Escenario 2017 y expectativas del oficialismo
Por un graduado de Ciencia Política

“Queremos equilibrar las fuerzas en Diputados y lo mismo en el Senado. Necesitamos acceder al control del Congreso”, “Si perdemos la provincia, perdemos el gobierno”. Estas frases dan cuenta de la importancia que tendrá la elección de medio término para el gobierno. Pero, ¿cuáles son los escenarios posibles? y ¿qué dificultades deberá sortear la coalición Cambiemos para lograr una buena elección?
El panorama en las cámaras
El Senado se presenta como el límite más evidente a las expectativas de renovación de Cambiemos porque el sistema de recambio lo deja sin posibilidades matemáticas. Actualmente, la UCR controla 8 bancas, de las cuales tendrá que renovar 3 el año que viene, y el PRO otras 6. Si Cambiemos gana en los 8 distritos que renuevan sus bancas, podría alzarse con otras 13 totalizando así 27 escaños, lejos aún de los 36 necesarios para controlar la mitad de la cámara. De todos modos, este escenario se presenta cuando menos difícil, considerando que el oficialismo debería triunfar en provincias como Formosa, San Luis, Misiones y San Juan para lograrlo. Otros distritos se presentan como terreno más fértil en función de los resultados de elecciones anteriores: Buenos Aires, Jujuy, Santa Cruz y La Rioja. Cabe recordar que el Senado nunca dejó de ser peronista y difícilmente deje de serlo a partir de 2017.
La cámara de Diputados tampoco será una batalla sencilla para el oficialismo, que deberá renovar 41 bancas de las 87 que controla. En este caso, para lograr el quórum propio necesita obtener 83 bancas, es decir, el 65% de las bancas en juego o, dicho de otro modo, 2 por cada una que busca renovar. El objetivo de controlar la cámara resulta aquí también ambicioso, más considerando que el FPV solía obtener no más de 50 bancas en elecciones de mitad de mandato. La buena noticia, en este sentido, está dada por la potencialidad de la provincia de Buenos Aires: de las 35 bancas que se renuevan solamente 4 son controladas por el oficialismo.
El escenario electoral
A partir de 2017, el oficialismo deberá indefectiblemente mantener la dinámica de gobierno mediante alianzas, pero ¿cuáles son los determinantes que condicionarán su desempeño en las próximas elecciones y, por ende, su fortaleza relativa para negociar hasta 2019?
Las elecciones de medio término siempre resultan una parada difícil para el oficialismo. El FPV nunca logró mejorar en la provincia de Buenos Aires el resultado que había obtenido en la elección precedente a Presidente. El 2005 fue la excepción y logró mantener la suma de los votos de los frentes del peronismo que habían competido separados en 2003. El resto de los años, la caída fue de más de 10 puntos porcentuales (claro que la base desde la que partía el FPV era mayor a la que tiene Cambiemos). Un fenómeno similar le ocurrió a las gestiones de Macri en la CABA. De mantenerse este patrón, no será sencillo para Cambiemos mantener el 33% que obtuvo el ingeniero en la elección general en Buenos Aires.
Esto se explica porque, además del desgaste propio de los años de gestión, las elecciones para cargos legislativos, a diferencia de las de cargos ejecutivos, no generan una dinámica que concentra la competencia en los candidatos con posibilidades reales de ganar. Al haber más de un cargo en juego, los incentivos para el voto estratégico disminuyen y cobran mayor relevancia cuestiones como la afinidad ideológica y el balance de las fuerzas políticas.
A esta dificultad se suma el hecho de que Cambiemos no podrá contar con la mayoría de sus mejores candidatos ya afectados a cargos ejecutivos, mientras que los principales referentes de la oposición posiblemente busquen renovar sus cargos o posicionarse de cara a las elecciones presidenciales de 2019. Entre ellos Massa, Stolbizer, Randazzo, Scioli, De la Sota, Rodríguez Saá o hasta la propia Cristina Fernández.
Otros factores que indudablemente influirán en las perspectivas del oficialismo serán la situación económica, el devenir de las causas judiciales, cómo se dirima la interna del peronismo y, de concretarse, los cambios en el sistema electoral. El juego está abierto en un escenario donde la negociación con las fuerzas de la oposición seguirá siendo moneda común hasta el 2019 pero que tiene aún más interrogantes que certezas.
Nota del editor: este artículo fue escrito para Politeia Blog por un graduado de UdeSA de la carrera de Ciencia Política (camada 19) que ha decidido permanecer anónimo.