El radicalismo del Daesh como fuerza ideológica

Por George Chaya

La exitosa expansión que emana de la ideología radical en Oriente Medio, Norte de África, Sur de Asia, Francia y España explica el fortalecimiento de la energía que lo nutre y, aunque tal ideología nació en el mundo árabe y el árabe es su lengua común, el 68 % de los 1.400 millones de personas que profesan el Islam no son étnicamente árabes. Por tanto, uno de los errores más frecuentes es creer que ambos términos (árabe y musulmán) son sinónimos. Indonesia es el país islámico más poblado del mundo y no está en Oriente Medio.

El desconocimiento, las confusiones y los prejuicios han contribuido al difícil reconocimiento del fenómeno por parte de Occidente para con el Islam.

Los fundamentalistas opinan que los sistemas políticos han fracasado y no han sabido responder a los retos del siglo XX. Esas agrupaciones, como la que encabeza el Daesh (ISIS), tienen como meta volver a las fuentes primigenias del Islam: “el Corán, la sunna (tradiciones de Mahoma) y la sha’aria (ley islámica revelada)”, a la vez que promueven el rescate de los valores propios e intrínsecos de la religión a través de la restauración del Estado Islámico y el rechazo a toda innovación. En virtud de lo anterior, su lucha es tanto contra Occidente como contra los regímenes laicos de sus países a los que consideran traidores a los preceptos de Mahoma.

Aquí es donde adquiere importancia la educación religiosa que clarifica el pensamiento islámico moderno y su relación con fenómenos del terrorismo fundamentalista.

El Daesh ha inaugurado 235 escuelas en los territorios que ha ocupado tanto en Irak como en Siria, allí la currícula ha cambiado radicalmente la educación de los jóvenes de la zona. En una clase normal en las escuelas donde del Daesh ha impuesto la sha’aria, los maestros se sientan en el suelo con los alumnos y les transmiten su propia interpretación del Corán. Los alumnos repiten lo que dice el profesor y la clase puede durar de cuatro a ocho horas al día. Estos jóvenes, que un occidental consideraría en edad escolar o universitaria, asisten a un programa de ocho cursos sobre la interpretación del Corán. Son pocos los alumnos que estudian otras disciplinas o materias que no sean las religiosas. No hay cursos de historia universal, matemáticas, ni salas de computación o laboratorios.

Según algunos clérigos musulmanes de paises de la región, las escuelas en las que el Daesh está formando jóvenes, en realidad, son “fábricas de yihadistas” y el fundamentalismo militante constituye la base de casi todas ellas.

En opinión de estas escuelas religiosas, el mundo se divide en dos campos separados y mutuamente hostiles: dar-al-harb y dar-al-Islam. Dar-al-harb es la ‘morada o casa de la guerra’. Dar-al-Islam es la ‘morada de la paz’. Occidente, los cristianos y los judíos representan la morada o casa de la guerra para los planes de estudio de esas escuelas. Hoy, ese dar-al-harb es simbolizado por Estados Unidos e Israel.

En opinión de los profesores de estas escuelas, Occidente es implacablemente hostil al mensaje del Islam, por lo que la necesidad de preparase para la yihad no termina jamás. Aunque Yihad es un concepto muy mal comprendido en Occidente. No significa solamente guerra santa. Significa, sobre todo, lucha, y según las interpretaciones tradicionales del Islam, existen dos tipos de yihad: la grande y la pequeña. La gran yihad es la lucha contra el demonio interior del hombre. La pequeña yihad es la lucha contra el demonio exterior: es el combate militar contra aquellos que sojuzgan a los creyentes. La yihad contra el opresor de los musulmanes es un deber absoluto pues el Islam es una religión que se defiende a sí misma. La yihad contra el demonio exterior ha asumido un lugar de importancia permanente en la visión que los fundamentalistas tienen del mundo.

El peligro real de la expansión y las escuelas del Daesh son los miles de jóvenes impresionables a los que se mantiene en la más absoluta ignorancia de lo que ocurre en el mundo exterior, convirtiéndolos de ese modo en máquinas perfectas para una segunda generación de la yihad.

Una importante forma de combatir al fundamentalismo islámico radica en este punto, según un Sheikh Saudita consultado por la BBC, no será solo el combate militar lo que libere a estas personas, es también en la educación donde la comunidad internacional debe focalizar acciones y esfuerzos para ir en rescate de esos miles de niños y jóvenes que están siendo formados en el rechazo a la modernidad y el odio a lo desconocido.

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