¡Mataron a un trabajador!

Mi nombre es María Esperanza Mena, tengo 60 años, soy de Lima. A Juan Coro lo conocí por intermedio de su hermana Charo, que cuidaba a mis hijos cuando yo trabajaba. Después él comenzó a visitarme y la cosa se dio. Nosotros nos fuimos a vivir juntos en el año 2006, cuando a mi hijo menor, que tenía seis años, lo operaron del apéndice.
Juan se vino a Chile en el 2012. Teníamos problemas económicos, nos habían cortado la luz y el agua, y esa fue la razón por la que viajó. A él le tomó dos años estabilizarse en Santiago. Su primer empleo fue de copero en un restaurante, pero como no le gustaba se metió a la construcción, porque él era maestro albañil.

Tres veces al mes hablábamos por videollamada. Nos decía que se sentía solo, que nos viniéramos para acá, pero el problema eran mis enfermedades. Tengo artritis reumatoide, artrosis, osteopenia y osteoporosis desde hace 20 años. Recuerdo que la primera vez que intentamos ir a Chile se me pegaron las dos piernas y me dieron por desahuciada. Luego, cuando me mejoré, me fracturé la cadera izquierda y en otra oportunidad, la derecha.
Así todo llegamos a Santiago el 22 de diciembre de 2016. Juan vivía en una pieza en Estación Central. Allí tenía guardado una serie de artefactos de casa que había comenzado a comprar desde que llegó a Chile: un microonda, una lavadora, ollas, teteras, lozas, zapatillas, ropa, adornos, cuadros y hasta un minigimnasio. Yo le decía: “algún día vamos a usarlo todo”; y él respondía: “cuando nos mudemos, viejita”.
Juan era divertido. Le gustaba bailar, cantar y hacer ejercicio. Fue un hombre sin vicios. Cocinaba, lavaba, hacía los quehaceres de la casa y trabajaba. Se preocupaba de todo y, más que nada, de mi salud. Me sacaba a pasear los sábados y los domingos me llevaba a la feria. Siempre me decía: “yo te voy a ver, yo te voy a cuidar”. Lamentablemente, no fue así.
El 22 de octubre, Juan salió de su trabajo en Pirque y en Puente Alto lo pilló una manifestación. Me hizo una videollamada y me dijo: “Mira cómo está todo este laberinto. Ahoritas voy a hablar con carabineros porque han cerrado todos los lados”. Yo veía una multitud intentando botar una baranda. Le dije que tuviera cuidado y que se tomara un taxi, pero no tenía dinero. Luego siguió caminando por una calle, mientras él me hablaba: “quieren tumbar una reja, los laberintosos”, decía.
Íbamos hablando cuando de pronto la llamada se cortó. Yo pensé que le habían robado el celular. Le volví a marcar y me contestó una mujer llorando. “Señora, ¿por qué llora?”, le pregunté. “Lo mataron, mataron a tu marido”, me respondió (Ver video). Me puse nerviosa y le dije que era un trabajador. Después llamé a mi hijo y nos fuimos al hospital Sotero del Río. Ahí nos enteramos que estaba muy grave, porque un comerciante le había disparado en la cabeza y la bala no había salido. El doctor me dijo que prácticamente no había ninguna esperanza y que si llegaba a vivir, quedaría vegetal. Muerto en vida prácticamente.
Esa misma noche apareció un video donde estaba tirado en la calle: se ve su tupper de comida, su ropa de trabajo, sus zapatos y su mochila. La gente y la prensa decía que era un saqueador, pero no era verdad, porque Juan venía de su trabajo. Esas cosas nunca le gustaron a él. A mis hijos les corregía que no fueran borrachos, que no fumaran, que no sean rateros, ni drogadictos. Con él llevaba 15 años y lo conozco muy bien. Quizás el hombre que le disparó, por limpiar su imagen, para no pagar nada, por zafarse de la responsabilidad, dijo eso. Pero él es el mayor culpable. Yo espero que se haga justicia. Ese hombre perdió el control de su cabeza. Imagínese, disparar así como si nada.
Conforme han ido pasando los días, a veces escucho su voz que me llama: “Ven acá”, me dice. A veces parece que me estuviera agarrando, acariciando. A veces tengo miedo, porque de tanto que escucho su voz pienso que me puedo volver loca, como mi mamá, que enloqueció cuando se murió su pareja. No sé, de repente Juan quiere descansar en paz y no puede.
Nota de la redacción: el 31 de octubre, Fabián Gutiérrez, el comerciante que le disparó a Juan Coro, fue formalizado en el Juzgado de Garantía de Puente Alto por el delito de homicidio y quedó en prisión preventiva en la Cárcel de Alta Seguridad. La fiscalía descartó la legítima defensa.

