El mundo arrancando
Poema
La noche envejece
tan corta, tan negra,
tan libre y vacía.
Cada vez menos luces de farolas,
cada vez más libros de poesías.
El tiempo de la noche
duerme en sueños que despiertan,
sueños,
que mueren se sueño,
que callan ausencias.
El milagro me estaba dado en las mañanas
cargadas de nuevo,
pesadas de vida.
Podía sentir en mi carne latir al mundo arrancando,
y yo perplejo, de tanto, para tan corto día.
Soñaba una mujer cada mañana
que envejecía en la noche
y moría.
Una mujer sin nombre ni agotada,
dulce y cálida en otoño,
en agosto ardiente,
en verano viva.
Soñaba una mujer cada mañana
que envejecía en la noche
y moría…
Ahora no sueño despierto como lo hacía,
solo recuerdo unos labios,
recuerdo la angustia la noche en que la perdía.
Recuerdo su sexo, su voz, lo que me pedía,
recuerdo su amor
imposible agotarlo en tan solo un día.
Quizás no haya muerto
y la encuentre una tarde con nombre y eterna,
no sabrá que en mis sueños me amaba
como ama descalza pasear por la arena.
Quizás el que ha muerto
tan solo fue el niño, sus sueños, sus tontas creencias,
y a cambio a quedado la pena,
la amante, la novia
de un cobarde poeta.