Decir No es una Transformación

Cuánto estás dispuesto al cambio

by Karol Dach

Cuando tenía que hacer una llamada hace unos días me quedé tieso, luego lo postergué y dejé sin llamar. En ese momento supe que estaba procastinando y a su vez me daba cuenta que era estúpido hacerlo. No había peligro, no había riesgo…o sí.

Sí que lo había. Iba a ser una llamada para acordar una posibilidad de un proyecto en conjunto, cuál podía ser este riesgo.

El riesgo que existía era la posibilidad de que me dijeran que no…Sí, que me dijeran que no.

Qué extraña relación tenemos con esta palabra.

Eran los estructuralistas que habían dicho que el lenguaje se constituía en relaciones sintagmáticas y paradigmáticas…y que en cada elemento que estaba en la cadena del enunciado ocupaba un lugar que valía tanto por sí mismo como por lo que no estaba allí. Y con el No estaba en este caso…Implicaba que podía existir el No pero también existía el . Así cualquier palabra no era una moneda al aire, ni una opción cualquiera a optar.

En ese momento el No, no solo era una negación sino un rechazo. Y uno tiende a personalizar, este rechazo es a mí, nos decimos. A lo que yo considero que soy.

Cuánto tenemos que transformar nuestra relación con el lenguaje.

No, desde la otra vereda

Pero saltando al otro lado de la vereda, qué sucede cuando soy yo el que dice NO. Acaso no está también la posibilidad del rechazo.

Cuando digo No, temo la posibilidad del rechazo

Pero esta posibilidad que está ahí, es realmente cierta?…Lise Borbeau en un libro que se llama “Las cinco heridas que impiden ser uno mismo” plantea esta hipótesis, cómo tenemos cierta capacidad para reconocer palabras o situaciones que despiertan esta sensación de rechazo, y en algunas personas es más patente que en otras. Y esto exige un alto grado de introspección.

La cuestión es que No es una palabra que abre un espacio de transformación. Cuando lo escucho y cuando lo digo. Vayamos un poco más allá con esto.

Cuando digo No

Decir No, es una tarea difícil para los que somos procastinadores.

Porque exige tener claro, a qué le estoy diciendo que sí…y esa es la parte más difícil de todo esto. Nos obliga a tener que sostenernos en nuestra decisión. Y confiar que lo que quiero es lo mejor para todos, o al menos, para mí.

Y esta confianza no es algo que se afronte así como así. Al comienzo nos va a producir muchas dudas. Pero además nos llevará a confrontar con esa sensación de separación con el otro o los otros. O lo que simplificaba más arriba con la palabra rechazo.

Productividad y No

Todo esto a cuento de que cada día, para ponerme a accionar, tengo que elegir qué haré y lo que NO haré.

Para poder priorizar dónde pondré mi atención diré a algunas cosas que No y a otras que . Este proceso diario, que al fin y al cabo, implica mucho cuando hablamos deproductividad personal, y de gestión de tareas, es solo el ápice del iceberg, lo visible. Y al final de cierto periodo de tiempo, impacta en las acciones que realizo para alcanzar mis objetivos.

Por eso cuando comenzamos un proceso de mejora de mi productividad, lo que debo decidir es qué de lo que tengo voy a conservar después de este proceso.

cuando comenzamos un proceso de mejora de mi productividad, lo que debo decidir es qué de lo que tengo voy a conservar después de este proceso.

Eso será piedra fundacional para nuestro proceso. Sabemos que eso es algo que será nuestro marco de referencia. Y qué conformorá nuestra política de gestión.

Es un ejercicio que realizo en mis talleres, pero de manera inversa, les pregunto qué quieren obtener, definiendo en varios cuadrantes qué tienen y en qué calidad según ellos. Al segundo día del taller, cuando revisamos qué hicieron de eso que decían que iban a hacer para alcanzar lo que decían no tener, se dan cuenta que no hicieron nada de lo que habían dicho. Y esto, más allá que es la razón por la que van al taller, también nos permite ver qué tenemos. En estos casos decir No hice, implica un proceso de reconocer qué estoy conforme con otras cosas que tengo.

Y decirle que sí a esto ya es un No. Recuerda eso que decía más arriba de los estructuralistas. Este No ocupa el lugar de un Sí, a su vez. Sí quiero esto, por eso puedo decir que No a esto otro. Postergarlo o dejarlo de lado por siempre.

Entonces antes de comenzar a enfocar tu atención en lo que no tienes, podrías antes que nada hacer una lista de lo que tienes y quieres conservar.

No como espacio de transformación

Desde esta perspectiva de definir lo que quiero, poder decir que No quiero me abre una experiencia de aprendizaje de mi mismo. De lo que tengo y valoro. De lo que creo que no tengo, y de lo que necesito para lograr algo.

Como beneficio inmediato, verás como tu día se hace con más horas, porque al decir No a algo que estabas haciendo, surgirá un espacio que no será ocupado por nada. Me permitirá tener más atención disponible a mis tareas relevantes, para enfocarme en lo que tengo ya. Y en lo que quiero lograr.

Ese espacio de transformación está ahí. Y si lo considero como un espacio de aprendizaje no tengo que tener más confianza o certeza de nada. Decir No es algo que puedo decir con lugar para equivocarme. Porque eso es lo más interesante de los espacios de aprendizaje, son espacios para experimentar. Y eso ya me hace sentir más liviano para poder accionar cada día.

Y en cada pequeño accionar del día a día, obtengo retro-alimentación para identificar si esos que doy día a día tienen sentido para mí. Sino no lo tiene puedes decirles que No también.

Así que permítete decir más veces que No, cada vez que lo digas nota que con esto refuerzas lo que Si quieres para ti. Y a su vez abres espacios para enfocar tu atención a lo que es tu meta hoy. Para aprender de ti mismo.

La productividad es el camino. Disfruta


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PD: como pracastinador obseso no prometo la semana que viene realizar otro artículo, al menos no antes del miércoles cuando las alarmas se enciendan.