El primer debate: qué dijeron los candidatos y por qué

Qué ocurrió en el primer encuentro entre Hillary Clinton y Donald Trump.

Imagen: Barbara Kinney / Hillary for America — CC-NC-SA

El pasado lunes 26 tuvo lugar el primero de una serie de tres debates presidenciales entre Hillary Rodham Clinton y Donald J. Trump. El primer debate estuvo centrado en la política doméstica estadounidense, particularmente en las plataformas políticas de los candidatos sobre economía y seguridad interna.

Durante los primeros minutos del debate, ante la pregunta del moderador Lester Holt sobre qué políticas concretas adoptarían los candidatos para aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores estadounidenses, Donald Trump introdujo al debate un tema que ha sido uno de sus “caballos de batalla” en toda la campaña: una crítica profunda al libre comercio y a los diversos free trade agreements que Estados Unidos mantiene con diversos países, con las mayores críticas centradas en el NAFTA.

En este aspecto, Trump atacó a las empresas que desplazan su producción desde el antiguo cinturón industrial estadounidense (en estados como Ohio, Michigan, Pennsylvania y Wisconsin) hacia países con salarios más competitivos, como México y China, lo que el candidato republicano y una buena parte del electorado ven como una competencia desleal que le “roba el trabajo” a los estadounidenses. En otras palabras, Trump aprovechó los primeros minutos de la noche para hacer énfasis en un tema en el que sabe que su discurso cala hondo en buena parte del electorado norteamericano que, en efecto, ha perdido su fuente de trabajo en la última década debido a que muchas empresas decidieron trasladar sus producciones al extranjero.

Frente a esta realidad, el candidato republicano mantiene su postura acerca de la necesidad de renegociar estos acuerdos, y de gravar duramente a las firmas americanas que opten por producir en el exterior. Hemos visto una continuación de la postura más proteccionista defendida por el candidato republicano, centrada en la necesidad de cuidar el empleo interno, que ciertamente constituye uno de sus puntos fuertes, en los que capta a una gran cantidad de electores decepcionados con el rumbo de la economía estadounidense, que han perdido sus trabajos o que han visto mermar su poder adquisitivo en los últimos años.

Por su parte, la postura de Hillary Clinton al respecto se centró en defender y profundizar los acuerdos de libre comercio existentes, aunque sí señaló algunas críticas hacia el recientemente negociado Acuerdo Transpacífico (TPP). Vale recordar que la candidata demócrata ha tenido que rever su posición frente al TPP al competir en la interna de su partido con Bernie Sanders, quien, en este aspecto, se acerca más al discurso proteccionista de Trump. Otro aspecto que Hillary rescató de su otrora competidor Sanders y trajo al debate fue la demanda de aumentar la carga impositiva en los ciudadanos más ricos, para así reducir la creciente desigualdad económica en el país. Con ello, se distancia de la postura esgrimida por Trump, favorable a reducir la tasa de impuestos en los que más tienen como un incentivo a la economía.

La Commission on Presidential Debates es una organización no gubernamental que ha organizado los debates desde 1988. Imagen: Barbara Kinney / Hillary for America — CC-NC-SA

Luego, el debate se concentró en el persistente problema racial en Estados Unidos. Por un lado, Hillary propuso una reforma de los cuerpos policiales, reconociendo la existencia de un sesgo negativo implícito de parte de las fuerzas policiales hacia las minorías latina y afrodescendiente. Asimismo, la candidata demócrata enfatizó la necesidad de una profunda reforma en el sistema de posesión de armas para así imponer un conjunto de mayores requisitos y controles a los potenciales poseedores, postura que refleja la posición que el Partido Demócrata ha venido defendiendo con fuerza en los últimos años.

Por otro lado, Trump señaló que la verdadera necesidad es reforzar el sistema de “ley y orden” en los Estados Unidos, una postura de tipo statu-quísta. Asimismo, vale recordar que Trump es un férreo defensor del derecho a portar armas, y que incluso considera que menos atentados ocurrirían si una mayor cantidad de estadounidenses estuviesen armados, lo que se condice con la postura sostenida tradicionalmente por el Partido Republicano. Además, Trump defendió la política de stop-and-frisk (que permite a la policía parar gente en la calle y palparlos en busca de armas), llevada a cabo en la ciudad de Nueva York, que ha sido duramente criticada y declarada inconstitucional por perpetuar este sesgo negativo que la candidata demócrata destacó, ya que la gran mayoría de los que han sido inspeccionados bajo esta política fueron los latinos y los afroamericanos.

Si bien este primer debate estuvo centrado en la política doméstica, hubo pequeños momentos en que la política exterior se hizo presente en la discusión. En primer lugar, con respecto a la amenaza que presenta el Estado Islámico (o Daesh), Hillary Clinton resaltó la necesidad de intensificar los ataques aéreos y de trabajar en conjunto con aliados kurdos y árabes en el territorio ocupado por el EI. Trump, por su parte, utilizó su tiempo en este tema para culpar a la administración de Obama (y de Hillary, como su Secretaria de Estado) de crear un vacío en Irak que permitió el surgimiento del Daesh.

Luego, los candidatos presentaron sus visiones sobre la OTAN. En este tema, Hillary se mostró favorable a reforzar la Organización del Atlántico Norte y trabajar de cerca con los aliados de Estados Unidos en Europa Occidental y Central. En la vereda opuesta, Trump expresó su reclamo en torno a que Europa “se haga cargo” del costo económico de su seguridad y deje de estar bajo el paraguas estadounidense.

Nota del editor: Martín Dieguez escribe en detalle en nuestro blog sobre Trump, la OTAN y la política de defensa.

Analizando los anteriores argumentos, puede apreciarse una evidente diferencia entre los candidatos en materia de política exterior. Siguiendo la tipología de líderes desarrollada por Mead, tendríamos, por un lado, una Hillary más Hamiltoniana, señalando que los crecientes desafíos y conflictos mundiales requieren un mayor liderazgo estadounidense y un mayor grado de acción concertada con los aliados, en lugar de una postura aislacionista. Por el otro lado, Donald Trump se presenta como un Jacksoniano con una política exterior más lineal y expeditiva, que recurra al poder militar solamente cuando fuere estrictamente necesario para salvaguardar los intereses estadounidenses, buscando reducir un intervencionismo leído como excesivo, y asegurando que bajo su gobierno Estados Unidos dejaría de someter a su pueblo a las falsas promesas del globalismo (como lo afirmó en su discurso sobre política exterior titulado America First).

Durante todo el debate hemos visto muchas de las chicanas esperables, como, por ejemplo, Hillary Clinton señalando un Donald Trump que “vive en su propia realidad”, que se niega a dar a conocer sus declaraciones de impuestos y que cree que el cambio climático es una mentira inventada por los chinos para perjudicar a la industria estadounidense; a la par que Trump criticaba duramente a Clinton por el affaire de los e-mails, por el acuerdo nuclear con Irán, e incluso por haber hecho reposo en plena campaña por causa de una neumonía.

Hillary Clinton abandona el escenario después del debate con su esposo. Imagen: Barbara Kinney / Hillary for America — CC-NC-SA

Asimismo, el debate confirmó la imagen que ambos candidatos han construido de sí mismos a lo largo de la campaña. Por un lado, Hillary hace gala de ser una candidata preparada, con amplia experiencia en el mundo de Washington, DC y con un profundo conocimiento de política internacional, del que Trump parece carecer. Por el otro lado, Donald explota ese aspecto que lo hace un candidato tan peculiar: el de ser un outsider que le habla de manera clara y llana a ese ciudadano estadounidense que está cansado del establishment y que tiene pocas pero claras demandas: tener cierta estabilidad económica y vivir seguro, frente a una amenaza terrorista que percibe como mucho mayor de lo que realmente es. En efecto, un reciente estudio del Pew Research Center señala que la mayoría de los estadounidenses asignaría la mayor cantidad del tiempo de debate a tratar dos tópicos: la economía y cómo proteger a los Estados Unidos de un nuevo ataque terrorista.

Es sabido que los debates no tienden a inclinar demasiado la aguja en una elección presidencial, debido a que el público que mira un debate es aquel que tiende a estar más comprometido con la política y, por consiguiente, aquel que más probablemente tenga una postura clara y un candidato elegido previamente. No obstante, en una elección tan atípica como lo es la que tendrá lugar el próximo 8 de noviembre en los Estados Unidos, en la que los dos principales contendientes tienen una imagen negativa muy alta, en la que los candidatos independientes (el candidato libertario Gary Johnson y Jill Stein por Partido Verde) tienen una intención de voto muy superior a la que suelen obtener estos partidos, y en la que hay todavía un importante nicho de indecisos, es probable que los debates tengan un rol de mayor importancia en captar a aquellos votantes aún indecisos.

Mientras tanto, esperamos ver mucho más de los candidatos en el siguiente debate, el próximo 9 de octubre, especialmente teniendo en cuenta que la temática central de ese encuentro será la política exterior. Dada la experiencia de Hillary Clinton como Secretaria de Estado, probablemente esa sea una gran oportunidad para lucirse demostrando su expertise en el área. No obstante, Trump también aprovechará la ocasión para pintar un panorama de un mundo cada vez más inseguro (trayendo a escena los recientes atentados en Europa) y enfatizando la necesidad de combatir al Estado Islámico de manera más asertiva. Seguramente será una velada para no perderse, y desde Politeia los invitamos a seguir la discusión en nuestras redes sociales.

Carolina Zaccato es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de San Andrés, y una de las fundadoras de Politeia. Las opiniones de la autora no necesariamente reflejan las de Politeia Blog.