La verdad enfática del gesto

Analizando la importancia de Bret Hart vs. Steve Austin en WrestleMania 13

Bret Hart vs. Steve Austin en Wrestlemania 13 es un combate especial. Puede que se haya ganado esta connotación al marcar el puntapié definitivo de la “Attitude Era” en la WWF (World Wrestling Federation, actual WWE). Pero como siempre, la nostalgia distorsiona los recuerdos; y esta época que algunos atesoramos con un cariño parcial en nuestras memorias, gracias a la distancia del tiempo descubrimos que no era tan genial como creíamos en la infancia. Pudimos revelar que más bien esta fase había sido un contenedor para tanta estupidez que enterró aún más al wrestling entre los recovecos de la televisión basura.

Puede que la lucha entre Hart y “Stone Cold” en Wrestlemania haya adquirido la categoría de “clásico” al ser el comienzo del meteórico ascenso de Austin en el mundo del wrestling, ese push que lo terminaría posicionando años más tarde como una de las figuras más grandes de la historia de este deporte-espectáculo. Y aunque hay algo de verdad en esto, desde mi punto de vista, este combate habría conquistado su espacio de importancia en la tradición de la lucha libre (y como no, en la historia de Wrestlemania), por una poderosa razón: esta lucha es una obra maestra es cuanto al storytelling sobre el ring. Lo cual se hace aún más impresionante cuando se considera que todo lo que querían contar este dos gladiadores en el combate, lo narraron sólo en base a su trabajo en el cuadrilátero, sin necesidad de entrevistas frente al micrófono, u otros ángulos o segmentos posteriores (aunque como antecedente se puede destacar la “rabieta” que tuvo Bret Hart en el Monday Night Raw previo a este Wrestlemania).

El doble turn, que tan afamado ha hecho a este combate dentro de la fanaticada “luchística”, se despliega sobre una premisa de dos caras: por un lado, se tiene a Steve Austin, quien a pesar de ser el “villano” para los ojos del público al comienzo de la lucha, demuestra que siempre será Stone Cold, y que siempre estará dispuesto a darte una paliza en cualquier momento y en cualquier lugar. Por otro lado se encuentra a Bret Hart, quien entra al ring como el héroe que había sido para todos en la WWF durante los años precedentes a esta edición de Wrestlemania; pero que sin embargo, ante la frustración que le provoca el combate acaba por envilecer su comportamiento y su actitud, al nivel de terminar siendo abucheado por los mismos fans que con anterioridad lo apoyaron.

Para conseguir este resultado en el combate, los luchadores no malgastan ni un gesto; y esto me lleva a lo que señalaba Roland Barthes en su radiografía respecto al wrestling (o Catch, como lo nombra el autor) presente en su obra “Mitologías”, quien escribía por allá en los cincuenta que cada signo en una lucha estaba dotado de una claridad total, ya que era necesario comprender todo lo que se quería decir sobre la marcha. Hart y Austin cumplen a cabalidad con lo que apunta Barthes; cada golpe, cada maniobra, cada llave o cada objeto utilizado en este combate están en función de narrar y conducir al mismo a un propósito final, que no es otro que el de establecer a Bret en el rol de heel (rudo) y a Stone Cold como el top face (técnico) de la compañía.

Es realmente brillante como ambos luchadores sólo con su trabajo sobre el ring (o con cada gesto o signo que utilizan, siguiendo con la conceptualización de Barthes), logran crear una historia inteligible tanto para la audiencia como para al público asistente en la arena. Y en esto radicaría el éxito del doble turn que se planteó como objetivo para este combate, demostrando el poder que puede llegar a tener el storytelling en la lucha libre, cuando este se le desarrolla de forma adecuada.

Otra faceta de la lucha que vale la pena destacar, y que se vincula con lo ya mencionado en los párrafos anteriores, tiene relación con el poder que puede llegar a tener una imagen. Es cosa de preguntarse si quien alguna vez no se ha encontrado con el rostro de Austin sangrante, mientras “The Hitman” le aplicaba su “Sharpshooter”, en algún vídeo de la WWE destinado a destacar sus “grandes momentos” en Wrestlemania. En esta ya icónica imagen se encuentra lo que Barthes indicaba respecto al wrestling como el único deporte capaz de ofrecer una imagen tan exterior de la tortura; Austin es capaz de hacer visible el sufrimiento en su rostro y en sus gestos. Pero por otra parte, este también logra por medio de esta imagen demostrar lo determinado que está a no rendirse, a seguir batallando hasta que su resistencia y su cuerpo no se lo permitan más. He ahí un gesto con el cual los aficionados podían empatizar, para finalmente validar a Austin como su representante, como el héroe que necesitaban.

De esta manera, para ir concluyendo, en lo personal creo que resulta imperioso resaltar el poder que tiene la imagen de un Steve Austin sangrante; o en términos más generales, destacar este combate que tuvo frente a Bret Hart, hace ya veinte años, en tiempos donde los “Wrestlemania Moments™” parecen manufacturados por una misma máquina industrial, que nos quiere imponer a la fuerza que recordar como “lo significativo” de cada gran evento. Porque ni la caída de un Shane McMahon desde la cima de una celda (en el contexto de un combate mediocrísimo), ni las fanfarrias que rodean las entradas de personajes como Triple H o The Rock van a tener el mismo impacto de “la verdad enfática del gesto en las grandes circunstancias de la vida”; epígrafe de Baudelaire puesta al comienzo del ensayo de Barthes, que creo que refleja muy bien la impresión que ha dejado una de las imágenes más icónicas de la carrera de Austin, y de la historia de Wrestlemania.