Los argumentos occidentales sobre el acuerdo nuclear con Teherán

Por George Chaya

Aquellos que en Occidente ven las conversaciones sobre un acuerdo con Irán en materia nuclear como única salida al problema con Teherán a través de las concesiones, especialmente el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a menudo alegan tres aspectos básicos en apoyo del apaciguamiento al régimen persa.

El primer punto es que el acuerdo ayudará a que el ala “reformista” del régimen, liderada por el ex presidente Akbar Rafsanjani, que ya controla la presidencia a través de Hassan Rouhani, amplíe su poder y se embarque en un verdadero programa de cambio dirigido a regresar Irán a la normalidad.

Obama ve en Rafsanjani a un moderado — algo así como la versión persa de Deng Xiaoping — capaz de cerrar el capítulo de la revolución islámica y forjar relaciones amistosas y de negocios con los EE.UU.
En la Casa Blanca se habla positivamente de las recientes declaraciones de Rafsanjani que se inclina por una conducción política colectiva que marque el final del “gobierno de un solo hombre (Guía Supremo)”.

Se suponía que el primer paso en esa dirección se produciría la semana pasada, cuando Rafsanjani trató de ser electo presidente de la Asamblea de Expertos — un cuerpo de 86 mulás que puede elegir y destituir al “Guía Supremo” — . Esto fue adelantado por varios periódicos — financiados por Rafsanjani — como su próxima victoria, incluso antes que se convocara la asamblea. Fue la facción de Rafsanjani la que extendió el rumor de que Khamenei tenía una enfermedad terminal e incluso podría haber fallecido la pasada semana dejando el futuro de Irán en manos de Rafsanjani.

El control de la Asamblea de Expertos, podía ser el primer paso de una marcha victoriosa que permitiera a Rafsanjani ganar la Asamblea Consultiva Islámica o Majlis (Parlamento) de 290 miembros. Sin embargo, la Asamblea de Expertos eligió al ayatollah Mohamed Yazdi, uno de los enemigos más duros de Rafsanjani y un estrecho colaborador de Khamenei como su nuevo presidente por 47 votos contra 24. Así, las esperanzas de la facción de Rafsanyani de ganar y controlar el Parlamento el año próximo es poco probable.

Varias encuestas muestran que, aunque Rafsanjani logra movilizar a todos los que votaron por Rouhani, no seria suficiente con eso para asegurar la mayoría de las 230 bancas que se renuevan con el 33 % de las personas con derecho a voto que pueden votar por él.
La segunda lectura que hace Washington, paradójicamente, proviene de una fatwa emitida por Khamenei que no prohibía claramente el uso de armas nucleares. Así, mientras Obama espera que Rafsanjani desaloje a Khamenei, el mandatario estadounidense basa su estrategia política en una fatwa poco clara emitida por éste último. Sin embargo, parece ser que nadie en Occidente, incluido el presidente Obama, ha visto la fatwa en cuestión, es por tanto muy difícil evaluar su importancia política. Aun así, en términos reales, suponiendo que la fatwa existiera, no es más que una opinión y por tanto carece de autoridad legal, eso deben pensar los asesores de Obama.

El tercer argumento es que el proyecto nuclear es popular entre el pueblo iraní, y que al aceptar un Irán nuclear, EE.UU. ganaría popularidad allí. Sin embargo, esta estrategia no tiene sustentación empírica alguna, no hay ninguna evidencia que respalde esa afirmación. Esto nunca se ha discutido adecuadamente en ningún foro público ni en el Majlis. De hecho, los sucesivos gobiernos, incluido el del Shah, han suprimido una serie de informes y advertencias contra los peligros de un proyecto nuclear, especialmente con referencia a la amenaza que representan los terremotos a las instalaciones nucleares en casi toda la geografía iraní, cuya meseta es altamente peligrosa en materia de terremotos.

Más importante aun, Obama parece pensar que el programa nuclear hará dependiente a Irán del mundo exterior para sus necesidades de energía como nunca antes.

El primer aspecto de dependencia a la que refiere el presidente norteamericano es a la construcción de centrales nucleares que obligará a Irán a comprar tecnología y buscar mano de obra calificada para sus centrales hidroeléctricas, petroleras y de gas natural, como viene sucediendo desde 1970.

“La administración estadounidense especula con que la única manera en que Teherán pueda lograr capacidad de ensamble de una ojiva nuclear — en su ya desarrollada industria misilística — es posible con muchísimos años de cooperación con una o más de las naciones industriales occidentales”.
El punto negativo en esta visión de Washington es que está olvidando el apoyo brindado por Rusia en materia científica durante todos estos años al régimen persa, y Moscú no desperdiciará un negocio millonario como ese solo porque Obama se lo pida. El uranio enriquecido necesario para el funcionamiento de la única central de energía nuclear de Irán en la Península de Bushehr cumple con los protocolos desarrollados por Rusia. Aunque el presidente Obama crea que el uranio que Irán está enriqueciendo no se puede utilizar en Bushehr. Esto último, considerando las palizas diplomáticas que Putin ha propinado a Washington por los últimos dos años alienta una pregunta más que a una reflexión: ¿será una ingenuidad de Obama? Por mi parte, y sin influir, lo dejo a cuenta de la interpretación del lector.

Por último: otra idea del presidente estadounidense deriva del hecho de que los depósitos de uranio de Irán que se encuentran cerca del desierto de Lut, pueden proporcionar combustible para dos o tres plantas de energía, pero por no más de una década. Aquí, EE.UU. está subestimando groseramente el expertiz de los científicos iraníes.

Como sea, lo que la diplomacia occidental no está considerando sencillamente es que incluso si Irán no fuera capaz de diseñar y construir sus propias plantas de energía nuclear, no necesariamente seguiría dependiendo de importaciones de uranio para asegurar su combustible más allá de los primeros 10 años. (La vida media de una central nuclear es de 40 años). Por lo tanto, Irán tiene hoy suficiente mineral para hacer unas 30 bombas, aunque es cierto que no dispone del suficiente para proporcionar combustible para dos o tres centrales nucleares de mediano tamaño.

Finalmente, según sostiene Obama, Irán se enfrentaría a un problema más grave aun. Las centrales nucleares deben ser controladas y su actividad suspendida después de tres o cuatro décadas, aunque sigan siendo peligrosas durante varios años más. Un estudio del gobierno británico demostró (en 2013) que poner fuera de servicio una central nuclear es más costoso que construir una. La gestión sobre los efectos ambientales de plantas de energía nuclear es un proceso muy costoso y en la actualidad es observado sólo por seis naciones e Irán nunca ha exhibido un programa en la materia.

Claramente, la esperanza de Obama es hacer un acuerdo que permita a la facción “moderada” de Rafsanjani ganar la lucha por el poder en Teherán e iniciar un cambio de comportamiento por parte del régimen no solo no es realista, sino que no tiene futuro alguno en directa relación con los hechos y la política interna iraní, por lo que se condice más con una fantasía que con una realidad.

El presidente Obama debería considerar seriamente lo que Aristóteles nos lego hace XXV siglos, cuando sostuvo que “el carácter del hombre es su acción”. O dicho de otro modo “Eres lo que haces”.

En otras palabras, el inquilino de la Casa Blanca debería leer también al gran poeta persa Shiraz Sa’di, quien hace casi ocho siglos, escribió: “un escorpión pica no porque quiere ser un chico malo; lo hace de acuerdo con su naturaleza”. Y en política, siempre es la naturaleza de un régimen la que dicta su comportamiento.

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