011. Violencia simbólica

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“Florentino Ariza empezó a hojearlos sin prisa, pensando más en sus pasos siguientes que en lo que estaba viendo, y de pronto alzó la mirada y vio que ella tenía los ojos llenos de lágrimas. Le aconsejó que llorara cuanto quisiera, sin pudor, pues nada aliviaba como el llanto, pero le sugirió que se aflojara el corpiño para llorar. Él se apresuró a ayudarla, porque el corpiño estaba ajustado a la fuerza en la espalda con una larga costura de cordones cruzados. No tuvo que terminar, pues el corpiño acabó de soltarse solo por la presión interna, y la tetamenta astronómica respiró a sus anchas.” El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez

Tetamenta es una palabra que no tiene entrada en el diccionario de la RAE, estaba buena como para hacer un Scrabble. ¡Lástima!

Yo crecí acomplejada con mi tetamenta, que quizá no sea realmente astronómica pero que me ha causado muchos momentos de inseguridad callejera e incomodidad. Me tocaron las tetas sin consentimiento demasiadas veces, con el tiempo aprendés a dar piñazos a tus agresores o a insultarlos pero la primera vez que lo hacen es siempre un momento de extrema vulnerabilidad.

Tenía como 14 o 15 años y estaba caminando hacia casa con mi uniforme de colegio, pasó un tipo en bici y me metió mano. Lloré como vaca, me sentí ultrajada. Después siguió pasando, otras veces. Siempre llorás de rabia y te sentís insegura y a veces empezás a odiarlas. Me pasó eso.

A veces voy caminando tranquilamente por la calle y alguien me grita algo sobre ellas, cualquier cosa, que son grandes, que son lindas, que las quieren tocar o lamer o lo que fuera. A cualquier hora, a veces a la mañana cuando pensás que todo el mundo esta zombie y nadie tiene energía para andar mirando tetas y haciendo odas vulgares, siempre hay alguien que desafía toda lógica y tiene suficiente osadía como para hacerte sentir que sos algo como tetas con patas.

Siempre supe que algo andaba mal con eso, que no era normal andar por la calle o en una discoteca y tener miedo de que en cualquier momento alguien te meta mano. Lo que me trajeron los 20s: descubrir la teoría de género, el patriarcado, que existen muchas formas de violencia, que con tetas no hay paraíso.

La violencia simbólica. Sujetos dominadores y sujetos dominados, estos últimos cómplices de la dominación por ignorar que existe o ser inconscientes de ella. El caso de muchas niñas, adolescentes y mujeres que viven toda su vida episodios de violencia que son naturalizados y aunque todas ellas no lean teorías y no se sientan feministas, siempre está ese extraño sentimiento de tener que bancarse cosas solo por ser mujer.

La mayoría de los varones que conozco detesta este tema, salvo honrosas excepciones, les querés hablar un poquito desde tu lugar y se vuelven locos: cuidado con la feminazi! Bueno, paciencia. Hoy un post feminazi, toda esa agresión al pedo que vivimos en lo cotidiano tiene efectos colaterales como los que describo. Después hay que andar el resto de la vida adulta tratando de reconciliarse con las tetas, que no tienen la culpa de nada.

Este post fue publicado el 07 de abril de 2016 en mi cuenta de Facebook.