EL BIG FIVE Y LOS POLÍTICOS

Si en cada individuo humano estudiamos los cinco vectores del BIG FIVE, estamos en condiciones de trazar un retrato psicológico de su personalidad. El retrato no será completo ni exhaustivo, pero comprenderá las grandes líneas de esa personalidad. Vamos a apelar ahora a una investigación que estudia este modelo del Big Five en su aplicación al ámbito político. Los investigadores son Gian Vittorio Caprara y Claudio Barbaranelli (de la Universidad de Roma «La Sapienza») y Philip Zimbardo (de la Stanford University).

De acuerdo a sus estudios, los votantes describen su propia personalidad en base a los cinco factores clásicos del Big Five. También hacen lo mismo cuando describen la personalidad de diversas celebridades (personas de distintos ámbitos, reconocidas por el público masivo). Sin embargo, esos mismos votantes describen la personalidad de los líderes políticos reduciendo la cantidad de factores que consideran. De tal manera que ya no opera el Big Five sino lo que podríamos llamar el Big Two, un modelo mucho más simplificado y reducido para evaluar a los políticos.

La personalidad del político vista por el votante

Bill Clinton, ex presidente estadounidense.

La investigación de Caprara, Barbaranelli y Zimbardo se ha desarrollado básicamente en los Estados Unidos y en Italia. Se trata de dos países muy diferentes culturalmente: por un lado la cultura política anglosajona y por otro lado la cultura política latina. Sin embargo las conclusiones son las mismas en uno y en otro lugar, lo que sugiere que son conclusiones razonablemente generalizables. Por otra parte las muestras de población estudiadas abarcaron a varios miles de individuos y se realizó un seguimiento de los resultados durante varios años. Los ciudadanos investigados eran votantes de Clinton o de Dole (en Estados Unidos) y de Berlusconi, Prodi, D’Alema o Fini (en Italia).

Los descubrimientos resultantes de estos trabajos son claros, relevantes y contundentes:

  1. El votante utiliza los cinco factores del Big Five cuando va a describir su propia personalidad.
  2. El votante utiliza los mismos cinco factores cuando describe la personalidad de las celebridades artísticas, sociales o deportivas.
  3. Cuando el votante describe la personalidad del líder político utiliza solo dos factores principales: Energía y Afabilidad.
  4. La percepción que el votante se forma acerca de la personalidad del político, basada en estos dos factores, presenta una gran estabilidad a lo largo de los años.
  5. Hay una correlación muy alta entre las características de Energía y Afabilidad que el votante se atribuye a sí mismo y las que le atribuye a su candidato preferido.

El político, entonces, para poder ser exitoso necesita puntuar alto en las siguientes características de personalidad: energía, entusiasmo, determinación, dinámica, carácter emprendedor, fuerza, confianza en el desarrollo de la vida, afabilidad, simpatía, carácter amistoso y agradable, cordialidad, autenticidad, lealtad, generosidad, altruismo, apoyo a los demás y sinceridad.

Estos rasgos de personalidad hacen de filtro para determinar qué información es relevante para el votante, qué aspectos van a ser atendidos y cuales no. Esto es imprescindible debido a la sobresaturación informativa que reciben los ciudadanos. Es tanta la información que fluye en todas las direcciones que la persona necesita simplificar, reducir, esquematizar y traer todo eso a un modelo más fácil de aplicar.

Parece razonable, en este contexto, que el votante reduzca la cantidad de variables que tiene que atender para evaluar la personalidad del político. También parece razonable que seleccione los rasgos antes citados, porque los mismos parecen ser buenos predictores del posible desempeño del candidato en caso de ser electo. Es como si el elector privilegiara, de un modo no consciente, la inteligencia emocional de los líderes políticos por encima de otras consideraciones.

Finalmente, también parece razonable que el votante se oriente hacia candidatos donde percibe algunos de sus propios rasgos de personalidad. Se trata de una identificación inconsciente que le da mayores garantías de que su elección es la correcta.