Mirar para otro lado

Por Rocío Pimentel

La muerte del Fiscal Alberto Nisman reabre un planteo perpetuo en nuestro país. La búsqueda de la verdad incluye la variable política que toma el foco de la cuestión. La lupa social apunta a un acontecimiento sin abrir el campo de visión que tanto hace a la evaluación sincera.

La razón deja de tener sentido cuando, a partir de un suceso tan trágico y tenebroso como la muerte de un fiscal que acusa públicamente a la esfera más alta del poder ejecutivo, se pone en duda si su accionar fue correcto o merece el mote de delictivo. La víctima pasa a ser un victimario de su propia muerte. Se debate cuán certeras fueron las motivaciones de la acusación, se culpa su obrar y se condena a sí mismo por su propia muerte. Estamos equivocados, no es el que fallece su victimario, por lo menos no en este caso. El acento se pone en una discusión que tiende a dirigir las miradas a un lugar donde la luz nunca puede llegar. Culposa o dolosa es la manera que se impone como costumbre de nuestra infantil Argentina.

Más allá del Atlántico, en otro contexto histórico, social y evolutivo, el fusilamiento de los dibujantes de la revista Charlie Hebdo encolumnó a toda Francia detrás de la frase Je Suis Charlie, dejando de lado el acuerdo o el desacuerdo de sus satíricas ediciones. La Quinta República entendió este asesinato como un suceso digno de repudiar sin peros que atenúen la vehemencia del reclamo. Esta es la dirección que deberíamos emular: mirar todos juntos para el mismo lado, y borrar del mapa la idea de que “algo habrán hecho”.

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