Delirio #2

Hoy entre una reunión y el laburo 
me compré un pancho, 
me senté en el verde de Moron City ,
me quedé cerca de dos vagos con guitarras que cantaban algo de Cobain, 
me comí el pancho,
me tomé un juguito, 
saqué un librito:
“Erdosain sufre, Erdosain es miserable”; 
me acosté,
me refugié del resplandor del mediodía con el libro, 
me dormí cinco minutos 
y me sorprendí de que nadie me conoció en la plaza, 
se me acercó, 
me sacó el libro de la cara 
y me asustó, 
me sorprendí de que nadie me vió 
y me sorprendí de que no eras vos.

Pero la mayor de las sorpresas fue encontrarme 
a mí, sola, 
perdida en la nebulosa de la ciudad presumiendo primavera,
presumiendo cerveza en cualquier horario,
shorts de noche y gente alegre y besucona;
perdida en medio de mi propio enamoramiento
(de mis propios enamoramientos)
de todos los besos que te quiero dar, 
de los que no te di y de los que andá a saber
cuándo me vas a dar.

Me sorprendí a mí misma, como nunca antes,
en una primavera tan tempestuosa,
tan rosa, tan dulce
que no me conocí.

Y me asusté, sí que me asusté.

Andá a saber, 
vaya uno, 
vaya alguien a saber
qué carajo me pasa 
en el pecho, la panza y la cabeza.
Y en cuando tardas en contestar
y en cuando no me constestas
y en cómo me odio y te odio 
por ponerme así de tonta, de boba, de minitah. 
Peor todavía, de minitah enamorada.

Y andá vos, él, yo, ella, nosotros, vosotros
a saber
(vaya el maldito mundo a saber)
porque necesito gritarte que te amo
cuando no tengo ni la más puta idea de lo que eso significa.

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