015. Amores ridículos

“De pronto, la relación entre ella y la historia en la que ahora ambos desempeñábamos un triste papel me parecía vaga, difusa, casual. De pronto comprendí que no fue más que una ilusión haber pensado que cabalgamos nosotros mismos en nuestras propias historias y que dirigimos su marcha; que en realidad es posible que no sean, en absoluto, nuestras historias, que es más probable que nos sean adjudicadas desde fuera; que no nos caracterizan; que no podemos responder de su extrañísima trayectoria; que nos raptan, dirigidas desde otra parte por fuerzas extrañas.” El libro de los amores ridículos. Milan Kundera.

Me preguntan hoy y les confieso que no entiendo la trayectoria de mis historias amorosas. Algunas con finales trágicos, otras con finales infelices, y muchas inconclusas. Cuando inevitablemente tengo que hacer un breve reporte de mi situación sentimental actual, yo digo: Y ahí, sabés luego… siempre jodiendo. (Nótese la necesidad de restarle importancia al asunto a través del gerundio de joder)

O de repente un: Y no estoy saliendo con nadie ahora, pero siempre hay alguna cosa rondando. (Nótese como me refiero hacia los potenciales sujetos amorosos: alguna cosa)

Ni que fuera un planeta y me gravitaran satélites alrededor. La verdad, pura y dura, es que estoy por cumplir 30 y cero gravitación gente. Pero es el tipo de respuestas que uno no dice, para no incomodar al interlocutor o por no dar lástima de uno, qué sé yo.

Los 20s fueron de amores intensos pero ridículos, ridículos mal. Muy pretenciosos pero que terminaron en nada. Algunos con bloqueo en Facebook, otros enviados al Triángulo de las Bermudas de las historias de amor, otros se convirtieron en amistad fraternal.

Lo que puedo rescatar es que cada persona me enseñó alguna cosa, de todos me llevo algo desde el que me hacía burbujitas de saliva y me enseñaba de matemáticas, el que me cuestionaba todo el tiempo mi catolicismo adolescente y puso en crisis mi manera de encarar el creer en algo, el que me enseñó a leer libros que pensé que no me gustarían y ver la historia de otra manera, el que me discutía a muerte y me decía que era demasiado terca, el que compartía postres conmigo, puedo entrar en muchos detalles así que mejor cortarla acá.

Gracias a todos esos amores ridículos soy un poco lo que soy ahora, cada historia que aparentemente no significó nada y que a veces me cuestioné, me llevo paso a paso hasta este lugar. Yo soy la que se dice a sí misma, no decretes al universo que te mande un chongo… decretá que vas a ser feliz Raquel, como sea. Porque ser feliz y hacer lo que te hace feliz te conecta con las personas adecuadas.

Todas las películas que ando viendo sobre el tema plantean la crisis de los 30s desde personas que se quedan solas justo antes de cumplir 30 y lloran, mal, todo mal. (Y me digo, mirá Raquel, por lo menos vos estás encarando este proceso sola desde hace rato, no es que súbditamente días antes de los 30 descubriste una guampeada, vé el lado lindo de las cosas) Hasta el momento solamente una reivindica la felicidad de estar vivo, con la edad que tengas, con quien te acompañe… como seas!

Bueno, y así… déjense amar loco, y amen más!

Este post fue publicado el 13 de abril de 2016 en mi cuenta de Facebook.