Sociedad en red

Necesidad de que la sociedad esté en red para autogestionar su socio economía, asumir parcelas de poder y conformar los colectivos que vayan conformando una nueva estructura social.

Todo el proceso socio-económico permite que la sociedad se organice en colectivos autogestionados que participan en mayor o menor medida de las decisiones sobre qué y cómo producir, consumir y distribuir.

Redes barriales, locales, comarcales, etc. incrementando su amplitud y complejidad en la misma medida en que se necesite participar de productos y consumos que requieren el concurso de colectivos más amplios.

Para debatir

Para contribuir a un mayor debate, se incluyen líneas sobre las que debatir. Éstas, vienen generadas desde el Foro Social Mundial, celebrado en Porto Alegre, Brasil, en el año 2001, basándose en las experiencias mundiales de la economía solidaria, que es, en definitiva, un tipo de economía que se construye desde la idea de democratizar la economía.

Aspectos diferenciales

Varios aspectos tienden a diferenciar las experiencias, en lo que se refiere a su propia relación con el modelo y modo de producción dominante. A continuación se mencionan los aspectos más relevantes. Esta selección deja, sin lugar a duda, un interesante marco para un debate colectivo.

La autonomía

La organización de la Economía Solidaria exige que se respete la autonomía de los emprendimientos, sin la tutela de estados centralizadores y lejos de las prácticas cooperativas burocratizadas.

La autogestión

Concepto referente a la forma de organización y el modo de gestión. Estamos ante modelos organizativos caracterizados por la autogestión o/y la gestión colectiva, desde la independencia, autonomía y corresponsabilidad, y desde el respeto cultural e individual.

La utilidad social, cultural, medioambiental

El servicio o producto generado contribuye en mayor o menor medida a la riqueza (o: en su defecto: “reconstrucción/ recuperación) social/individual o medioambiental. Ver las actividades sectoriales, y el alcance de la Economía Solidaria en cada una de ellas.

La propiedad social

La negación de la explotación del trabajo humano por medio de la apropiación privada de los medios de producción y de los beneficios generados. La participación en la propiedad. Control social del proceso de producción. Control social del proceso comercial y financiero.

La territorialidad, el arraigo en el territorio

Para recuperar el control sobre los procesos económicos y garantizar un bienestar social e individual generalizado es preciso reordenar la economía desde la dimensión local y territorial, reforzando la economía local el intercambio económico/social de proximidad/cercanía. La economía local — contraria a la economía globalizadora — es integradora, y actúa arraigada en su entorno más inmediato, teniendo la territorialidad y el desarrollo local como marco preferente de actuación. El enfoque local y territorial es garante imprescindible de mejora real de nivel de vida, y de respeto a la idiosincrasia y diversidad cultural, social e individual.

La democracia

Los procesos se construyen de abajo a arriba. Desde lo local hacia la dimensión estatal, continental e internacional. El principio de una persona: una voz y un voto, es básico. Aunque pueden darse múltiples formas, el principio democrático básico — una persona un voto — tiene que respetarse.

La participación

Criterio referente al modelo organizativo, y proceso de canalización y toma de decisiones. La gestión colectiva o/y democrática del emprendimiento implica a todos los trabajadores/socios. La participación no está vinculada al capital. La información y el proceso de toma de decisiones tienen cauces y mecanismos fluidos y transparentes al alcance de todos los actores y beneficiarios.

El lucro

El afán de lucro no debe de confundirse con el beneficio. La Economía Solidaria pretende y precisa viabilidad económica, rendimiento y beneficio para su consolidación y crecimiento. Ello es muy distinto de lucro, que implica reparto de beneficio. La Economía Solidaria es actividad económica sin ánimo de lucro, en el sentido legal: sin reparto de dividendos. Los beneficios se reinvierten en el propio proyecto, para su consolidación o crecimiento, o en cooperación o solidaridad interna/externa.

La cooperación y solidaridad

La Economía Solidaria se compromete a una actividad económica basada en la no competitividad entre los propios agentes de la misma. Se buscan vínculos y mecanismos de cooperación y solidaridad, dentro del campo propio, y con otros sectores sociales. Ello implica el compromiso a la coordinación local, nacional, continental e internacional por el bien de la Economía Solidaria.

En este modelo se repiensa y reconstruye la organización de las cadenas productivas, comerciales y financieras al servicio de las necesidades básicas de las personas, especialmente de los más desfavorecidos, y de la naturaleza. Una reconstrucción de abajo a arriba y de dentro hacia afuera. El capital pasará a subordinarse a intereses de índole social, medioambiental y solidario. El poder político se verá subordinado a una reorganización social, que garantiza el empoderamiento de ciudadanas y ciudadanos, y el bienestar social y personal. La economía estará subordinada al supremo interés social y personal, con una revalorización del trabajo, con nuevos parámetros de autonomía, emancipación y autogestión.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.