Declutter, el reto de todos los días

Simplificando la vida a todos niveles

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No he encontrado una traducción al español que me convenza por completo para el verbo en inglés “declutter”. Si el sustantivo “clutter” significa lío, desorden, acumulación, maraña; “declutter” sería algo así como despejar, organizar, depurar, simplificar. Ustedes perdonarán el abuso del anglicismo (práctica a la que generalmente me opongo si no está justificado), pero en esta nota me voy a permitir usar “clutter” y “declutter” en su idioma original, así que de aquí en adelante las dejo de entrecomillar.

Me viene desde la cuna

Para mí, el clutter es parte inherente de mi vida desde que nací. Crecí en una casa donde la acumulación era normal. Mi papá era coleccionista de mil y un curiosidades, y no sólo colecciones como tal, simplemente acumulaba todo lo que por su vida iba pasando, con la firme convicción de que más adelante le daría alguna utilidad. Así, lo que en 1969 era una casa con espacio de sobra para él y mi mamá, muy pronto acabó por ser insuficiente para la cantidad de triques y tiliches (palabras mexicanas que me encantan) que iban entrando por esa puerta.

Mi mamá, a los pocos años de casada, se dio cuenta de que era una característica de su esposo que no podría eliminar nunca, así que, por su salud mental, siempre trató de llevar la fiesta en paz, tratando de mantener sus cosas lo más organizadas posibles. Pero al paso de los años, ya con cuatro personas viviendo en la casa, el espacio siempre parecía escaso. Mi papá siempre se las arreglaba para construir una repisa más, un cajonero adicional, un librero nuevo, etc., donde cualquier centímetro era espacio disponible para poner más cosas.

En sus últimos años, ya jubilado, mi papá disfrutaba pasar horas revisando periódicos y revistas, recortando lo que a él le parecía que podría servirle algún día, como: recetas de cocina, artículos sobre viajes, reportajes científicos, etc. Así, clasificaba y guardaba en carpetas los recortes por tema. La vida no le alcanzó para volver a abrir esas carpetas y releer lo que había recortado hace algunos meses o años. Aunque puedo decir que mi papá siempre fue feliz rodeado de sus mil y un colecciones, curiosidades, adornos y recuerdos de todo tipo.

El proceso del declutter, buscando el lado opuesto del péndulo

Aunque en esa casa pasé la infancia más feliz que pude haber tenido, siempre pienso que la tendencia a la acumulación con la que conviví inconscientemente desde que nací, marcó mi vida en un sentido positivo. Hoy puedo decir que he hecho del declutter una de mis prácticas básicas de mi vida.

Desde chica trataba de tener organizados mis cajones, mi recámara, mi closet. Y aunque la tendencia familiar me ganaba y con mucha frecuencia guardaba más de lo que necesitaba, también creo que es normal en la infancia y adolescencia.

Lo del declutter para mí ha sido un proceso paulatino, una práctica que no ha sido fácil adoptar de un día para otro, y que se vuelve una batalla de todos los días. No hay nada más difícil que luchar contra los hábitos, contra los comportamientos que hacemos casi instintiva o automáticamente. El primer obstáculo es cuando asumimos que la tendencia a acumular y a rodearnos de posesiones materiales es parte de nuestra personalidad propia y no hace daño a nadie. Y puede ser que efectivamente a nadie le cause daño, pero estoy convencida que las posesiones materiales que rebasan nuestras necesidades y comodidades causan cierta esclavitud.

En mi caso, el haber tenido 4 mudanzas me ha ayudado a ir depurando mis pertenencias. Sin duda, algo que me ha ayudado cada día es tener un esposo anti-acumulación y anti-desorden. Cuando flaqueo, tengo en casa el recordatorio amigable de lo que sale sobrando o de lo que hay que despejar, y cada vez necesito más intervención externa.

No pretendo llegar al extremo de decir que hay que vivir con dos prendas de ropa, una cama y una mesa, ni existe una lista de “las cosas básicas y esenciales para el ser humano”, porque cada persona es distinta y tenemos necesidades diferentes. Sin embargo, el llevar una vida lo más simple posible en términos de posesiones materiales, asegura que dediquemos energía, tiempo -y hasta dinero- a las cosas que más importan.

Todas las cosas materiales requieren no sólo espacio sino también atención; llámese mantenimiento, limpieza, cuidado, uso, etc. Hay gente que llega al punto de vivir para conservar y mantener sus posesiones materiales, cuando debería ser a la inversa: las cosas materiales son para servirnos y para hacernos la vida más fácil.

El declutter en la práctica

La mentalidad de “lo guardo porque un día lo voy a necesitar” la tengo prácticamente desechada. El declutter, más que una tarea en la lista de pendientes, debe verse como una forma de vida, para que no sea un lastre que pese todos los días. Es decir, no es que todos los días tenemos que estar organizando, depurando y haciendo limpieza, sino que debemos ir un paso atrás y de entrada bloquear al mínimo la entrada del clutter de nuestra vida.

Me refiero no sólo las cosas que uno compra o acumula todos los días, la ropa que ya no nos ponemos, las cosas de comida en la alacena que llevan meses ahí, los cajones que sólo se abren para meterles más cosas; también hay clutter digital: el escritorio de nuestra computadora, los PDFs que uno descarga y no lee, las mil aplicaciones que bajamos en el celular o la tablet y que no usamos, los emails que se acumulan y no se borran o se responden, las fotos sin organizar; en sí todo lo que forma nuestro archivo digital.

Mi casa es más bien minimalista: los muebles necesarios, decoración básica (o hasta escasa), mucho espacio y aire. Y no tiene tanto que ver con el tamaño sino con la organización.

El clutter no sólo nos resta espacio físico, sino que crea un estado mental y percepción negativa ante nuestra casa, oficina, coche, o los mismos dispositivos electrónicos. Nos resta productividad, enfoque y energía.

Si todos los días hacemos un poco de “mantenimiento” y depuramos y organizamos nuestros espacios físicos y digitales, será más fácil que acumular a tope, y un día tener que decidir en qué espacio del calendario podemos dedicar tiempo a poner orden.

La próxima vez que entre algo en tu casa o en tu vida en general, piensa si merece tu espacio y atención, si no, deséchalo. Tu productividad, tu energía y tu bienestar en general lo agradecerán.