Fuente: Geralt

¿Existe la procrastinación productiva?

Contra muchas intuiciones, procrastinar implica abrir la puerta a un universo alternativo tan productivo como inútil

Una de las confusiones más habituales es la de confundir la procrastinación con la gandulería, con la pereza. Esta confusión es habitual y lógica entre quienes todavía no comprenden la esencia del fenómeno, y no pocas veces suelen despacharlo despreciando a quienes procrastinan, tachándolos de simples vagos.

Ya sabemos que ésto no es así, ya que procrastinar es básicamente una conducta de evitación, no a través de abandonar las tareas para hacer nada (o hacerlas de mala gana) sino mediante la concentración en otras tareas accesorias, que se desempeñan con eficiencia y denuedo.

En el otro polo existe la escuela de pensamiento que sostiene que la procrastinación, lejos de ser un enemigo declarado de la productividad, es una herramienta más para potenciarla. 
Según esta teoría, bastaría con aplicar hábiles estrategias de reordenamiento de nuestras tareas pendientes para conseguir que las prioritarias fueran las procrastinadas y viceversa. Lo cierto es que rara vez se ha reportado la eficacia de estas técnicas, y el mito de la procrastinación productiva es algo que descansa en el armario de las hipótesis.

Realmente cuando procrastinamos estamos minando nuestra productividad, ya que las tareas que nos hemos programado para desempeñar se quedan invariablemente en un estado de abandono. Lo que ocurre es que, al ser una conducta de evitación, cuanto más productivos seamos en el desempeño de esas otras tareas a las que nos entregamos para escondernos de las obligaciones, más a refugio nos sentiremos. 
Pero ¿a refugio de qué exactamente? Fundamentalmente del sentimiento de culpa que indefectiblemente emerge en la mente del procrastinador, que nunca deja de ser consciente de estar postergando aquellas tareas que realmente debería estar haciendo, y que esa postergación le supondrá un grave problema en el futuro.

Si sustituyéramos ese abandono de nuestras tareas por un estado pasivo de reflexión e inactividad, es muy probable que acabáramos atormentados por ese sentimiento. Y como la misión fundamental de nuestro cerebro es la de protegernos contra el malestar, nos entregamos con energía a cualquier otra actividad que nos reporte algún tipo de placer, de feedback positivo. Esto puede ser desde pasar horas entretenidos con un videojuego a ponernos a reformar un jardín cuya reparación no era, para nada, algo urgente.

Uno de los puntos clave a la hora de abordar la procrastinación como problema estriba en que imprimimos una emoción excesiva a unas tareas que quizá no lo merezcan

Al acabar un enésimo ciclo de procrastinación, nos daremos cuenta de lo mucho que hemos perfeccionado la técnica en ese videojuego (consiguiendo un récord de puntos) o de lo eficientes que fuimos reformando el jardín. Estas percepciones funcionarán como una conveniente dosis de autoestima que compense lo miserables que nos sentimos por debajo por haber abandonado esas tareas que teníamos listadas como urgentes u obligatorias.

¿Entonces, fuimos productivos procrastinando? La respuesta es afirmativa, pero solamente en aquellas cosas que estaban fuera de nuestro ámbito de relevancia. Dicho de otro modo ¿de qué sirve ser productivo en lo irrelevante?

Uno de los puntos clave a la hora de abordar la procrastinación como problema estriba en que imprimimos una emoción excesiva a unas tareas que quizá no lo merezcan. 
A fin de cuentas, aunque redactar un presupuesto o una memoria sea algo clave e importante en nuestro día a día, se trata únicamente de trabajo, algo con lo que deberíamos guardar una razonable distancia emocional de seguridad. Si logramos acotar cuán apesadumbrados nos sentimos cuando nos encargan una tarea tediosa, podremos superar el umbral que nos impide abordarla y ejecutarla sin más, sin sentir ninguna carga pesada por ello.

Así que, para evitar esa procrastinación que mina tu productividad, cuando la lista de tareas se haga muy cuesta arriba, bebe de alguna fuente externa de emociones que te aporten energía suficiente y luego, simplemente, ejecútalas. Sin más ;-)