Estaciones de servicio: de “no-lugares” a espacios que te apetecerá visitar

Aunque no seamos conscientes de ello, nuestra vida está plagada de “no-lugares”. Un término acuñado por el antropólogo francés Marc Augé que sirve para designar todas aquellas zonas en las que, cada día, millones de seres humanos tienen una estancia temporal, de forma anónima, esperando a algo: a que despegue tu avión, a que regrese tu familiar en el próximo tren, a pagar la compra, a que tu coche llene el depósito para seguir en ruta.

Las estaciones de servicio son un claro ejemplo de “no-lugar” definido por la transitoriedad, por la formación de grupos de personas que se encuentran brevemente y se separan al azar, como teorizó Augé. Que repostan, quizás toman un breve café, compran agua y continúan su camino. ¿Y si pudieran ser algo más? ¿Y si pudieran, de hecho, ser mucho más?

Esta pregunta me asaltó recientemente tras aterrizar en México, de donde soy originaria y donde noté algo distinto desde mi último viaje: cada vez hay más marcas de estaciones de servicio, tanto nacionales (Oxxogas, Hidrosina) como internacionales (BP, Total, Shell, Repsol). Y es que la reforma energética del gobierno de Enrique Peña Nieto, que en 2013 puso fin al monopolio en este sector, está consolidando un mercado de libre competencia que florece cada día más.

Esta proliferación de competidores me lleva a pensar que, en México, es un momento perfecto para repensar la experiencia de cliente en las estaciones de servicio, como manera de diferenciación ante la diversidad de marcas luchando por la cuota de mercado. Pero además, en las ciudades de mi país, como en gran parte del mundo, los coches eléctricos y conectados empiezan a tomar la carretera a paso lento pero firme -de hecho, hace muy pocos días se anunció el inicio de la producción del primer automóvil eléctrico mexicano-. Así pues, las empresas proveedoras de combustible -que ahora compiten libremente en México, al igual que en muchas zonas geográficas- se hallan en un punto de inflexión, en el que deben actuar para continuar siendo jugadores clave en un contexto de disrupción tecnológica, legislativa y social bajo la bandera común de la sostenibilidad.

Todos estos factores auguran una transformación del papel de las estaciones de servicio en un futuro cercano. Llevamos tiempo viendo cambios orientados a mejorar la experiencia del cliente, avances importantes en este sentido. Yo pienso en algo más allá de una mejora: ¿y si las estaciones de servicio pudieran dejar de ser un “no-lugar” para convertirse en espacios de valor, en destinos en sí mismos? Espacios donde, para empezar, sucediera algo más que el simple hecho de parar a repostar y comprar algo para el camino.

Existen algunos ejercicios de visión de futuro que tratan de responder a ese interrogante. Por ejemplo, el proyecto “Get Pumped” de Reebok y el estudio de arquitectura Gensler se replantea el significado y el propósito de las estaciones de servicio en 2030, año en el que se prevé que predominen los coches eléctricos. La idea es aprovechar las estaciones y transformarlas en espacios comunitarios, específicamente en “Fitness Hubs”, para así desligarlas de su significado actual y dotarlas de uno nuevo asociado a wellness.

Pero no hay que irse tan lejos como 2030 para empezar a actuar: el reto está ya aquí. En el sector del transporte aéreo, cuya idiosincrasia está ligada al “no-lugar” por excelencia, encontramos el icónico caso del Aeropuerto Changi de Singapur, que hace poco fue elegido, por sexto año consecutivo, el mejor del mundo. La experiencia de Changi es acogedora, 100% centrada en el usuario, y sus increíbles jardines y espacios de ocio -cine incluido- atraen al aeropuerto a personas que ni siquiera tienen que coger un avión. Se ha convertido en un lugar que deseas visitar. Y con la apertura, en 2019, del vínculo entre terminales conocido como “Jewel Changi”, Singapur contará con el primer laberinto de cristal ubicado en un jardín del mundo, y su aeropuerto será la primera e ineludible parada turística, capaz incluso atraer turismo por sí mismo, ya que tiene hasta un hotel. ¿De “no-lugar” a destino turístico? A juzgar por este vídeo que parece más el escenario de una maravillosa utopía de ciencia-ficción que un lugar que va a existir de verdad, la respuesta es: sí, es posible.

¿Aeropuerto o decorado de utopía de ciencia-ficción?

Este ejemplo muestra muy bien cómo un “no-lugar” como un aeropuerto puede ya no solo convertirse en un lugar de valor, sino incluso llegar a tener una entidad propia y muy distinta a su propósito primigenio. Si dejaran de existir los aviones, Changi seguiría recibiendo visitas como parque de ocio, centro de negocios y seguramente muchas cosas más.

Por supuesto, los aviones no van a dejar de existir. Tampoco los coches. Incluso si llegamos a un futuro en el que la gasolina ya no es el medio mayoritario para hacer funcionar el motor, nuestros vehículos tendrán que parar a repostar o cargarse en algún sitio. ¿Por qué no comenzar ya a dejar atrás el estatus de “no-lugar” de las estaciones de servicio? ¿Cómo podemos los estudios de diseño repensar profundamente el uso y la experiencia de las personas en estas zonas? ¿Cómo dotarlas, llegado el caso, de un nuevo significado? Esta eventual resignificación de las estaciones de servicio se nos presenta en Chazz como uno de los retos más interesantes sobre los que reflexionar y trabajar. Un reto en consonancia con nuestra filosofía de generar impacto analizando todos los ángulos, pero pensando, ante todo, en las personas y sus necesidades.

Toda esta reflexión me llevé de México al observar todos los nuevos logos de las estaciones de servicio. ¡Ojalá traiga en la maleta muchas más inspiraciones la próxima vez que vuelva!

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