Tendencias tecnológicas

Antes de hablar de las tendencias tecnológicas, vale la pena recordar algunos sinónimos e intentos de definición, sin pretensión de cerrar ninguna, sino por el contrario, solo la de abrir la mente a la idea de tendencia. Definir es cerrar sentido, y creo que este concepto no se merece eso.

En castellano la palabra deriva del latín. Y tendere, tendens, significa tensar, o dirigirse a, la predisposición de personas o cosas hacia un lugar o fin. Es decir un movimiento, un comportamiento, una afinidad. La fuerza que inclina o mueve un objeto hacia otro objeto o lugar, pero también una propensión, orientación, gusto o interés, así como una forma de interpretar el arte, la política, la economía. Una ideología, forma de pensar, paradigma o canon de un tiempo o lugar. Así, un hábito o una moda o hasta un determinado color o cantante pueden ser una tendencia, o son parte emergente o fenomenológica, manifestación de la misma?

La tendencia nos empuja hacia ella, o nos tracciona? Arrastra a multitudes crecientes, agregando fieles, o por el contrario produce resistencia y fricción, o pueden ocurrir ambas cosas? Las tendencias son totalmente ajenas a nosotros pero sufrimos sus efectos, o somos parte esencial del mismo nacimiento de las tendencias. Todos? O algunos, creadores, líderes o inventores…

Es como un vector, con un origen o causa cierta y conocida o no, una intensidad y dirección? Es la mera unión de puntos en el espacio o plano? Geometría.

Es de corto o de largo plazo? Debe medirse por su alcance, su grado de adopción, cobertura o uso? Importa su etapa o tiempo desde el orígen, o su impacto actual o potencial, directo o indirecto?

Tal vez sea un poco de todo esto, dependiendo del sujeto u objeto, del momento o lugar, del campo o ámbito de uso de este término. De las creencias y valores que dan marco a nuestras interpretaciones. De quién habla, pero también de qué está hablando.

De todos modos, y luego de dar varias de las opciones de significado utilizadas por diversos autores o textos, creo oportuno poner algunos límites al significado de tendencia. Como decía John Naisbbitt en Megatrends, allá por 1982, la tendencia es bottom-up, y persistente, son las modas las que son son top-down y de corta duración. Es decir, como me gusta decir en mis clases, una tendencia es un movimiento profundo, casi tectónico y de largo plazo, con un orígen a veces difícil de rastrear porque obedece a una variedad compleja de causas, descubrimientos o innovaciones. Y también siguiendo a este autor, comparto el hecho de a pesar de que a veces generan resistencia o fricción, lo más fácil es surfearlas, montarse a la ola y dejarse llevar.

De aquel autor recuerdo también la interesante propuesta de empezar a desarrollar una teoría del valor basada en el conocimiento (renovable y autogenerado) y no en el trabajo.

Llegado este punto, puede ayudarnos lo de “tecnológicas” de nuestro título o tema, porque nos permite acotar un poco a las “tendencias”. A concentrarnos en un tipo de tendencias. Aunque por otra parte, tecnología también es un término algo polisémico y complejo de enmarcar.

Kevin Kelly en What technology wants del 2010, la tecnología casi tiene sus propios fines o “deseos”, que en cierto modo acompañan a la biología o la evolución y sus fuerzas motoras. El “casi” es mío, dado que tengo una posición marcadamente instrumentalista y no determinista frente a este fenómeno, y la idea del “techmiun” de Kelly cruza mi barrera. Comparto mucho del diagnóstico, y hasta de las trayectorias (fines) que ese autor le da o confiere a la tecnología, y me parece una metáfora valiosa para seguir pensando pensando el tema.

Las tendencias tecnológicas no aparecen de improviso, aunque sí son disruptivas algunas de sus manifestaciones, y algunos productos y servicios que las encarnan. Es muy común y entendible confundir a las tendencias tecnológicas con sus hijos o emergentes, tal o cual producto, dispositivo o aplicación. También es frecuente ver que se confunde a la tendencia con el “escenario” o conjunto de condiciones económico-políticas o sociales en un cierto tiempo-espacio. Es un concepto vinculado pero distinto. Un determinado escenario puede favorecer o retrasar a corto o mediano plazo el desarrollo o hasta aparición en la superficie de una tendencia, y es claro que la misma tecnología existente y disponible, la frontera del conocimiento, es asimismo otro elemento constitutivo y no menor del escenario o entorno de desarrollo de una tendencia (tecnológica o de otro tipo). En su primer momento de visibilización de una tendencia, su representación tecnológica pareciera seguir la trayectoria de menor resistencia, es decir desarrollarse allí dónde se dan las condiciones más favorables o su necesidad es mayor. Esta tecnología o innovación es usada primero por algunos pocos, y generalmente para hacer algo todavía bajo el viejo paradigma, para mejorar la eficiencia de alguna otra tecnología o proceso existente. Es una fase extensiva y exploratoria, luego se agregan más y más usos y usuarios, se hace intensiva además de extenderse y sólo luego de un cierto período se produce el salto estratégica, el aprovechamiento en repensar el qué y no sólo el cómo de un proceso o uso. La tecnología asimismo suma proveedores, converge con otras tecnologías o tendencias. Y en cada generación muta y se regenera, aumentado o extendiendo sus usos, y descubriendo su propia identidad y límites. De alguna manera tiendo a asimilar estos pasos al análisis de las tétradas de Marshall McLuhan respecto de la aparición de nuevos medios.

Hoy son diversos los Reportes e Investigaciones que abordan el tema de las tendencias tecnológicas con distintos criterios o miradas según la fuente, el cliente o destinatario del estudio. Varias consultoras especializadas en nuevas tecnologías, telecomunicaciones, medios e informática, así como empresas y organizaciones relacionadas a estos temas suelen producir y liberar en base anual sus listas, descripciones y análisis de las diez, doce, veinte, más o menos tendencias tecnológícas “del año o la década”.

Desde un comienzo coexisten dos miradas opuestas pero complementarias. Una, que podemos llamar de oferta, ingenieril o técnica, privilegia los materiales o procesos de fabricación o de desarrollo de estas tecnologías y en el otro extremo, desde el marketing o el consumidor se prioriza en la elección y hasta en la denominación, el efecto o beneficio, o la forma de uso o consumo.

Así las listas de las principales tendencias tecnológicas divergen bastante si el tema se enfoca desde los “consumos de medios o audiovisuales”, o desde la tecnología de base, o si lo que se considera son sus impactos organizacionales, o los económicos, macro o micro. Incluso varían en extensión o calidad si se pone en o desde las telecomunicaciones o desde la informática.

Además están los egos de autores y las patentes de empresas y el deseo de rebautizar y así “semi” apropiarse de algunas de las derivadas de una tendencia tecnológica, a veces por mercados verticales, o campo de aplicación o uso.

Así, consolidar una lista única de tendencias tecnológicas es tarea compleja y requiere definir previamente estos criterios. O no. En todo el resultado en general son listas de diversa tipificación que responden no a uno, sino a varios criterios. Las tecnologías por su parte, lo dijimos y lo reiteramos, convergen y se hibridan, divergen y evolucionan. Mutan, y repetimos, lo hacen a gran velocidad, aceleradamente.

Las fuentes de los cambios de las tendencias tecnológicas, su mismo origen, se enraíza en cambios económicos, demográficos, sociopolíticos, ambientales, o en otras tecnologías, descubrimientos, accidentes o invenciones. Y claro está, las tecnologías también alimentan cambios en todas las “fuentes”. El juego es complejo, evolutivo, dinámico. El resultado neto es muchas veces un emergente, una externalidad.

Algunos productos icónicos de las TIC han sido o son llamados “tendencia”, pero creo que confundir a cada manifestación con “la tendencia” es un error analítico con efectos cuali-cuantitativos de diagnóstico y proyección, aunque literaria o coloquialmente sea inocuo y hasta feliz.

A veces el tamaño de mercado o tiempo desde la innovación define que algo sea considerado tendencia tecnológica (o de otro tipo). Movilidad es una tendencia, pregunto en clase, y la respuesta es unánime y positiva, y fundamentada en el claro desarrollo cuantitativo de la movilidad tecnológica, ya sea medida en líneas, dispositivos, o consumos, consultas o compras en línea. Entonces IOT no lo es, repregunto? Ahí si, también, aunque está en las etapas iniciales y aún no es masiva, pero lo será a muy corto plazo contestan acertadamente. Y la IA, a la que le falta mucho más para su masividad? También responden, porque es seguro que hacia allá vamos. Volvemos a la tendencia si implica un destino final y seguro de un viaje. Algo así.

Recordemos que para los diccionarios tendencia es un sustantivo, pero tender es un verbo, transitivo cuando es la causa del movimiento, dirección o cambio de ésta, e intransitivo si se refiere al hecho de tomar o elegir una dirección. Causa y fin. Complicado, pero es esto en parte lo que hace al tema interesante.

Como esbozamos el principio, una tendencia puede ser como un rayo tractor o fuerza impulsora pero también generar resistencia. Hoy los conductores de taxis marchan en Buenos Aires contra el modelo de negocios colaborativo que invade su territorio, y mañana puede ser que los conductores de estas nuevas empresas organicen una marcha o revuelta contra el avance de los autos autónomos.

Siempre hemos exagerado los efectos y usos de la tecnología forzando así sus límites y mejorando la comprensión de la parte real, entre la utopía y la distopía. La tecnología y el conocimiento han tenido muchos amigos pero también algunos enemigos.

Desde la mitología nos llegan las historias sobre la Panacea que todo lo cura, la caja de Pandora que encierra todos los males, así como el aporte de Prometeo, que se robó el fuego de los dioses y se lo entregó al hombre, así como los descuidos en el reparto de dones de su torpe hermano Epimeteo.

Hoy, aún, parece que seguimos marcados por aquello de que el fruto de árbol de la ciencia no puede ser comido sin costo o consecuencias.

Para cerrar, recordemos a Melvin Kranzberg, fundador de la Sociedad para la Historia de la Tecnología y sus 6 leyes:

1. La tecnología no es buena ni mala, pero tampoco es neutral.

2. La invención es la madre de la necesidad.

3. La tecnología viene en paquetes, grandes y pequeños.

4. A pesar que la tecnología puede ser un elemento primordial en muchos temas de interés público, los factores no técnicos tienen prioridad en las decisiones de política tecnológica.

5. Toda la tecnología es relevante, pero la historia de la tecnología es más relevante.

6. La tecnología es una actividad muy humana, como también lo es la historia de la tecnología​.

Coincido con este autor en que se debe evaluar en cada caso y momento cómo es que se está usando una tecnología, para qué, y quién la usa, para intentar determinar si es buena o mala…

Ya no depende (al menos en tecnología de la información) del designio o diseño del “inventor” sino de los usuarios. Nosotros.