12 conceptos claves para comprender el cambio de paradigma en la industria editorial

En la edición 2017 de la Feria del Libro de Bologna sucedió un hecho que pasó bastante desapercibido pero que considero que es un fiel reflejo del momento actual que transita la industria editorial y su relación con las nuevas tecnologías. Toontastic 3D fue el producto que recibió el Bologna Ragazzi Digital Award, premio que se entrega desde el año 2012 en esta feria a la innovación en la literatura infantil. ¿Cuál es la particularidad de esta ocasión? ¿Por qué debería importarnos tanto?

En primer lugar, porque la empresa premiada detrás de este proyecto no es ni más ni menos que Google, con todo lo que ello significa. De alguna forma simboliza la ausencia que está dejando el sector editorial a la hora de pensar proyectos innovadores en torno a la lectura, y cómo este vacío comienza a ser completado por empresas que provienen de otros sectores. No solo es el caso de Google. Vemos emerger día a día decenas de emprendimientos tecnológicos en todo el mundo relacionados con la lectura en formato digital, que no parten de iniciativas del propio sector. El segundo aspecto es que se trata en realidad de una plataforma pensada para que los niños generen historias, y no una historia en sí misma. Diríamos, una plataforma de autopublicación infantil, en la era en la que la autopublicación se está consolidando como uno de los fenómenos más disruptivos en el ecosistema editorial (en muchos mercados ya representa al menos un quinto del negocio total). Y el tercer elemento es que el resultado final de las publicaciones que se generan con la plataforma son pequeños cortos animados en 3D, sin texto alguno, nada que parezca (a priori) más alejado de un libro infantil o de un producto editorial.

En este 2017 se cumplen 10 años del momento en que Amazon presentara la primera generación del Amazon Kindle, el dispositivo que de alguna forma oficializó la llegada del libro digital. Ese mismo 2007 tuvo además un anuncio que fue aún más importante y trascendental que el lanzamiento del Kindle, ya que vio emerger a la primera de las especies de los luego denominados “smartphones”: el iPhone.

Desde aquellos hitos tecnológicos, hace 10 años, hasta nuestros días, con el surgimiento de plataformas como Toontastic 3D o la maduración de WattPad, han transcurrido cambios tecnológicos que modificaron esta industria radicalmente (aunque muchos aún quieran negarlo). Pensemos que en realidad absolutamente todo alrededor de nuestra vida cambió: la manera en la que nos relacionamos y comunicamos con otras personas, la forma en la que viajamos, como accedemos a bienes y servicios. Y si hay algo que especialmente atravesó una brutal metamorfosis es la forma en la que producimos y consumimos contenidos. Centrándonos en la industria del libro, en la actualidad, cualquiera de nosotros puede publicar un libro a todas partes del mundo al instante, tanto en formato digital como en papel (bajo impresión por demanda) sin mayor esfuerzo que la propia producción del contenido, y sin necesidad de intermediario alguno. Y como lectores, podemos acceder a una cantidad y calidad de contenido inédita en la historia de la humanidad, desde un dispositivo portátil de apenas 5 pulgadas. Con una aplicación como eBook Search podemos acceder a más de 8 millones de libros que se encuentran publicados de manera gratuita en Amazon, Apple y Google Books. ¿Cuándo antes en la historia fue posible algo así? ¿Alguien podría suponer aún que estos hechos no tienen impacto alguno en el sector editorial?

Suelo pensar que somos privilegiados de vivir una época como la presente, la que podríamos clasificar como la era de oro para los autores y para los lectores. Pero que paradójicamente es una era muy incómoda para la industria editorial, la que se encuentra permanentemente teniendo que argumentar y defender su importancia, su rol y su necesidad de estar presentes a futuro (la mayoría de los coloquios y eventos de la industria en los últimos años tornan en relación a estos temas). Si tenemos hoy una sola certeza, es que en el contexto actual en el que nos encontramos, entremezclados en un escenario de tecnologías que se combinan y potencian, como la Big Data, la inteligencia artificial, o la robótica, resulta muy complejo predecir qué sucederá en un futuro, aún simplemente imaginándonos la industria de aca a solo 5 o 10 años. Pero de lo que estoy convencido es que esta industria será radicalmente diferente a la actual en poco tiempo más, y que en el mientras tanto estamos más que obligados a prepararnos para el cambio que viene. La postura de resistencia y negación que se continúa adoptando en gran parte del sector es, desde mi óptica, demasiado peligrosa. En esta dirección, el primer paso aconsejable es informarse e intentar comprender al menos acerca de cuáles son las variables que hoy entran en juego y componen el nuevo escenario. El primero de estos elementos que caracterizan sin dudas a nuestros tiempos es la sobreabundacia de contenidos. Nunca antes en la historia se produjeron tantos contenidos como ahora. Empezando por la propia industria editorial, que año a año publica más y más títulos (aunque con menores tiradas). Si en el año 1990 había registrados 800.000 ISBNs en el mundo, para el año 2012 tenemos ya 32.000.000 de libros registrados bajo ISBN, y esto tomando en cuenta que el ISBN todavía signifique algo (cerca del 40% de los libros que se venden en la actualidad en Amazon no tienen ISBN).

Cantidad de ISBNs registrados en iberoamérica, en El espacio iberoamericano del libro 2016, CERLALC.

Junto a esto, vemos también un fenómeno contemporáneo en muchos países de América Latina y en España, con el surgimiento de nuevas pequeñas editoriales. Y aparecen nuevos actores, como organismos y empresas, que no pertenecían a la industria, y que hoy también producen y publican contenidos.

En el informe de The Book Sector in Europe 2017 se muestra como, a pesar de que resulta difícil encontrar cifras económicas positivas en el sector, se aumento exponencialmente la cantidad de títulos publicados en los últimos 10 años en Europa http://www.fep-fee.eu/The-Federation-of-European-862

Finalmente los propios autores, que hoy bajo la forma de autopublicados generan contenidos y representan ya en muchos mercados un porcentaje de ventas más que significativo para el negocio editorial. En este contexto emerge una de las para mi grandes paradojas del sector editorial, reflejada en uno de los datos más escalofriantes de la industria editorial española (que seguramente se reitera en muchos otros mercados, pero que por la enorme falta de información que predomina, nunca podremos conocer con certeza): cada 24 hs se fabrican en España en promedio 621.000 ejemplares de libros en papel, y durante las mismas 24 horas, se venden 421.000. O sea, 70 millones de libros al año sin vender, que terminan luego en ventas de saldos o incinerados y vendidos como papel reciclado. Un artículo de opinión en el diario El Confidencial citaba “Los nazis no quemaron tantos libros como nosotros”. A riesgo de exagerar (o tal vez no, quién sabe), lo paradójico de todo esto es lo difícil que resulta por otro lado para un lector hacerse de un libro en la actualidad. Frente a la sobreimpresión aparentemente necesaria para el funcionamiento del sistema, nos encontramos que para un lector resulta un hazaña poder encontrar ese libro que está buscando si solo pasaron algunas semanas ya de su lanzamiento o no habita en un lugar cercano a su distribución. En el año 2017, en un universo como el actual, donde a nuestro alrededor existen plataformas como Netflix, Youtube, Spotify, Wikipedia, (por mencionar algunas), donde cualquiera tiene en sus manos un dispositivo que le permite transmitir video en vivo al instante a todas partes del mundo y con calidades similares a las de un estudio de televisión, ¿es posible que un lector no pueda acceder a un libro si no se da la casualidad que transita justo por enfrente de una librería que tiene un ejemplar de esa obra? ¿es posible que hoy podamos seguir hablando de conceptos tales como “libros agotados”? Año 2017, reitero.

Cada 24 hs se fabrican en España en promedio 621.000 ejemplares de libros en papel, y durante las mismas 24 horas, se venden 421.000. O sea, 70 millones de libros al año sin vender.

La industria editorial en su conjunto se encuentra con el desafío de enfrentar a los grandes dilemas de la actualidad, de reimaginar por completo su modelo económico, y de potenciarse con la tecnología como aliado. ¿Qué modelo de negocio debemos adoptar en el mundo digital? ¿Cómo hacer rentable nuestra empresa en un ecosistema donde el valor de los contenidos tiende a la gratuidad? Difícilmente encontremos una respuesta clara y definitiva que nos convenza, porque justamente de eso se tratan las transformaciones. La incertidumbre es el elemento característico del actual escenario, pero eso no debe llevarnos a la parálisis. Aún sin ideas claras y definidas, lo que sí podemos es comenzar a provocar ciertos cambios en nuestras propias organizaciones, que nos preparen mejor hacia el futuro, en base a los lineamientos que sí vemos con cierta precisión en la actualidad. Las 12 propuestas siguientes van en esa dirección, y buscan ayudar a elaborar una hoja de ruta, con una serie de ideas y conceptos que entiendo pilares para la transformación del sector y de cada editorial en forma individual.

1-El rol del editor

Lo primero es preguntarnos por cuál debería ser el rol del editor (y la industria en su conjunto) en este nuevo ecosistema. Es decir, qué rol debemos adoptar como empresas, como organizaciones, como profesionales. Si antes del arribo de las nuevas tecnologías, la función del editor estaba asociada con decidir qué se publica y qué no se publica, en la actualidad el editor ya no determina qué contenidos pueden o no llegar a manos de los lectores. Ya pierde autoridad en este sentido. Cualquier persona está en condiciones de publicar contenidos y que estos alcancen una gran audiencia. Pero no por ello el rol del editor deja de ser importante, todo lo contrario. En el escenario actual resulta imprescindible que un editor pueda seleccionar, distinguir y visibilizar a unos contenidos por sobre otros. Y poder desarrollar una de sus funciones fundamentales, la de conectar contenidos con lectores. El rol del editor entonces es mucho más relevante aún en tiempos como los que corren. Pero para cumplir con este nuevo rol también requiere necesariamente de aprender nuevas habilidades, de hacerse de nuevos recursos que la propia tecnología brinda. Entender entonces como los contenidos circulan en las redes, y repreguntarnos sobre nuestro aporte de valor en la cadena, es un primer paso que nos comienza a preparar al futuro que viene.

El editor ya no determina que contenidos pueden o no llegar a las manos de los lectores. Pero puede cumplir un rol aún más importante al seleccionar, distinguir y visibilizar unos contenidos sobre otros.

2-El usuario en el centro de la escena

El siguiente punto que debemos analizar y comprender es cómo las tecnologías empoderan fuertemente al lector, que más que un lector es un usuario cuando hacemos referencia al escenario digital. Es un usuario que no solo consume los contenidos, sino que se los apropia, los comparte, genera nuevos a partir de los leídos (nada más representativo de esto que las fanfiction). Como hecho inédito también en la historia, hoy tenemos la posibilidad de “escuchar” a los lectores, de saber que les genera el contenido que hemos publicado, y de ver qué hacen con este contenido. Previo a la llegada de las nuevas tecnologías, lo único que podíamos saber es si un libro se vendía o no se vendía (y a veces, ni siquiera esto). Y aunque quisiéramos, la industria no disponía de herramientas que le permitieran saber mucho más al respecto. ¿Se leen nuestros contenidos? ¿Qué hace el lector luego de leerlos? ¿Los comparte? ¿Los critica? Hoy tenemos a nuestro alcance invaluable información sobre como los contenidos circulan y son consumidos. Cómo se buscan en Google (con Google Trends, trends.google.com), o cómo se componen los segmentos sociales en Facebook por ejemplo (con Facebook Audience Insights, www.facebook.com/ads/audience_insights) y herramientas que nos permiten de manera casi gratuita elaborar un preciso y completo estudio de mercado. Un gran ejemplo de esta lógica de pensamiento es la plataforma Hooked. ¿Quién hubiera imaginado que era posible que más de 10 millones de adolescentes lean literatura en un smartphone? Este es el gran logro de esta plataforma. Pero lo más interesante es cómo alcanzó este resultado. El camino fue el de comenzar con pequeñas pruebas experimentales de contenidos, y aprovechar Facebook para testear idea piloto con el público objetivo. ¿Le interesan leer historias a los adolescentes en un smartphone? Esa fue la primera prueba. ¿En qué formato? ¿Cómo serie de contenidos? ¿De manera fragmentada? Y así, prueba a prueba, la empresa fue avanzando hasta llegar al resultado final: una plataforma que publica historias en forma de mensajes de texto (simil WhatsApp).

Amazon por ejemplo también ha decidido explorar este formato con Amazon Rapids (rapids.amazon.com). ¿No nos parece interesante como producto? ¿Está muy alejado de lo que consideramos que es un “libro”? ¿No nos parece que sea un tipo de producto que tiene que elaborar un editor? Bueno, se sumará a la lista de interrogantes que también deberemos responder para entender qué rol buscaremos ocupar en el futuro como industria.

Hoy un lector más que un lector es un usuario que no solo consume los contenidos, sino que se los apropia, los comparte, genera nuevos a partir de los leídos.

3-Multiformato, multicanal, multidispositivo

Un aspecto pilar en nuestros tiempos es poder tener la capacidad de producir contenidos en muy diferentes formatos (como imagen, audio, video, animación, etc.), para muy diversos canales y dispositivos. Aunque no tengamos del todo claro hoy cuál será nuestro modelo de negocio en digital, poder comenzar a producir este tipo de contenidos es comenzar a prepararnos. Aún aunque estos contenidos circulen poco y nada, aún cuando no tengamos del todo claro para qué lo hacemos. Pensemos una historia, tomemos un libro, y comencemos a producir diferentes formatos de contenidos en relación a ese contenido original. En general, los profesionales del sector están muy lejos de saber cómo se producen contenidos que no sean estáticos, y de ahí la importancia de comenzar a aceitar estos procesos de producción. Si producimos contenidos infantiles, ¿cómo sería esa historia si fuera animada?. Si producimos contenidos didácticos, ¿no podemos generar recursos interactivos para evaluar el aprendizaje?. Si producimos novelas de ficción, ¿qué tal empezar con audiolibros o formatos en video basados en esa historia original?

Empezar a ejercitar la producción de estos contenidos, y no quedarse esperando que alguien nos cuente que es negocio para hacerlo. Y usar la imaginación para hacer circular nuestros contenidos en muy diversos canales, donde creamos que nuestros lectores pueden estar. El caso del autor Hernan Casciari es un ejemplo de seguir esta estrategia, publicando todos sus cuentos en formato de audiolibros dentro de Spotify, una plataforma que en principio no está pensada para la distribución de cuentos o historias. Pero, en todo caso debemos preguntarnos, ¿dónde habitan nuestros lectores? La respuesta no siempre será “en una librería”, (y mucho menos en el mundo digital).

¿Dónde habitan nuestros lectores? La respuesta no siempre será “en una librería”.

4-Atomizados y personalizados

Una de las primeras cosas que suceden con el universo digital es que los mercados se atomizan, y la demanda de parte de los usuarios de una mayor personalización se acrecienta. Lo vemos en la industria tradicional del libro a diario: cada vez más títulos con tiradas más reducidas. Es por eso que debemos generar la dinámica interna para comenzar a pensar en una mayor fragmentación del contenido que habitualmente producimos. Y dejar de pensar que nuestra unidad de producción son los “libros”. Lo que producimos son contenidos, que deben poder adaptarse y distribuirse en múltiples formas. Y esto puede darse en cualquier segmento editorial. Podemos trabajar una ficción y distribuirla en capítulos, o un contenido de no ficción en ejes temáticos. El ejemplo destacado, a pesar de ser uno de los más antiguos, es la Wikipedia. La Wikipedia no se puede siquiera pensar hoy como una obra en su totalidad. Ni tiene sentido hacerlo. Es prácticamente inabarcable. Lo valioso de la Wikipedia es poder dar una respuesta específica a la necesidad puntual que tenemos. Y nuevamente, aunque no tengamos claro aún cuál será nuestro modelo de negocio, comenzar a trabajar en esta dirección es un sano ejercicio. Empezar por conservar todos los contenidos que producimos en formatos abiertos, maleables (y no solo en el formato PDF que se envió a imprenta) es un primer gran paso. Y trabajar en una estructura de etiquetas que ayude a organizar la información que se produce sería otra gran recomendación. Esta fragmentación del contenido, permitirá luego pensar diferentes estrategias de personalización. En ocasiones, esta personalización estará dada por satisfacer una demanda específica. En otras, hacernos participe de la propia historia.

Dejar de pensar que nuestra unidad de producción son los “libros”. Lo que producimos son contenidos, que deben poder adaptarse y distribuirse en múltiples formas.

Si hablamos de personalización, difícil no pensar en Lost My Name, la editorial británica que ya lleva más de 2 millones de ejemplares (en papel) vendidos en 160 países, a partir de cuentos infantiles con historias adaptadas a los nombres y lugares geográficos de los lectores. También podemos referir a Fiction Express (schools.fictionexpress.co.uk), el proyecto ingles que fue adquirido hace poco tiempo por la empresa española Boolino, y que propone historias juveniles por entregas donde son los propios lectores quienes van decidiendo como avanza la historia semana a semana.

5-La mejor forma de publicar un contenido

Las nuevas herramientas tecnológicas nos permiten reflexionar sobre cuál es la mejor forma de contar un contenido. En algunos casos, el mejor formato será el texto. Pero en otros descubriremos que es un video. O tal vez una infografía interactiva. En ocasiones, un mapa en Google Maps será mejor. ¿Alcanzan dos páginas de un libro para describir cómo es la vida en una favela en Rio de Janeiro? ¿O será mejor poderla recorrer en realidad virtual?

Lo que debemos preguntarnos como editores es si el texto (la palabra escrita) es aún el mejor formato para ese tipo de contenido que como editores queremos publicar. En muchos casos nos encontraremos aún con una respuesta positiva. Pero en otros no. Y ahí deberemos cuestionarnos si estamos en condiciones y nos interesa generar otro tipo de formatos de contenidos. En caso que la respuesta sea negativa, bien deberemos pensar qué valor puede aportar nuestro contenido, aún siga siendo en formato impreso, frente a esta multiplicidad de formatos contra los que competimos. Pensemos por ejemplo en una guía turística impresa de una ciudad. Frente al servicio que las guías turísticas interactivas en formato de aplicación móvil, o el propio Google Maps le ofrecen a un turista, ¿qué valor tiene hoy una guía turística en papel? No digo que deban dejar de producirse, pero ¿puede seguir pensándose de la misma forma?

6-De una lógica de producto a una lógica de servicio

Este es tal vez uno de los cambios más profundos. Lo digital, por su propia naturaleza, es servicio. Internet es servicio. AirBnB, Netflix, Spotify, Amazon, Facebook son servicios. La lógica de servicio se adecua mejor a este nuevo mundo. Y nada más alejado, en principio, que la lógica de producción fabril que domina y arrastra históricamente la industria editorial. Quienes (en ocasiones al menos) han entendido mejor este cambio son los periódicos. Ya no se trata de producir ejemplares de un periódico todos los días. Se trata de informar, por diferentes medios, canales y con distintos recursos. Y ese sentido la dinámica es radicalmente diferente. En el mundo físico, lo que importa es vender ejemplares. En el mundo digital, importa menos las visitas, el acceso al diario, que el tiempo que permanecen los usuarios leyendo nuestros contenidos y cómo se relacionan con ellos. La economía es completamente diferente. Y por lo tanto el modelo de negocio no puede ser el mismo. Entonces, el interrogante que deberíamos intentar responder es: ¿qué servicio brindamos hoy? ¿entretenimiento? ¿difusión de ideas o conocimiento? ¿formación? Detrás de cualquier proyecto editorial hay un servicio que se satisface.

No basta con saber si un contenido fue o no vendido: preguntarnos por si el lector ha leído la obra o no, qué opinión le ha merecido, y qué otros contenidos ha generado a partir de su lectura, forman parte de este cambio profundo de paradigma

Es habitual ver cómo esta lógica fabril se traslada en las editoriales aún en el desarrollo de “productos” digitales. Pensemos por ejemplo lo que sucede con una editorial escolar que desarrolla una plataforma digital para el aula. En muchos casos, estos proyectos son presentados en el comienzo de las clases (como si se lanzara una nueva colección de libros). Pero luego, durante el año, no hay casi seguimiento de lo que ocurre con ese sistema: no se actualiza, no se mejora, no se está cerca de los usuarios para entender cómo lo están o no usando, etc. La lógica digital demanda que, cuando algo está publicado, ese algo requiere una atención y un seguimiento permanente. La dinámica digital implica, aún en la venta de libros en papel, dar un servicio. No basta con saber si un contenido fue o no vendido: preguntarnos por si el lector ha leído la obra o no, qué opinión le ha merecido, y qué otros contenidos ha generado a partir de su lectura, forman parte de este cambio profundo de paradigma. ¿Nos parece difícil pensar en adaptar nuestra industria a una lógica de servicio? Veamos entonces a la industria automotriz, sin dudas la más fabril de todas, que ya lo está haciendo (con Bluemove y otros servicios similares).

7-Los lectores en el centro del modelo de negocio

Suelo debatir con los editores acerca de cuál debería ser el modelo de negocio para su editorial en los próximos 5 o 10 años. Aunque no es fácil dar una respuesta, estoy convencido que llegaremos a ella a través de los lectores. Históricamente son pocas las editoriales que han establecido un vínculo directo con sus lectores. En la mayoría de los casos, la intermediación con las librerías, ha hecho que las editoriales no lo hayan establecido. Con vínculo, me refiero específicamente a poder tener una base de contactos con los datos de sus actuales y potenciales lectores. La editorial que hoy posee esta información, en contraste con quien no la tenga, se encuentra a un paso más cerca de pensar en un modelo de negocio digital. El capital económico de una editorial, está compuesto cada vez más no solo por su catálogo de títulos y autores, sino por la comunidad de lectores a la que llegan sus contenidos. Y en esta dirección parece increíble que, en el general, las editoriales hagan tan poco esfuerzo por hacerse de una relación más directa y fluida con sus lectores. El ejemplo más claro es lo que vemos a diario en las ferias del libro, donde transitan decenas de miles de lectores por nuestros espacios, y hasta compran nuestros libros, pero luego no tenemos forma alguna de contactarnos con ellos. Articular estrategias en este sentido es un aspecto vital para el desarrollo del negocio en la actualidad.

8-Publicar menos, escuchar más

Como mencione anteriormente, estamos en una época inédita en la historia, con la posibilidad de poder escuchar a nuestros lectores, y conocer qué dicen sobre nosotros, nuestros autores, nuestros contenidos. La era digital nos exige pensar, diagramar y focalizar muchos más recursos y energía en una estrategia de marketing y comunicación, que en una estrategia de producción de contenidos. Contenidos es lo que sobran en estos tiempos. Lo que necesitamos es que estos se conecten con los lectores. La lógica que prima habitualmente en las editoriales es la de la producción, pero pocas veces se articulan estrategias claras y definidas para mejorar la visibilidad de una obra. Si “escuchamos” cualquier red social, todos los días (sin exagerar) encontraremos que cientos de personas se están preguntando “¿qué libro me recomiendan para leer?”.

Y llama la atención que en ese diálogo no participen los editores. Los muros de Facebook de las editoriales son fiel reflejo de esta dinámica. Las editoriales comunican ahí sus nuevos títulos, los eventos en los que participan, los actos de presentaciones de sus autores. Publican, publican y publican. Ahora bien, ¿esto es lo que les interesa a sus lectores o potenciales lectores? Si Facebook es parte de nuestra estrategia de marketing y comunicación, ¿cómo podemos hacer para atraer a los lectores que podrían estar luego interesados en adquirir nuestros contenidos? Respondiendo a esta pregunta, habremos dado el primer paso en la elaboración de una estrategia de marketing digital, esencial si pretendemos que el negocio editorial crezca (ya sea en formato digital como papel).

La era digital nos exige pensar, diagramar y focalizar muchos más recursos y energía en una estrategia de marketing y comunicación, que en una estrategia de producción de contenidos.

9-El aprendizaje como flujo permanente

Hay una mecánica de trabajo que suele funcionar muy bien en empresas de tecnología. Se trata de pensar ideas, y al momento de plasmarlas, buscar la forma de hacerlas con el menor esfuerzo posible, medir el resultado, aprender, y volver a intentar. Veamos cómo se aplicaría esto, por ejemplo a una campaña de marketing digital. Supongamos que es la primera vez que vamos a hacer una campaña digital. Podemos partir de una muy pequeña campaña en Facebook, invertir no más de 20 euros, definir algunas variables, y ver qué respuesta tenemos. Y a partir de ahí ajustar, y volver a probar. ¿Sería posible hacer algo así en una campaña de comunicación por medios tradicionales (radio, gráfica o televisión)? En lo digital, no hace falta pensar en grandes inversiones y grandes desarrollos. Y contamos con una ventaja única: la posibilidad de medirlo todo con suma precisión.

10-El contenido independiente del formato

Siguiendo con la lógica multiformato y multidispositivo a la que hacía referencia antes, todo nos lleva a pensar que el contenido debe ser cada vez más independiente de su formato, aunque aún no tengamos claro cuál sea el formato “definitivo” (nada es definitivo en estos tiempos) que adoptará nuestro contenido en canales digitales. Todo dependerá del tipo de contenido editorial y del volumen de contenido que produzcamos año a año. Pero una lógica que empieza a estar presente y debemos contemplar de cerca es lo que se denomina flujos de producción XML. Generalmente soportados en algún software o herramienta, estos flujos permiten pensar desde cero la lógica de contenidos independiente de su formato de salida. Es decir, atravesar todo el proceso de redacción y edición de un contenido, que luego podrá ser publicado en papel o digital en simultáneo (en múltiples canales o soportes), sin necesidad de una reconversión adicional.

11-Estructuras predispuestas al cambio

En este contexto, tal vez el mayor desafío sea preparar a nuestro equipo editorial para que esté predispuesto al cambio permanente. Porque el cambio no es un punto de destino claro al que tenemos que llegar, sino que es una lógica de funcionamiento en lo digital. La era actual nos llevará por una senda que nos obliga a estar cambiando todo el tiempo el rumbo, y lo que debemos pensar en todo caso es cómo lograr un equipo editorial con un funcionamiento que sea permeable a esta lógica. En cada punto donde veamos una traba o un freno, debemos pensar porque ocurre eso y si no podríamos resolverlo de otra manera.

El cambio no es un punto de destino claro al que tenemos que llegar, sino que es una lógica de funcionamiento en lo digital.

Por ejemplo, supongamos que un hecho periodístico despierta interés sobre una de nuestras obras. ¿Cuánto esfuerzo nos lleva generar un cambio en nuestra web que destaque la obra en cuestión?. Ahora bien, si para esto debemos consultar y pedir autorización a 5 personas, y este cambio demandará más de dos semanas, entonces estamos en un problema. Y este ejemplo lo podemos trasladar al espacio que quieran: qué tan difícil es en la organización actual de nuestra editorial, poder poner en práctica una idea que tengamos, de manera rápida y sencilla.

12-Relacionarse con otras industrias

La última de las recomendaciones para pensarse como industria de cara al futuro, es abrir el diálogo con actores de otras industrias culturales. El mundo de la música, el cine y los videojuegos, han atravesado ya muchos de los cambios que aún están en su fase más reciente en el mundo editorial. Problemas como la piratería, las formas de distribución de los contenidos digitales, los modelos de negocio, son materia de diálogo habitual en estos sectores, que han sabido madurar y encontrar en muchos lugares respuestas muy sabias y positivas. El sector editorial suele escucharse mucho a sí mismo, pero hay muy pocas experiencias de diálogos hacia otros sectores, ya sea en forma gremial/sectorial, ya sea en forma individual. Estoy seguro que pocas cosas nos ayudarán más a pensar las cosas de un modo diferente que una charla de café con un director de un estudio de videojuego.

Pocas cosas nos ayudarán más a pensar las cosas de un modo diferente que una charla de café con un director de un estudio de videojuego.

Este artículo fue publicado en la revista Texturas, en la edición número 34. Ha sido un honor realmente formar parte de esta revista, que ayuda a pensar y reflexionar sobre la industria editorial, y recomiendo a toda persona del sector suscribirse, ya sea en formato físico o digital.