013. Ropa

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“Recordó cómo de muchacho había exigido que las mujeres fueran sumisas, castas, perfumadas y exquisitamente ataviadas. «Ahora deberé padecer en carne propia esas exigencias», pensó, porque las mujeres no son (a juzgar por mí misma) naturalmente sumisas, castas, perfumadas y exquisitamente ataviadas. Sólo una disciplina aburridísima les otorga esas gracias, sin las cuales no pueden conocer ninguno de los goces de la vida».” Orlando: A biography. Virginia Woolf

Escribí algo como una autobiografía para una tarea de la escuela, recuerdo que había provocado muchas risas con algunas partes de esa autobiografía porque me concentré en explicar lo mucho que detestaba la poca libertad que tuve durante mi infancia para elegir qué ropa vestir.

Para ir a misa los domingos se me imponía usar un vestidito rosa, tenía otros vestidos pero no los podía usar porque estaban reservados a ocasiones especiales. De más está decir que había pocas ocasiones especiales, así que la mayor parte del tiempo tenía que lidiar con traer puesto el vestidito rosa.

Ese vestidito se me hizo eterno.

Hoy estábamos hablando con Teu sobre no recuerdo exactamente qué, pero surgió la cuestión de la ropa y de cómo durante nuestra niñez vestíamos con austeridad. Entonces mencioné que el abrigo beige que tenía puesto me lo habían comprado cuando tenía 14 años, de eso hace casi como 16 años, y que a mí las cosas siempre me duran una eternidad.

Encontré un par de fotos tomadas entre el 2004 y el 2010 con el abriguito puesto. De hecho, estoy segura de que cualquiera que me conoce desde el 2000 reconocería ese abriguito beige. No tengo idea de cómo pasé a convertirme de la niña que odiaba que le eligieran la ropa y que odiaba repetir tanto el vestidito rosa a ser la persona que es capaz de cuidar y usar un abriguito beige durante 16 años, entre otras prendas igualmente históricas (Evelin, nuestras camperas de jeans gemelas)

Bueno, creo que sí sé… sólo una disciplina aburridísima nos otorga esas gracias, ¿no? No tengo la disciplina necesaria. Yo soy como una especie de Andy Sachs y mi hermana menor es como mi Miranda Priestly, me critica mi sentido de la moda. A veces también mi mejor amigo hace las veces de Miranda Priestly, mientras escribo esto recuerdo lo mucho que se despachó contra una blusa verde que me gustaba usar y que también usé por varios años.

Estaba pensando finalmente que quizá no sea más que la forma de rebelarme que encontré después de la frustración post vestidito rosa. Y es así como el icónico abriguito beige me acompañó durante toda la década de los 20’s.