Una breve historia de la era digital

Recuerdo que en mi juventud, tal vez influenciado por Verne y otras lecturas, la crisis de los misiles, la llegada del hombre a la luna, películas como 2001 o Solaris, los dibujos de los Supersónicos y la TV de los sábados por la tarde, estaba seguro de estar transitando la era atómica y espacial.

Como les cuento a mis alumnos, en la semana en que nací y hacia mis primeros sonidos, Laika ladraba por última vez desde el cielo.

Sumando los programas de Cousteau, la serie Viaje al Fondo del Mar y las notas en diarios y revistas de actualidad, era fácil imaginar que en el 2000 o poco más adelante, habría asentamientos humanos bajo el océano y en la superficie de nuestro satélite natural. Al menos semipermanentes, como los que ya había en la Antártida. Autos voladores y robots para el servicio hogareño serían algo cotidiano, tanto como una amplia variedad de comidas sintéticas.

Nada de eso se cumplió en esa medida y forma, aunque es cierto que los robots para asistir a humanos están en una etapa avanzada en la tierra del sol naciente y otros países, que se habla de vuelos tripulados a Marte, y que drones de vigilancia y reparto, tanto como autos no tripulados comienzan a surcar cielo y tierra, y que desde un reloj pulsera o teléfonos móviles podemos establecer comunicaciones al estilo de Dick Tracy o de Bond, James Bond.

Es claro que seguimos transitando la era atómica y espacial, pero que, por suerte a lo mejor, sus beneficios y control siguen acotados a gobiernos o ciertas empresas o instituciones, por fuera del uso o consumo masivo u hogareño.

En aquellos mismos años de los comienzo de la carrera espacial y nuclear comenzaba a desarrollarse asimismo otra rama de la tecnología. La informática y las telecomunicaciones.

Si tomamos la invención del transistor y de los primeros circuitos integrados como un tentativo punto de partida de lo que hoy llamamos tecnologías de la información y comunicaciones o simplemente TIC, estamos a escasos 60 o 70 años de sus orígenes, pero, en este caso, la familia de productos y servicios basados en sus derivaciones, desarrollos e implementaciones es intensa y extensa, así como masivo y habitual es su uso por parte de personas de todas edades y niveles.

También podríamos remontarnos al Siglo XVIII con la máquina analítica de Charles Babbage diseñada a partir de las tarjetas perforadas del telar de Jean Marie Jacquard, o situarnos en un punto medio con la ENIAC del 1946 o los ya históricos primeros textos de Norbert Wiener sobre cibernética de entre 1948 y 1950.

En todo caso, es poco tiempo. Nada en términos históricos.

Pero en términos cuantitativos y cualitativos la evolución es sorprendente.

Hoy hay en el mundo más de 4 mil millones de usuarios únicos de telefonía celular, uno de los íconos de esta revolución, y puerta de entrada más frecuente a las aplicaciones y beneficios de internet y la web (nacidas en 1993/95) para el 50% de la humanidad.

Otras estadísticas nos muestran que exponencial es el calificativo que usamos correctamente y desde hace un par de décadas para describir el crecimiento en la difusión y uso de las TIC:

- El primer video fue subido a YouTube en abril de 2005, hoy se suben a esa plataforma más de 300 horas de video por cada minuto, y por día más de 5 mil millones de videos son vistos en ella.

- En 2017 circuló más tráfico en internet que en todos los años anteriores acumulados

- La red social Facebook tiene más de 2.000 millones de usuarios convirtiéndola en la “nación” digital más grande del mundo.

- En un minuto se hacen 3,7 millones de búsquedas en Google.

- En agosto de 1991, Tim Berners-Lee publicó el primer sitio web, a la fecha son cerca de mil millones.

- Las ventas globales del comercio electrónico b2c superaron los 2 millones de millones de dólares.

- Desde aquella primer llamada hecha por Martin Cooper a comienzos de 1973, la cantidad mundial de suscriptores de líneas móviles superó a fin de 2015 a la población, al sobrepasar los 7.300 millones de líneas.

La velocidad del cambio es una de las características que más impacta a los expertos y analistas de este proceso, sean estos economistas, periodistas, ingenieros, urbanistas o sociólogos.

Cierto es que hubo varias fases o etapas, y en cada una de ellas diferentes razones o motores para este crecimiento.

En una historia muy breve y simple que me gusta narrar a mis alumnos. Simplifico o exagero diciendo que estas tecnologías tuvieron como elementos básicos de su metabolismo inicial un proceso de miniaturización de sus componentes y partes esenciales o “inteligentes”, acompañado de un aumento de la capacidad y velocidad de procesamiento, y qué eso ocurrió mientras el costo de producción se reducía más que proporcionalmente año a año. La Ley de Moore, ni más ni menos. Corrían los 60´s y 70´s.

A estos datos fabriles y técnicos, agrego que los mismos se reflejaron de inmediato en productos para el usuario más pequeños, más poderosos y rápidos, pero, muy importante mucho más económicos. Pero, y mucho más importante en mi mirada del fenómeno de adopción masiva, se hicieron más fáciles de usar, casi intuitivos, de apropiación casi espontánea. Y este salto de usos científicos o corporativos a hogareños y personales explica la segunda gran fase de crecimiento, de la mano de la PC. Eran los 80´s.

En una historia que todos conocemos pero vale la pena recordar, los 90´s introdujeron un acelerador increíble del crecimiento de los beneficios de la adopción de TIC, internet y la world wide web.

Suelo designar a ese momento como la primera convergencia de la era TIC, sociedad digital, de la información o del conocimiento. La unión de la tecnología informática con los avances de las redes y sistemas de telecomunicación, y los agregados del mundo de los contenidos. La extensión de los beneficios iba ahora desde los usos más técnicos, profesionales o laborales, al más variado entretenimiento o busca de datos. Información, comunicación y pasatiempo, ocio y negocio, trabajo, estudio, juego y posibilidades de socialización casi sin límites físicos.

Y este fenómeno a su vez vino de la mano de un cambio topológico. La tradicional organización piramidal y jerárquica muta día a día hacia formas más horizontales de relación. Las redes sociales son un epifenómeno visible de esta etapa, y Apps de búsqueda de empleo, productos, precios o de contactos proliferan.

Estos aspectos topológicos de la arquitectura tienen (o son) organizacionales, y por lo tanto influyen en los formatos y reglas de todo tipo de organización, así como en los modelos de negocio, y sin dudas están implicando cambios, no sólo en la comunicación política sino en la división, especialización y valor del trabajo, y en el mismo régimen socio-político. Cambios profundos, duraderos y con resultados impredecibles. Claramente esto ocurre no sólo como consecuencia de la nueva tecnología y su arquitectura como fuerzas aisladas, sino en conjunto o combinación compleja con la globalización, la secularización y otros cambios. Alvin Toffler mencionaba hace ya más de cuatro décadas a la novedad, la diversidad y la transitoriedad como partes esenciales de su “fórmula explosiva”.

Recientemente a esta arquitectura descentralizada en red (redes!) se agregó un nuevo estadio de ruptura de la masa, espacio y tiempo: la nube (o mejor dicho las nubes), que completan este don o característica de la ubicuidad de las TIC, y del hombre.

Esta fase promete una segunda explosión de masividad en la conectividad no sólo desde los avances en la tecnología de transmisión, comunicación o almacenamiento, o de la variedad de dispositivos móviles y personales, sino y fundamentalmente de lo que se ha denominado internet de las cosas o del todo (IOT o IOE en sus siglas en inglés). No sólo gente conectada con otra gente, personas con personas, y personas con fuentes o reservorios de información, sino asimismo máquinas y “cosas” conectadas. Sensores desplegados por nuestras infraestructuras energéticas, de transporte, de comunicación y en nuestros hogares y productos. A esta fase la suelo denominar, dependiendo del público, como la segunda convergencia.

Objetos con sensores y capacidad de comunicación, así devenidos en objetos sociales, multiplicando por 5 y hasta por 10 y a corto plazo (2020) los nodos de la red de redes. Miles de millones de dispositivos tomando y transmitiendo datos, midiendo y compartiendo un volumen de información inconmensurable. Un mundo hiper-inter-conectado y en tiempo real. También en consecuencia un mundo hiper-inter-dependiente. Un mundo más chico y plano como refieren algunos autores? O un mundo mucho más grande, según qué querramos expresar. Si sólo medimos distancia, grados de separación o tiempo, o si en cambio deseamos especular sobre la capacidad de innovación en base al poder de análisis (Analitics) ese volumen enorme y creciente de información (Big Data) y la resultante creación de valor y de nuevo sentido (new meaning)

Objetos devenidos en sociales. Personas con capacidades ampliadas ya sea con ayuda de dispositivos TIC, por avances de la biotecnología, o por compartir en tiempo real conocimiento explícito en dimensiones nunca previstas, pero también conocimiento tácito en red con otros o son sistemas expertos o con Inteligencia Artificial. Y esto desde diferentes dispositivos, tecnologías de conexión, en muy variados momentos y lugares y con infinitos fines.

La etapa próxima, ya presente pero aún no totalmente desarrollada, vendrá de la mano de otros cambios (o tendencias, o tecnologías?). Cambios en las interfaces entre hombre y máquina, que serán cada días más simples, rápidas, seguras y humanizadas: el speech recognition, la biometría, los bots, agentes o asistentes virtuales entre otras.

Cambios en los materiales. El grafeno y otros compuestos del carbono reemplazando al silicio. Nuevos plásticos o sustancias con nuevas (o ampliadas) propiedades.

La inteligencia en los sistemas, las aplicaciones, las redes y los dispositivos. No sólo la llamada inteligencia artificial, sino ésta combinada, complementando a la humana en colaboración.

Ciencias o tecnologías enteramente nuevas, la genómica entre otras.

Una virtualización constante y creciente, digitalización del dinero del comercio, de la educación, y de la masa, descomponiendo y fabricando partes y objetos de modo descentralizado a su creación o diseño. Otro salto cuántico en la ruptura acelerada o reducción infinitesimal de la masa, del tiempo y del espacio. Y la tercera convergencia, la cada día más posible y sorprendente hibridación entre el hombre y la máquina. El punto de singularidad, el encuentro de la tecnología y la biología.

En esta historia, cabe destacar (siempre sin ánimo determinista) que cada paso, cada avance de la tecnología de la información, grande o pequeño, como el lenguaje, la escritura, el papel o el pergamino, la imprenta o el telégrafo, la radio y la televisión, amplió enormemente la cantidad y diversidad de los contenidos, de la información y del conocimiento, emergiendo de cada fase también un núcleo de mayor calidad o potencia. Cada nuevo invento o paso de las tecnologías de la información fue un paso cierto, fuerte y claro, en la ruptura de los límites que la masa, la distancia y el tiempo imponían a estos procesos. Cada etapa incrementó nuestra capacidad epistémica de relevar, guardar, procesar y compartir datos, y asimismo la posibilidad de convertir datos en información, información en conocimiento y conocimiento en inteligencia para resolver problemas y crear valor económico y social.

La tecnología en general colaboró con la civilización en potenciar lo que la naturaleza había provisto a nuestros músculos, nuestra fuerza y velocidad, pero la tecnología de la información en particular está extendiendo las fronteras del conocimiento, nuestras capacidades cognitivas e incluso y de modo creciente, nuestras posibilidades sensoriales. Lo que algunos llaman el punto de singularidad de la humanidad no es otra cosa que la tecnología convergiendo, atravesando y hasta confundiéndose con la biología.

Hoy el conocimiento es el activo, insumo principal y factor de producción de toda actividad humana.

Al mismo tiempo es el emergente o resultado principal de éstas.

Hoy hay una nueva “fórmula explosiva” (mi recuerdo afectuoso para Alvin Toffler!), la del momento 4.0: la combinación de Internet de las Cosas (IOT), la Ciencia de Datos y la Inteligencia Artificial en un entorno de nube más blockchain, permitiendo un nuevo salto epistémico masivo a escala global.

Las implicancias positivas de esto, así como muchas dudas y caveats serán motivo de investigación y debate creciente, desde cada perspectiva ideológica y desde cada ámbito profesional y científico.

Esperemos que no se esté gestando una contra revolución tecnológica, una contra reforma TIC, desde la ignorancia y el miedo a lo desconocido. De eso hablaremos en otra nota…

Toda historia es sólo una versión, y esta mi versión de la génesis de la era digital.