Todo lo que digo incluso cuando no quiero — Teoría de la mente

¿Qué es aquello que mostramos cuando no nos estamos comunicando voluntariamente? Y, ¿qué entendemos de aquellos que las/os demás hacen sin intención comunicativa?

Con esa pregunta abro este post, en el que voy a hablar y abrir debate sobre qué pasa con esos movimientos, gestos, acciones, que realizamos en nuestro día a día sin ningún tipo de intención activa de comunicarnos. Al fin y al cabo, cuando comenzamos una conversación o cuando, por el contrario, no queremos hablar con alguien, estamos creando de forma voluntaria una situación comunicativa, ya sea porque sí queremos la interacción o porque no la queremos, pero la otra persona recibe un mensaje que le ha sido mandado adrede.

Mi idea para esta publicación va justo por el lado contrario: ¿qué pasa con todo aquello que mostramos y que el entorno entiende, aunque no lo estemos haciendo a propósito?

En Psicología existe la llamada cognición social, aquel conjunto de procesos que nos permiten interpretar, analizar y predecir lo que sucede en nuestro entorno y en relación con nuestras interacciones sociales. Más concretamente, dentro de ésta encontramos la teoría de la mente, que explica cómo somos capaces de atribuir pensamientos e intenciones a las/os demás. En su conjunto, todo esto es lo que nos permite saber que cuando una persona se está acercando a la máquina de café es porque quiere un café y no un helado, o que, si alguien se encuentra delante de la puerta de una casa y va a meter la mano en el bolso, esta persona buscará las llaves y no estará moviendo la mano por gusto.

¿Por qué pensamos que quien va hacia la máquina quiere un café y no un helado?¿Y por qué no podría querer un helado?

Por un lado, la primera vez que me explicaron esto en clase y después de estar leyendo previamente a publicar este post, toda esta realidad que os he comentado me pareció muy obvia y muy simple. ¿Por qué debería pensar que esa persona quiere un helado cuando está yendo hacia la máquina de café? Por otro lado, si nos detenemos a analizarlo bien, me parece mucho más complejo e interesante. Vamos a plantear la pregunta del revés: ¿por qué no debería pensar que quiere un helado? No hay nada que esa persona desconocida haya expresado de forma directa y obvia que me indique si lo que quiere es un café o un helado (o cualquier otra cosa). Aun así, somos capaces de interpretar esos diez pasos hacia la máquina, o incluso el estar orientado y mirando hacia allá, y predecir que quiere un café y se lo va a comprar.

El ejemplo que he puesto es muy simple, pero al fin y al cabo esta capacidad nos permite organizarnos y entender el mundo que nos rodea. Además, creo que esto puede ir muy relacionado con el post que leí el otro día de una compañera, ella nos hablaba de las etiquetas sociales y de la categorización. Yo le respondí que considero que tienen un componente muy positivo que es, de hecho, la razón por la que las hemos desarrollado: nos facilitan la vida. Obviamente, pueden ser erróneas y habrá situaciones en las que dificulten la situación en lugar de agilizarla, pero creo que algo similar pasa con esta capacidad que tenemos de ‘leer la mente’ y predecir qué van a hacer las/os demás. Puede ser que esa persona no quisiera un café de la máquina, sino un chocolate; y que aquel que llora al salir de un examen lo haga porque ha fallecido un familiar y no porque le ha salido mal el examen. Obviamente. Pero aun así, en el grueso de nuestro día a día, el ser capaces de anticipar qué va a suceder a nuestro alrededor sin tener que esperar a que pase simplifica y agiliza la vida.

Como conclusión a este post voy a volver un poco a la idea del principio: las personas estamos enviando mensajes sobre aquello que vamos a hacer constantemente y de forma no necesariamente voluntaria; asimismo, ante ello, el resto es capaz de interpretarlo y, así, entender qué pretendemos hacer. La pregunta que os planteo es: ¿podemos dejar de interactuar de forma voluntaria?

Mi respuesta es no, yo creo que podemos dejar de hablar (cortar el lenguaje verbal) y podemos dejar de establecer contacto físico o visual (lenguaje no verbal), pero incluso así, el resto de la sociedad recibe el mensaje de que no se quiere establecer contacto, siendo eso una forma de interacción, ¿no?

¿Qué pensáis?

Os dejo un vídeo en el que se muestra la Tarea de Sally y Ana, una prueba que supongo que todas/os conoceréis, y que muestra muy claramente la idea que he desarrollado en el post y cómo en niñas y niños pequeños no se desarrolla hasta los cuatro años de vida aproximadamente.