El ascenso del Pacífico y los desafíos al regionalismo sudamericano

Por qué Macri gira hacia el Pacífico.

El presidente colombiano Juan Manuel Santos recibió el pasado 15 de junio a Mauricio Macri. Imagen: Casa Rosada — CC-BY

Recientemente, la Alianza del Pacífico aprobó el pedido del presidente Mauricio Macri de que Argentina ingresara como miembro observador a dicha entidad. Gracias a ello, Macri viajará a una importante cumbre entre miembros del bloque, el próximo 30 de junio en Chile. A ello se le suma el reciente viaje a Colombia —el 15 y 16 de junio pasados—, en el que, además de reunirse con Juan Manuel Santos, Macri participó del foro económico latinoamericano en la ciudad de Medellín.

Con estos gestos, se nota un giro estratégico de la nueva administración argentina, de mayor cercanía con los países latinoamericanos del Pacífico. Postura contraria a la adoptada durante los gobiernos kirchneristas, en los que la Argentina rechazó todo acercamiento con el bloque por motivos ideológicos, ya que se lo percibía como un espacio demasiado aperturista y alineado con los intereses de Washington.

Ahora bien, ¿es realmente un giro copernicano, propio de un cambio de orientación ideológica del gobierno argentino, o es en verdad un ajuste necesario con respecto a una tendencia regional y global de carácter mayor? Lo cierto es que la balanza hoy parece inclinarse hacia el Pacífico más que hacia el Atlántico.

En el plano regional, el bloque de la Alianza del Pacífico (conformado por Chile, Colombia, México y Perú) nuclea un mercado de 217 millones de personas, que concentra el 50% del comercio en América Latina, y atrae el 41% de las inversiones extranjeras directas destinadas a la región latinoamericana. Además, Argentina ve a la Alianza del Pacífico como puerta de entrada con el comercio con Asia, y es en este sentido que se pensó el corredor bioceánico en San Juan.

Adentrándonos en el plano global, entra en el panorama el Acuerdo Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), firmado en febrero de este año. El TPP es una alianza comercial que reúne a doce países (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam), que juntos representan casi el 40% del PBI mundial y 26% del comercio internacional.

Además de promover el libre comercio de bienes tradicionales, el TPP incluye compromisos en materia de liberalización del comercio de servicios y de tecnologías digitales, y provisiones para avanzar hacia la cohesión regulatoria entre los Estados miembros. Asimismo, el TPP profundiza y amplía compromisos adoptados en la OMC en temas como defensa comercial, medidas sanitarias y fitosanitarias y la progresiva eliminación de restricciones no tarifarias al comercio. Además, el acuerdo contiene reglas destinadas a la protección de la propiedad intelectual y a la protección de las inversiones de un Estado en el territorio de otro país miembro. Por último, también incluye regulaciones sobre telecomunicaciones, contratación pública, competencia, mayores estándares laborales y medioambientales, e inclusive sobre mayor transparencia en los procesos administrativos y judiciales de los Estados parte.

De este modo, el Acuerdo Transpacífico es una herramienta no solo para ampliar el mercado de las exportaciones de los países miembros sino también un modo de los Estados parte de ir convergiendo en buenas prácticas comerciales y avanzar hacia la creación de nuevas reglas que, con el estancamiento de la OMC, se dirimen cada vez más en los planos regionales. Con todo ello, el TPP no solamente significa el ingreso a importantes mercados sino, principalmente, una extensa y densa red de reglas y regulaciones comerciales que representarán una gran ventaja para aquellos países que las adopten, en detrimento de aquellos que se mantengan al margen de este nuevo marco regulatorio.

Para los países latinoamericanos miembros del TPP (Chile, México y Perú), este mega acuerdo les permitirá ampliar sus lazos comerciales y financieros hacia nuevos mercados del Asia-Pacífico, a la vez que profundizar los lazos económicos ya existentes con países de dicha región. Dentro de este grupo, el más beneficiado sería Perú, país que, antes del TPP, era quien menos acceso tenía a estos mercados por carecer de acuerdos de libre comercio con importantes países de la región, como Australia, Malasia y Vietnam. Además, la armonización de reglas comerciales entre estos países y la adopción de estándares compartidos en materia de reglas de origen, facilitará el comercio ya existente entre los tres latinoamericanos.

Para los países del Mercosur, el panorama es distinto. A diferencia de lo que ocurre con la Alianza del Pacífico, ninguno de los países del Mercosur es parte del TPP. Por ello, las exportaciones desde el bloque Mercosur podrían sufrir grandes mermas una vez que se ponga en marcha el acuerdo transpacífico. Por ejemplo, Argentina y Brasil mantienen importantes lazos comerciales con países parte del TPP (principalmente con Chile, Estados Unidos y Japón). En estos casos, el TPP podría comprometer seriamente las exportaciones argentinas y brasileñas hacia estos mercados si la Argentina y el Brasil no se adecúan a las nuevas regulaciones y estándares que se tejen en el Acuerdo Transpacífico.

Un mayor acercamiento entre los bloques del Mercosur y la Alianza del Pacífico (en la que tres de sus miembros son parte del TPP, mientras que Colombia está negociando su entrada) podría ser un camino medio a través del cual el bloque sudamericano-atlántico no pierda relevancia frente al mega acuerdo comercial que se negocia en el Pacífico, pero tampoco pierda su carácter particular. Ya existe una importante yuxtaposición entre los dos bloques: los cuatro países que conforman la Alianza del Pacífico tienen acuerdos comerciales con el Mercosur. Además, Chile, Colombia y Perú son Estados asociados al Mercosur, mientras que México es un Estado observador en este bloque.

La estrategia del gobierno de Macri pareciera apuntar en esa dirección: acercar a la Argentina a la Alianza del Pacífico a la vez que intentar posicionar al país como un nexo entre ésta y el Mercosur, en un momento en el que el liderazgo brasileño atraviesa un impasse debido a la crisis política y económica interna, y en que la retórica bolivariana ha perdido gran parte de su vigor inicial. En este sentido se entienden las palabras de la canciller argentina, Susana Malcorra, al declarar que

“hay un claro objetivo del Presidente de empezar a trabajar arduamente en una alianza real con los países del Pacífico y unir esas voluntades con las del Mercosur”.

Resta observar atentamente el proceso de ratificación del Acuerdo Transpacífico y, cuando entre en vigor, su impacto en las relaciones regionales. Deberemos estar atentos para ver si se da un panorama con una Sudamérica claramente dividida entre el bloque del Pacífico y el del Atlántico, o si, por el contrario, se consigue transitar un camino de mayor acercamiento entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur.