La forma de votar importa, dicen.

EFECTOS POLÍTICOS DEL INSTRUMENTO DE VOTACIÓN

Una vez más vamos a escribir unas líneas sobre el proyecto de reforma electoral. Ya se habló en este lugar de cómo con el sistema vigente sigue verificándose la (necesaria) incertidumbre democrática (respecto de quien gana las elecciones). Con el foco puesto sobre lo que pasa globalmente, se informó sobre casos de países que impulsaron sistemas electrónicos para la emisión del voto y se destacó la preocupación actual en el proceso electoral para elegir al futuro presidente de EE.UU.

Por otro lado, sobre algunos detalles de la iniciativa en nuestro país se profundizó sobre el “respaldo en papel” que se proyecta en la propuesta de reforma y se puso en cuestión las justificaciones y motivos esgrimidos por quienes impulsan la reforma.

Un ángulo que ha tenido menor difusión, aunque podemos encontrar opiniones como las de Andy Tow y Ernesto Calvo, es el de los posibles efectos del cambio en la forma de votar y su diseño sobre los partidos y la competencia política, no ya sobre cuestiones como la seguridad e integridad de los sistemas de votación. Asimismo, podemos encontrar algunos antecedentes de estudios que evaluaron esta cuestión en Argentina:

Por un lado un experimento realizado a partir de una prueba piloto durante las elecciones porteñas de 2005 en el que se buscaba medir posibles efectos que podrían tener diseños alternativos de pantallas de sistemas electrónicos de votación en los resultados electorales. Una primera conclusión fue que efectivamente se podían encontrar variaciones en el comportamiento electoral en función de la información desplegada en las pantallas, y que ello mostraba beneficios para algunos partidos sobre otros. En un sentido algo similar se discutió el año pasado entre las elecciones generales porteñas y el ballotage. Allí el punto central era como debía aparecer la opción “voto en blanco” en la pantalla (ante la presunción que esa opción favorecía al candidato del oficialismo sobre su contrincante).

En 2011 varias provincias impulsaron cambios en la forma de votar los cargos provinciales. A partir de los resultados de esos comicios Marcelo Leiras y Ernesto Calvo analizaron para CIPPEC algunas de las consecuencias que traían aparejadas estas modificaciones. Detectaron, por ejemplo, que los nuevo diseños de boleta única en papel implementados en Córdoba y Santa Fe habían producido un crecimiento de votos “blancos” en algunos casos y “nulos” en otros. Destacan también efectos de los nuevos instrumentos sobre la posibilidad de emitir votos cruzados entre categorías electorales. Por otro lado, señalan que en Salta, donde se implementó parcialmente un sistema electrónico de votación, la introducción del nuevo dispositivo eliminó la posibilidad de anular votos, ya que la maquina obliga a elegir entre opciones validas. Los detalles importan; modifican comportamientos, resultados y las interpretaciones que hay que derivar de los mismos.

En una columna previa en El Estadista resumíamos algunas discusiones sobre estos sistemas en los que la provisión de la oferta partidaria quedaba enteramente en manos del Estado (las variantes de Boletas Únicas). Nos propusimos también, de manera análoga al ejercicio de Leiras y Calvo, hacer el ejercicio de analizar algunas de estas cuestiones a partir del cambio en el sistema de votación en la C.A.B.A. a lo largo del proceso electoral de 2015; aunque se señalaba allí que las conclusiones debían ser tomadas con cautela; como elementos parciales para pensar el problema dado que la comparación podía estar “ocultando” factores que explicaran los comportamientos allí expuestos.

EVIDENCIAS A PARTIR DE MÉTODOS CUASI EXPERIMENTALES

En el año 2009 el gobierno de la provincia de Salta firmó un convenio con el Tribunal Electoral de la Provincia a partir del cual se dio a inicio a una prueba piloto del sistema de voto electrónico. Esta primera prueba se realizó en algunas pocas mesas del municipio de San Lorenzo y de la Capital. Dos años después comenzó el proceso gradual que, según se manifestaba en ese momento, incorporaría la totalidad del padrón electoral de a tercios cada dos años. Este objetivo inicial fue dejado de lado y ya en las elecciones de 2013 el 100% del padrón de la provincia votó con la nueva tecnología para todas las categorías provinciales en disputa (diputados, senadores y concejales) en cada una de las localidades. Las de 2015 fueron las primeras elecciones en las que la totalidad del padrón voto todas las categorías provinciales (incluyendo la de Gobernador) con el nuevo sistema. La implementación parcial de un nuevo sistema de votación en la provincia de Salta brindó una buena oportunidad para analizar posibles impactos sobre los comportamientos electorales como si se tratara de un experimento y sortear, de ese modo, algunas de las dificultades como las del ejercicio realizado a partir de los resultados del proceso electoral porteño en 2015.

En este trabajo (próximo a ser publicado en el Journal of Politics) los politólogos Tiffany Barnes, Carolina Tchintian y Santiago Alles llevan adelante una investigación a partir de la estrategia antes mencionada: la implementación parcial a gran escala (en las elecciones de 2011) es utilizada para determinar a que grupos se “aplica el tratamiento” (ie: que mesas utilizan el sistema electrónico para emitir su voto y cuales siguen utilizando el tradicional sistema de boletas partidarias) como si fuera un experimento (la asignación a los grupos no fue aleatoria).

La comparación de resultados de los grupos de “tratamiento” y “control” puede brindar una estimación del impacto del voto electrónico sobre el comportamiento electoral. En este caso una de las hipótesis que exploran refiere a la influencia de la tecnología sobre el voto cruzado entre categorías (el “corte de boleta” con el sistema tradicional).

La estrategia de Doble diferencia para estimar este impacto se define de la siguiente manera:

Siendo el año de la implementación (2011) =1, y la elección previa (2007) =0. Siendo los circuitos donde se votó con el sistema electrónico VE(1) — “grupo de tratamiento”-, y VE(0) — “grupo de control”.

a = Año(0) & VE(0)
b = Año(0) & VE (1)
c = Año(1) & VE(0)
d = Año(1) & VE (1)

Voto Cruzado = (d-c) — (b-a)

Graficamente puede expresarse de la siguiente manera. La línea roja representa el grupo “control” y la azul el “tratamiento”. La línea gris vertical establece el momento de aplicación de la nueva tecnología de votación, diferenciando en dos períodos: antes (2007) y después (2011).

Si se cumplen determinadas condiciones la brecha existente en el grupo de “tratados” (azul) se debería al efecto de la implementación del voto electrónico sobre el voto cruzado entre categorías (una hipótesis que buscan evaluar).

El indicador propuesto por los autores es definido como la diferencia de votos entre la categoría “Gobernador” y “Diputado” (en valor absoluto) ponderado por el peso relativo (total de votos válidos) de cada uno de los circuitos electorales del departamento de Salta. Una vez calculado los presentan ordenados de menor a mayor.

En el gráfico pueden verse estos resultados (el porcentaje de voto cruzado por circuito electoral) para la elección previa a la implementación en 2007 (arriba) y la elección de 2011 en la que la mitad del electorado capitalino votó con instrumentos mixtos (abajo). Las barras verdes son circuitos donde se votó con el nuevo sistema electrónico; las grises con las tradicionales boletas de papel y sobres.

Los resultados del análisis de Doble diferencia son los siguientes:

Los valores en los casilleros blancos muestran el promedio del indicador (porcentaje de voto cruzado por circuito) para cada una de las situaciones (elección 2007/ 2011 , en las filas ; grupos de tratamiento/control, en las columnas). En gris claro pueden observarse las diferencias entre grupos (horizontal) y para el mismo grupo entre elecciones (vertical). En gris oscuro el resultado de la Doble diferencia (4.63) que estima el impacto de la nueva tecnología en el voto cruzado.

La derivación principal del análisis sería entonces que , en promedio, en cada circuito donde se votó con el sistema electrónico se cortó 4.6 puntos porcentuales más que en donde se votó con el sistema tradicional a raíz de la nueva tecnología. Esto se explica, mayoritariamente, porque allí donde se utilizó el nuevo sistema en 2011 el voto cruzado fue casi el doble que a la vieja usanza (5.22 vs 10.6).

DEFINICIONES POLÍTICAS

Hecho este análisis vale preguntarse qué quiere decir esto sustantivamente. ¿Es mejor o peor que haya más voto cruzado entre categorías? La respuesta debería ser la siguiente: depende. De modo esquemático señalaremos acá dos posturas (políticas) al respecto.

Están quienes ven en el “efecto arrastre” una restricción a la libertad de los electores y, por ende, generar mecanismos que faciliten “cortar boleta” — minimizar el arrastre- está bien visto. Por otro lado están quienes creen que el arrastre ayuda a la gobernabilidad (al promover “gobiernos unificados”) y genera incentivos para reforzar las estructuras partidarias. Si fuera de otra manera, se argumenta, candidatos para una categoría (diputado provincial, por ejemplo) tendrían menos incentivos para trabajar de manera coordinada con los candidatos de la lista ejecutiva; al tiempo que prácticas localistas y particularistas pueden tornarse más probables.

Ya señalamos que mientras Salta votó en 2015 con este sistema para la totalidad de cargos provinciales y el total de su padrón, las provincias de Córdoba y Santa Fe utilizaron sistemas de boleta única en soporte papel y en la inmensa mayoría de las elecciones provinciales se utilizó el sistema vigente a nivel nacional (de boletas partidarias). Queda claro, a partir de lo acá expuesto y reseñado, que el cambio en la forma de votar puede favorecer el voto cruzado entre categorías. Lo que resulta relevante destacar es que de ningún modo el sistema vigente, el denostado sistema de boletas partidarias con el que se eligió presidente en la Argentina el año pasado, imposibilita votar listas distintas para diferentes cargos. Como para muestra basta un botón, podemos remitirnos a los resultados en la Provincia de Buenos Aires en 2015: no hubo corte en las P.A.S.O. “a favor” de Vidal, como bien señala María Esperanza Casullo; pero sí lo hubo en las generales en contra de la lista de gobernador del Frente para la Victoria, como destaca acá Ernesto Calvo.

Decía Casullo y acordamos: “El corte de boleta no tiene grandes antecedentes en la provincia de Buenos Aires. Esto es natural. Es muy difícil imaginar cortes de boleta masivos en una elección caracterizada por el uso de la boleta de papel con las categorías “pegadas” y en la cual la sección del gobernador está en el medio: resulta difícil y fatigoso para el común de los votantes hacer ese corte de boleta”. Lo que los resultados posteriores muestran es que, cuando los electores quieren “cortar boleta” lo pueden hacer; con consecuencias políticas efectivas. El peronismo perdió la provincia de Buenos Aires mientras que su candidato a presidente salió primero en el distrito.

Leiras y Calvo sostienen lo siguiente: “Algunas opiniones valoran positivamente el “arrastre”, porque tendería a reforzar la solidaridad electoral de miembros del mismo partido que participan de distintas contiendas. Otras opiniones, estiman que esta solidaridad sólo es auténtica cuando resulta de la elección deliberada y consciente de los votantes. El uso de “sábanas” partidarias, en la medida en que dificulta el corte de boleta, no permitiría discernir si la elección de la lista completa es una elección autónoma o un artefacto de lo engorroso del sistema de votación“.

Una hipótesis alternativa (a la de quienes promueven mayor “libertad” para los electores) es que al menos una porción del incremento en el corte de boleta se deba no ya a la liberación a partir de la cual los votantes pueden expresar preferencias “auténticas”, sino que estos se ven inducidos a elegir distintas listas para diferentes categorías debido al diseño del instrumento de votación. Esto se podría ver potenciado por la gran cantidad de opciones y la poco clara oferta electoral. La gran cantidad de partidos que compiten, para múltiples competencias (sobre todo cuando se trata de elecciones simultáneas — que pueden incluir cargos nacionales, provinciales y locales) hacen necesario procesar una gran cantidad de información a la hora de la emisión del voto. El altísimo costo informacional se ve incrementado en casos donde funcionan listas de adhesión, colectoras, acoples y otras regulaciones de ese tipo.

La defensa del “arrastre” encuentra en su rechazo al gobierno dividido su primer argumento. Cuando los ejecutivos no tienen mayorías legislativas es esperable mayor dificultad para avanzar con sus programas de gobierno. En el límite ello puede derivar en un bloqueo o parálisis de gobierno: ¿el peor de los males de los presidencialismos? En Legislator Succers in Fragmented Congress in Argentina , Ernesto Calvo contradice esta idea diferenciando el caso argentino del sentido común sobre el funcionamiento estadounidense a partir de diferencias en los diseños institucionales.

No obstante creemos que existen motivos adicionales sobre la vinculación de esta perspectiva y preferencias partidarias más fuertes. Porque, dada la naturaleza y funciones que deben cumplir, los partidos pueden funcionar también como atajo informativo; para procesar la gran cantidad de información a la que los votantes pueden ser expuestos.

Para quienes nos paramos más cerca de esta postura los partidos políticos en su conjunto, y no los candidatos de cada categoría electoral, son (o deberían ser) los protagonistas principales. Porque estos, que tienen como función principal agregar y expresar intereses sociales, funcionan como fuente primordial de información para los votantes. Este planteo cobra mayor relevancia dadas las dificultades que presenta la oferta electoral en nuestro país. A pesar de las mejoras introducidas al sistema político luego de su colapso en 2001, sobreviven normas y prácticas que deben cambiarse; ello no lo logrará un nuevo instrumento de votación.

Es la política (la negociación legislativa) la que debe establecer las reglas que determinan como los resultados se traducen en cargos y los efectos que los diferentes diseños pueden tener sobre los primeros. Tener en cuenta las posibles implicancias de los mismos resulta entonces importante a la hora discutir las alternativas.


Originally published at artepolitica.com.

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