El objeto roto del deseo

Alex Mensaert es un hombre con un poco más de 39 años, dice estar felizmente casado. Hace unos años fue atropellado por un coche y despertó en el hospital con una de sus piernas amputada. Lo que para muchos hubiera sido una experiencia traumática, para Alex fue una sensación placentera y desde entonces siempre ha buscado una excusa para nuevas amputaciones. Al no poder encontrar un médico que amputara el miembro sano, se congeló el brazo en hielo seco, se inyectó silicona para mitigar el dolor y, ayudado con un cuchillo de cocina, decidió amputárselo él mismo. Sus ansias por la automutilación no han disminuido, pero ha decidido detenerse por miedo a perder su independencia.

La bonita historia de Alex tiene un nombre: trastorno de identidad de la integridad corporal (BIID, por sus siglas en inglés), antes llamado apotemnofilia. Pero según el consenso no es una parafilia, definido como el irresistible deseo de realizarse amputaciones en el cuerpo (amputaciones que no son médicamente necesarias), bien por sí mismo o a través de algún cirujano. Como para todo roto hay un descosido, existe otra patología que la complementa, la acrotomofilia que es el gusto por mantener relaciones sexuales con amputados. Todos peturbadoramente felices.

El primer libro dedicado íntegramente a las parafilias fue Psychopathia sexualis (1886), del neurólogo alemán Richard von Krafft-Ebing. Creado como un libro forense, contenía un catálogo minucioso de conductas sexuales insólitas, en forma de historias clínicas detalladas. Algunos contenidos del libro son algo anacrónicos para nuestros tiempos, pero en su época resultó todo un divertimiento para Oscar Wilde, por ejemplo.

No han sido pocos en materia de literatura, cine o arte quienes han explorado la conducta sexual humana fuera de los límites de la normatividad, como Crash, novela de J. G. Ballard, la más conocida gracias a la adaptación cinematográfica de David Cronenberg, trata de las relaciones entre un grupo de personas cuya única manera de excitación consiste en presenciar o participar de accidentes de tráfico. En la película de Cronenberg, Rosanna Arquette interpreta a una mujer que utiliza una ortesis que forma parte importante de su sexualidad.

En el cuento Un brazo, Kawabata nos relata la historia de un hombre profundamente atraído por el brazo de una mujer a tal grado que ella decide prestarlo por un tiempo.

Según Krafft-Ebing: «La adoración de las partes del cuerpo separadas, o incluso de los artículos de vestir, sobre la base de los impulsos sexuales, nos hace evocar, con frecuencia, la glorificación de los objetos santificados en los cultos religiosos».

Fotografía de Romain Slocombe

Romain Slocombe es un ilustrador, cineasta y fotógrafo parisino especializado en retratar lo que él llama «arte médico» o «belleza amenazada» como prefieren otros autores. Se especializa en retratar mujeres cubierta de vendas, escayoladas, con parches o collarines. Está de más decir que en la fijación de Slocombe por esa analogía hospitalaria además de ser un componente estético, posee un fuerte elemento erótico.

Él mismo afirma:

Los vendajes son un símbolo visual… Seas o no fetichista, cuando ves caminar a una persona herida por la calle llevando muletas o un brazo en cabestrillo, tu ojo se ve atraído por la fuerza de la escena, del color blanco… La gente mira a quien ha resultado herido en un accidente de una forma muy especial: esa persona ha sido separada de la realidad, tiene un aura a su alrededor. Para mí, por supuesto, es un fetiche.
Romain Slocombe

La fragilidad inspira un instinto de protección. O un sentimiento de poder, dominación. Así en algunos ámbitos BDSM las prótesis u órtesis se utilizan dentro del juego erótico, complementos que cumplen una función inmovilizadora (un tipo diferente de bondage). Por otro lado, fotógrafos como Helmut Newton retrataban modelos con ostentosas prótesis, a modo de accesorios

Volviendo al BIID, no conlleva solamente una amputación, sino que el objetivo es alterar significativamente la constitución del cuerpo, una especie de (de)construcción corporal en pos de un ideal: la única manera de integrarse es por medio de la fragmentación.

Hans Bellmer, La Poupée

El fetichismo por cuerpos de extremidades cercenadas, muñecas rotas como diría Slocombe, recuerda a la obra de Hans Bellmer y su Poupée. En 1933 Bellmer crea La Muñeca, la esculpe y pinta con dedicación, le fabrica articulaciones incompletas. Al terminarla la fotografía en escenarios boscosos y jardines. La Muñeca adopta poses en situaciones eróticas y sadomasoquistas: objeto lúdico del deseo sufriente, lo remite a su infancia, a la vez que sublima su búsqueda de lo que él llama «mujer víctima» (otros hablan de una mujer-niña, tabú a la vez que musa entre los surrealistas) Continuamente la reconstruye, la desarticula, la desdobla a su antojo.

Hans Bellmer

Tiempo después crea otra muñeca, de aspecto más inquietante pues estaba conformada por un abdomen esférico, alrededor del cual podían acomodarse distintas partes en diversas configuraciones. A partir de ahí crea escenas ambivalentes, la muñeca es un personaje protagonista sin definición exacta. Objeto antropomorfo que incomoda por ser espejo a la vez que paradoja.

Según Rosa Aksenchuk:

La Muñeca es una mezcla compleja de influencias que llegan a veces hasta contradecirse. Objeto erótico y sensual, es a la vez un objeto mórbido y violento. En esta fascinación indeterminada por sentimientos contradictorios, pueden coexistir junto con la sensualidad y el erotismo, la muerte (la muñeca convirtiéndose en mujer muerta).

Las fotografías se publican en la revista Minotaure bajo el título de «Variaciones sobre el montaje de una menor articulada» y en el libro Les Jeux de la poupée, sus dibujos tampoco quedan atrás con su simbiosis de sexos y proyección bondage, de hecho ilustra los libros de Georges Bataille, Pauline Réage y Sade.

Takashi Itsuki
Takashi Itsuki

Breve excusa para publicar las ilustraciones de Takashi Itsuki, sin duda inspiradas en los trabajos de Bellmer. Un sueño lúbrico cyborg.

Por último y con respecto a la recomposición corporal para la satisfacción de los deseos, decía George Bataille que:

«El cuerpo se asemeja a una oración que parece invitarnos a separarla en las letras que la componen, para que sus verdaderos significados puedan revelarse de una manera nueva por medio de una corriente infinita de anagramas».